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El ‘toque de queda sanitario’ de los Fernández

No es el virus ni la nueva cepa los responsables de lo que ocurre.

El gobierno y sus voceros definen a la nueva escalada del coronavirus como la “segunda ola”, como también lo hacen en el exterior. En el mundo se siguen batiendo récords de casos diarios, en especial Gran Bretaña y Estados Unidos. Esa caracterización procura evadir la responsabilidad de todos los gobiernos en el flagelo, que ‘reabrieron las economías’ bajo la presión del capital financiero, y que por las mismas razones demoran ahora el cierre de las actividades no esenciales. No es el virus ni la nueva cepa los responsables de lo que ocurre, es la presión capitalista, que vehiculizaron en masa todos los medios de comunicación. La ‘novedad’ en estas manipulaciones es la supuesta responsabilidad de los jóvenes, que se habrían convertido en transmisores involuntarios del virus, y no la cadena de la hotelería, la gastronomía, la educación privada o los bancos, que han venido fogoneando la apertura de los espacios y negocios que tienen a los ciudadanos como clientela. El capitalismo mundial no sale de la encerrona que, desde hace casi un año, lo lleva a oscilar todo el tiempo entre las libertades al capital (y las consiguientes masacres sanitarias) a los aislamientos improvisados y tardíos, saboteando en todos los casos los testeos masivos. La reanudación ascendente de la curva de contagios encuentra ahora a un personal sanitario agotado, con muchas víctimas fatales, que ha debido atender jornadas prolongadas sin recibir la menor mejora en los salarios. La vacuna, mientras tanto, llega en medio de batallas campales entre monopolios y potencias rivales por el acaparamiento del mercado; desaguisados logísticos y, por último, una grave incertidumbre respecto del período real de vigencia e inmunidad. 

Argentina

Dicho esto, hay que añadir enseguida que el gobierno de los FF y sus 24 gobernadores le suman su impronta a esta crisis global. Una especialista de la Universidad de Concordia, la Dra. Soledad Retamar, señaló agudamente que no debe llamarse a la actual escalada argentina de ´segunda ola´: mientras que en los países europeos las primeras olas terminaron con sus curvas disminuyendo a cerca de cero, “nosotros nunca logramos bajar de los 5 mil casos diarios en promedio… Creo, más bien, que estamos en el rebrote de la primera, que nunca estuvo del todo controlada” (Página 12, 3/1).
 
La escalada, de cualquier modo es el resultado de una reapertura total de actividades, bajo la presión del capital comercial, industrial y -ahora-turístico. El gobierno incentivó el “regreso al trabajo” con la eliminación de medidas de asistencia – el caso más claro es el del IFE, cuya supresión coincidió con el inicio de las negociaciones con el FMI. La política económica no está pautada por la pandemia sino por el FMI, con el cual ya habría un plan de ajuste para llegar al acuerdo después de las elecciones de octubre. Los 9 millones de solicitantes del IFE revelaron, con la mayor contundencia, cuál es el peso real del trabajo precario en Argentina. Es muy claro que la eliminación de este subsidio volcó a millones de personas a llevar adelante changas, venta callejera y todo tipo de actividades sin ningún tipo de protección sanitaria. La movilización por la vuelta al trabajo, a su turno, volvió a sobrecargar al transporte público. La gestión oficial también le negó a la población un plan de testeos masivos, que podrían contribuir para trazar la ruta de contagio del virus, más allá de las presunciones o improvisaciones. 

De este modo, el gobierno nacional y las administraciones provinciales se arrojaron ciegamente al abismo de la “libertad de movimientos”, cuando era evidente que la pandemia estaba lejos de ser controlada. Como prueba de ello, “el Presupuesto 2021 no incluyó partida alguna (de asistencia económica) previendo esta casi inevitable ´segunda ola´” (Infobae, 5/1). Todos los engranajes económicos fueron ´reajustados´ en función de asegurar la circulación del capital y el lucro, a sabiendas de que ello resultaba contradictorio con los resguardos sanitarios más elementales. 

“Toque de queda”

A la luz de lo anterior, la medida de un “toque de queda sanitario” para los lugares de veraneo resulta también una gran cortina de humo. Los datos oficiales señalan que el “rebrote” abarca también a los partidos del conurbano bonaerense, donde no existen “fiestas veraniegas” nocturnas o en la playa, sino simplemente la actividad laboral corriente. Las estadísticas oficiales nada dicen de la progresión de contagios en los lugares de trabajo, comenzando por los centros de salud. El previsible fracaso del “toque sanitario” probablemente obligue al gobierno a medidas de aislamiento mayores; a interrupciones económicas y a una crisis política, porque será obligado a colocar restricciones allí donde el capital reclama una libertad que supera a las que el propio Covid limita – libertad de tarifas, de precios, de exportaciones. Belocopitt, el dueño de la prepaga Swiss Medical,  advierte hoy en La Nación que se viene una guerra por la llamada ‘reforma de la salud’. El gobierno, a su manera, ha aceptado el programa de los “banderazos” en lo que refiere al Covid, con los resultados a la vista.

La crisis del rebrote toma a los trabajadores con una experiencia recorrida. Es necesario reponer  el IFE, de modo mensual y en un monto equivalente al 80% de la canasta familiar; la satisfacción inmediata de los reclamos salariales y laborales del personal de salud; inmediato aumento de salarios y jubilaciones; interrupción de labores -con pago del 100% de los salarios- en todos los ámbitos con incertidumbre sanitaria; protocolos sanitarios redactados por los trabajadores. Declaración de la vacuna como bien público, asegurando su aplicación gratuita al conjunto de la población.

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