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El racismo es un delito en el mundo civilizado

Agostina Robles, una joven y descontrolada abogada que pasaba sus vacaciones en Río de Janeiro, está siendo investigada por el delito de injuria racial.



El episodio se inició cuando ella y sus amigas quisieron salir de un boliche en Río. Según explicó la descontrolada abogada, santiagueña de origen, dice haber pagado todas las consumiciones. Sin embargo, al querer retirarse del lugar, el personal del bar las retuvo: figuraban consumos impagos. Típica viveza criolla que esta vez salió mal.

“En Río de Janeiro el racismo no es una broma”, afirmó la Policía Civil al anunciar las novedades sobre el caso de Agostina Páez. También se acusa por falso testimonio a una de sus amigas. Se la imputó por injuria racial y quedó retenida en Brasil tras el episodio, con gestos racistas, en un bar de Ipanema. Según fuentes policiales, la investigación del caso se cerró y todo el material fue enviado al Ministerio Público. Las ofensas racistas fueron dirigidas a un trabajador brasileño, con el clásico “macaco”. Además, se informó que la amiga de la racista letrada, también argentina, es investigada por falso testimonio, por intentar, sin éxito, ayudar a su amiga.

La Policía Civil, a través de sus canales oficiales, comunicó el cierre de la investigación y el avance de la causa judicial y, con bombos y platillos, anunció: “El crimen no quedó impune y en Río de Janeiro el racismo no es una broma”. Les recuerdo que es la misma policía que ejecutó en diciembre, y por la espalda, a una centena de habitantes y residentes de la favela La Rocinha, y que se mostró muy aplicada y diligente con la insolente abogada argentina.

Agostina permanece retenida en Brasil desde el 14 de enero y con tobillera electrónica, pero en los últimos días se conoció un video en el que se ve a un hombre realizando gestos obscenos a la joven, lo que reforzaría la teoría de la defensa que apuntaba a un conflicto previo con los empleados del local. No obstante, la acusada está filmada haciendo el típico y despreciable gesto de un mono rascándose.

La secuencia, capturada por cámaras de seguridad del local, muestra con claridad gestos obscenos y provocaciones dirigidas a la joven abogada por parte de uno de los trabajadores del lugar, hecho que podría modificar la calificación del caso y el rumbo del proceso judicial. La discusión se originó tras un desacuerdo con la cuenta sobre lo que se había consumido.
Según describió el abogado, Páez y sus amigas consumieron bebidas alcohólicas en el local, abonaron su cuenta y, al retirarse, fueron interceptadas por cinco trabajadores del establecimiento, quienes reclamaban que debían pagar otra cuenta. Las turistas negaron esos cargos y pidieron hablar con el gerente. La situación se fue descontrolando y, durante esas discusiones, se produjeron diferentes tipos de injurias entre las partes. Una amiga (con buen criterio y no tan alcoholizada) termina abonando la cuenta para poder retirarse del local, porque se los impedían. Hay videos que muestran que cinco personas no las dejaban salir si no pagaban.

Cuentan testigos en el lugar que, luego del pago, mientras bajaban por las escaleras, tres personas comenzaron a insultarlas. En ese momento, la joven abogada responde con el gesto del mono, que fue filmado por un testigo en el lugar.

“Se agarraban los genitales, nos señalaban y se reían. Ahí es cuando yo hago ese gesto”, dijo la irascible Agostina, atribuyendo su reacción a la provocación del personal.

La medida cautelar que impide la salida de la joven de Brasil no establece un plazo concreto, lo que, a juicio del defensor, la convierte en una medida carente de criterios de razonabilidad. “Hay una medida impuesta donde no se fija ningún tipo de plazo razonable, una medida totalmente arbitraria. Le dicen que no puede salir del país, pero no hasta cuándo”, puntualizó el abogado.

Dicen que la joven atraviesa un momento de angustia y preocupación: “Está preocupada, angustiada por toda esta situación. Le afectó muchísimo y lo único que quiere es cumplir con todas las medidas y tratar de que esta cuestión avance lo más rápido posible para regresar”.
Hasta aquí, la crónica de una turista argentina que quiso pasarse de viva y que, al ser descubierta, siguió negando los consumos y lo terminó de la peor manera: discriminando a un trabajador.

Igualmente, Brasil es un país raro: usted puede ofender a un gay y no es delito. Si van de vacaciones allí, recuerden que la discriminación es un crimen y que los pueden enviar a prisión hasta cinco años...

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