DOLAR
OFICIAL $816.08
COMPRA
$875.65
VENTA
BLUE $1.18
COMPRA
$1.20
VENTA

Después de Perón, Menem y los K, ¡Gioja!

El columnista Carlos Reymundo Roberts presenta una nueva entrega en la que analiza la situación del PJ.

Todo el mundo sabe que no soy peronista. Soy kirchnerista. En eso me parezco más a Cristina que a Néstor. Pero igual me emocioné con el fantástico acto en el que asumió la nueva conducción del partido, el martes. El teatro Avenida era un hervidero de gente y de júbilo, y hasta muchos compañeros se quedaron afuera. No cabía nadie más. El PJ resurgió de sus cenizas con una poderosa demostración de fuerza y coraje. Es increíble que tan poco tiempo después del peor traspié electoral de su historia se haya producido este verdadero milagro, que para mí tiene una sola explicación: caras nuevas, aire nuevo, propuestas nuevas. Sí, caras nuevas. Presidente, Gioja, un muchacho de gran proyección, un dirigente no contaminado; vicepresidente, Scioli, más conocido como "Daniel el sensible", que, lejos de mensajes huecos y fórmulas estandarizadas, promueve la paz, el amor y la alegría, y vicepresidente segundo, Antonio Caló, líder de los metalúrgicos y prototipo de un gremialismo de última generación, desprovisto de connotaciones facciosas. Gioja-Scioli-Caló. Invito a retener estos nombres. Son la llave del futuro.

Después de leer esta introducción, algunos me acusarán de estar forzando las cosas, de impulsar un nuevo relato. Lo niego terminantemente. Estoy convencido de que el PJ ha aprendido las lecciones de la historia reciente -la más importante: no haber advertido que Macri no era tan pichi como parecía- y va por la renovación. Toda una generación de dirigentes está dando un paso al costado para dejar su lugar a figuras de recambio, muchas de las cuales estuvieron en el Avenida: Guillermo Moreno, Héctor Recalde, Miguel Pichetto, Eduardo Fellner, Gildo Insfrán, Hugo Curto? No hablaría todavía de una "nueva constelación de estrellas", pero me muero de ganas de hacerlo.

Los medios se apresuraron a decir que el kirchnerismo quedó fuera de la flamante conducción. A los que ya nos dan por muertos les advierto: no vayan tan rápido. Lo que pasa es que en estas horas nuestras principales cabezas están ocupadas en atender ciertos asuntillos judiciales, algunos propios y otros de gente cercana, amiga. Y a los amigos no se los tira por la ventana cuando caen en desgracia. Desde que Lázaro Báez está en la cárcel, Cristina no pega un ojo. Incluso la han visto llorar por los pasillos. Máximo tampoco pega un ojo, y lo han visto llevando bolsos por los pasillos. Admiro el estoicismo de los dos: permanecer callados ante esta ola de infamias. Fariña declaró el lunes que los Kirchner se robaron unos 120.000 millones de dólares. No es cierto. No puede ser cierto. Los conozco bien y no creo que hayan sido tan eficientes.

Además, qué es esto de hacer una revisión moral del modelo. En política las cosas no funcionan así. La política es cara, las campañas son caras, y convencer durante 12 años a jueces, legisladores, empresarios, gremialistas, opositores, medios y periodistas es carísimo. ¿Qué pretenden, que se lleve adelante un proyecto revolucionario con el sueldo de un presidente? Ingratos: cambiamos la historia del país y ahora nos piden que abramos las bóvedas y digamos dónde está la guita. ¡Minga! Por eso me encantó que Lázaro Báez haya negado todo cuando tuvo que declarar ante Casanello, anteayer. Respetó los códigos. Dennos un poquito de tiempo y vamos a hacer que ese buchón de Fariña se arrepienta de haberse arrepentido.

Del discurso que pronunció Gioja en el acto me gustaron especialmente dos cosas. Primero, su preocupación por el fuerte incremento de la pobreza desde que asumió Mauricio Macri. Habló muy claro en ese sentido, citando las estadísticas de la UCA. No mencionó, porque se conocería dos días después, la investigación de Unicef Argentina según la cual cuando Cristina terminó su mandato había en el país 4 millones de chicos pobres. El informe no incluye a los hijos de Báez. En segundo lugar destaco el ferviente llamado a la unidad. Basta de disgregación y de peleas. Como dijo Julio Bárbaro (y si no lo dijo, debería decirlo), "el peronismo es un recuerdo que sirve para juntar votos". Dejemos a un lado las diferencias y juntemos votos, compañeros. En el Avenida se dio un primer paso: qué lindo fue ver a ultra K como Recalde y Kunkel, en amable confraternidad con ultra ex K como Juan Manuel Urtubey, Pichetto y Bossio. Y allí, entre ellos, Juan Manuel Abal Medina, el Chino Navarro, Manzur, Insfrán y tantos otros, a los que podríamos llamar "en tránsito". Está muy bien. A una década de predominio de lo ideológico debe seguirle una era de pragmatismo. Digamos, el camino que va de la revolución a la franquicia. Esto de la franquicia también es de Bárbaro, y no es ninguna barbaridad. Como afirmó Gioja, "no hay una máquina que diga quién es más peronista". Bueno, en un partido donde la guita tiene rango constitucional, quizás la máquina de contar billetes que vimos en La Rosadita podría darnos una mano.

Repasando: la noticia de la semana es que volvió el PJ, con gente nueva y discurso nuevo. El ciclo histórico que empezó con el menemismo y siguió con el kirchnerismo se completa ahora con el giojismo. Admito que dicho así, "giojismo", es como que no suena muy épico, sobre todo al lado de dos gestas inolvidables. Pero esperen. La matriz es la misma. Me lo imagino al General aplaudiendo.