Los narcotizantes del siglo del apogeo de la revolución digital se llevan en una mano, pero a diferencia de las sustancias o de un arma, no se esconden, sino que más bien se muestran.
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Débora Blanca
Pocos meses después del Mundial de Qatar comenzaron a llegar a consulta por ludopatía muchas personas. Varones, jóvenes, con deudas de juego (que siguen pagando) y sin poder disfrutar de un partido sin apuestas mediante. Se viene el nuevo Mundial ¿podremos hacer algo para que no ocurra lo mismo?
Quiero escuchar a las mujeres, necesito escucharlas. Quiero escuchar a las mujeres de Estados Unidos, pais gobernado por un patito feo que, evidentemente, no tuvo una mamá amorosa. Quiero escucharlas a ellas ¿qué piensan?
Un paciente hoy me decía que los psicólogos estamos equivocados cuando decimos que sentir culpa es malo.
Algunos días atrás di una charla sobre la vida digital y sus ribetes de riesgo. Hablamos de los chicos pero sobre todo de los grandes.
Chicos drogados de Tik Tok, de Instagram, de sueño e insomnio, de comida chatarra, de sedentarismo, de imperativo de ser millonarios pasado mañana, de filtros para ponerse ojos verdes, de virtualidad distorsionante del propio cuerpo, de la necesidad de seguidores que, en su incremento cargado de entusiasmo y euforia, terminan anulando a los amigos de siempre.
Comienza siendo búsqueda de compañía, de presencia para personas que se sienten solas. ¿Y qué sucede? Bueno, sucede que pueden dialogar durante horas, que encuentran algo disponible siempre, que luego de preguntar "¿cómo te sentís?" les dicen que están ahí para ellos, con atención, cariño y sin juicios.
Influencers eufóricos, mostrando brillos, vociferando que son ganadores, que todos pueden serlo porque es facilísimo, y sólo los giles perdedores que creen en el esfuerzo, en lo que lleva tiempo, no se avivaron.
Muchos chicos que apostaban usando la tarjeta de crédito de la madre (extensión, miren que palabrita...) y perdieron, no consideran que eso es una deuda. Es más, muchos padres tampoco lo ven como una deuda del hijo. ¿Qué nos está pasando? ¡No confundamos a nuestros chicos!
El juego online muestra situaciones más complejas que el juego presencial, pero también está funcionando como un espejo que nos interpela.