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Estamos ganando (si ignoramos a las villas)

La situación del coronavirus es diferente depende en qué barrio vivas.

Que en la ciudad de Buenos Aires conviven varias realidades socioeconómicas distintas no es ninguna novedad. La misma situación se repite en el conurbano bonaerense, y se potencia aún más por ser un territorio muy heterogéneo y amplio. La llegada del coronavirus al país solo hizo exponer las posibilidades y las miserias de unos y otros.

Como en una cascada, la atención por el brote del covid-19 primero se situó sobre los turistas internacionales y sobre aquellos argentinos que tuvieron la posibilidad de viajar al exterior. Luego, la mira estuvo puesta en la inevitable circulación comunitaria, en un territorio, el del AMBA, en el que millones de personas traspasan la frontera ciudad-conurbano.

Por último, nuevamente relegada, quedó la situación de las villas de emergencia, donde es imposible respetar las normas de cuarentena  que impone el Gobierno desde hace más de 50 días, en un contexto de total desamparo y hacinamiento.

Cientos de trabajadores de los barrios más humildes, los que viven del día a día, no pueden respetar el aislamiento porque sino no comen. Muchos habrán quedado sin trabajo y deben igual salir a la calle para realizar alguna que otra changuita mínima. En las casas no hay lugar para tantas personas, de todas las edades posibles. Las cosas se complican aún más si no tienen acceso a un bien esencial como es el agua, tanto para tomar como para higienizarse.

Así, por estos días, las calles de la Ciudad muestran dos realidades distintas: mientras unos chicos se pasean felices por primera vez luego de estar varios días encerrados, otros nunca han sabido lo que es quedarse un día completo en casa y estuvieron haciendo largas filas para recibir una comida del merendero.

Si nos quedamos con la primera imagen, parece que la situación del coronavirus está parcialmente controlada y que la ciudad y el conurbano bonaerense van a poder pasar en los próximos días a una siguiente fase de la cuarentena, con ciertas flexibilizaciones que ya se disfrutan en otras provincias con pocos casos confirmados de covid-19 o que directamente no han conocido contagiados en sus territorios.

Pero es la segunda imagen la que debería preocuparnos: los reportes diarios de la Ciudad informan que día a día la cifra de infectados en las villas de emergencia son las que terminan elevando la cantidad de casos en el país. Y en algunos casos, como en el informe del viernes, mostraron que el número de contagiados en los barrios más vulnerables es más de la mitad de los que se registraron en la Capital Federal en las 24 horas anteriores.

Del conurbano bonaerense ni siquiera tenemos estadísticas porque el Gobierno provincial decidió no presentar día a día un reporte que especifique en qué regiones se sitúan los casos que se van conociendo. Así, el casi centenar de contagiados que se informa a diario parece un número muy bajo con respecto a la cantidad de intendencias que tiene Buenos Aires.  

Hasta el sábado, la cantidad de casos confirmados de covid-19 en las villas era de 1088, poco menos de un tercio del total registrado en la Ciudad desde el inicio de la pandemia. En los últimos días, las cifras aumentaron. Es que se acordaron de testear masivamente y controlar puerta a puerta a los vecinos, muchos de los cuales se habrán contagiado hace varios días y entraron en contacto con muchas personas sin tomar mayores recaudos de los que ya realizan.

En el GBA la situación es más complicada, porque no se cuenta con la suficiente estadística. Al menos de manera pública. Desde el Gobierno aseguran que los testeos también se hacen en las villas del conurbano, por lo que es esperable que la cifra total se incremente en los próximos días.

La realidad de las villas pone en jaque la efectividad de las medidas para luchar contra el coronavirus. Es en estos barrios en donde la enfermedad puede encontrar su foco de contagio de un pico que se espera que no tarde en llegar. Si no se controla en estas regiones, todo lo logrado por la cuarentena puede echarse a la borda. Y nos interpela al hacer un análisis de la situación: ¿estamos bien en el AMBA con respecto a la lucha contra el coronavirus? La respuesta que nos dan es que estamos bien, si no contamos lo que pasa en las villas.

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