¿La culpa es mala?
Un paciente hoy me decía que los psicólogos estamos equivocados cuando decimos que sentir culpa es malo.
Lo que surgió es que por supuesto que la culpa no es algo malo, de hecho mucho peor es su ausencia, como sucede con los canallas.
El problema no consiste en la presencia del sentimiento de culpa sino, como en tantas cuestiones de la vida, en su dosis.
Cuando el deseo de alguien queda bajo capas y capas de culpa, lo que los psicólogos hacemos (o intentamos) es trabajar en la elaboración de esas capas para que vayan disminuyendo, adelgazando, y así al deseo le cueste mucho menos hacerse ver, hacerse oír. Porque si la persona logra, y siempre es algo a lograr, ser leal a su deseo, estará mucho más contenta con su vida.
Pero volvamos a la culpa; ella tuvo un lugar protagónico hasta hace algunas décadas, y entre sus funciones estaba la de obligar a las personas a hacer algunas cosas por los otros, más que por ellas mismas.
¿Y qué sucede ahora? Pues bien, con la llegada del algoritmo y la vida a la carta las subjetividades muestran nuevos formatos atravesados por lo inmediato, el rechazo de la pérdida, y el imperativo de ser libres.
"Tenés que ser libre" nos dicen de todos lados y todas las formas. "No te ates a nada ni a nadie", "Más vale solo que acompañado", "Pensá muy, pero muy bien, si querés tener hijos porque la vida cambia para siempre", "Y bueno, algo habrá hecho mal para estar en esa situación", "Invertí en la Bolsa y a los 40 años no trabajás más", "Cada uno es libre de decir lo que quiera, la culpa es tuya por escucharlo", "Cada uno elige si quiere vacunarse o no", "Mi hijo está en primer grado y falta bastante porque no quiere levantarse".
La obligación de ser libres, así como que los demás lo sean, nos confunde y, lo que es peor, nos aísla, rompe los lazos. Porque cuando la culpa estaba más habilitada, nos vinculábamos, renunciábamos a algunas cosas, cediamos un poco, sabíamos que lo imposible formaba parte del menú de la existencia (y eso no nos transformaba en perdedores), y, sobre todo, los otros tenían consistencia en nuestras decisiones.
Desde que la culpa tiene mala prensa y nos empujan a la libertad desenlazada de los otros (ojo, en el medio nos enchufan la palabra"empatía ") los vínculos se tornaron complejos, más específicamente, el sostenimiento de los vínculos.
El exceso de culpa muestra puntos de insensatez, su déficit muestra la farsa de nuestro siglo: el ombliguismo a ultranza.
La vida viene con espinas, la pretensión de lo contrario es lo que mata a la vida.
Dejá tu comentario