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Venezuela está lejos

Horas y horas preocupándonos lo que pasa en la otra punta del continente. Pero pongamos el énfasis en los peligros que tenemos acá cerca.

Venezuela nunca ha sido un espejo en el que mirarse. No hay comparación con Argentina. Es una pantalla que sí podemos observar, porque debemos condenar y solidarizarnos con su pueblo ante situaciones que atentan contra la dignidad humana de los venezolanos. Pero es una pantalla pequeña, teniendo ante nuestros ojos realidades mucho más dificultosas en nuestro país.

Venezuela está lejos geográficamente, y también lejos de nuestra realidad. Más allá de una importancia diplomática, tenemos realidades más duras que atender en Argentina, que pasan básicamente por el comer y el vivir, en todas sus aristas.

Horas de televisión y hojas de diario –más bien, páginas en internet- se acumulan hablando de las últimas posturas del Gobierno sobre las problemáticas de Venezuela. ¿Pero cuánto mencionan nuestras crisis y cuánto hacen los medios, la opinión pública y la política esencialmente en superarlas?

Cuando se habla de crisis propias, deben ser totalmente concretas, no una presunta disputa de poder, en medio de este caos, por el traslado de tres jueces a los puestos que no tenían que haber dejado. Basta de gastar energía y tiempo en eso.

Argentina tiene graves crisis, todas en simultáneo y casi sin posibilidad de jerarquizarlas por importancia, por lo que requiere de un trabajo inmediato. En lo económico, con una industria trabajando a media máquina y una inflación que crece a distinto ritmo que los salarios. En lo social, con una pobreza que alcanza a uno de cada dos argentinos y un desempleo que golpea con la misma contundencia.

Y no podemos olvidar otras tantas: la ambiental, con la desidia a los espacios verdes, tanto por los incendios como los grandes proyectos inmobiliarios; la habitacional, que convive en medio de la toma de terrenos, en la que se no se puede negar que también está presente el delito; o la más impensada de todas, la sanitaria, que parece hoy dejada de lado por la opinión pública –tan centralizada- porque en las últimas semanas golpea más a las ciudades del interior que al tan mencionado AMBA.

Buscar soluciones necesita de un acuerdo multisectorial, dejando de lado intereses mezquinos para aportar una respuesta lo más rápido posible. Pero seguimos errándole al foco. ¿Es mucho pedir?

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