El mercado laboral argentino muestra señales de un cambio profundo que ya no parece coyuntural. El pluriempleo, que es la necesidad de tener más de un trabajo para sostener los ingresos, se estabilizó en niveles históricamente altos y cerró el último cuatrimestre de 2025 alcanzando al 12,2% de los trabajadores ocupados, lo que equivale a unas 1,6 millones de personas.
Si bien el indicador no creció respecto al año anterior, tampoco logró retroceder. De hecho, quedó apenas por debajo del 12,4% registrado en 2024, lo que ubica a ambos períodos como los más elevados desde 2016.
De acuerdo con un informe de la Fundación Encuentro elaborado sobre datos de la Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), la tendencia viene en ascenso desde hace casi una década. En 2016 el pluriempleo alcanzaba el 8,8%, pero desde entonces mostró un crecimiento sostenido, con un salto marcado en los últimos años hasta llegar a su actual nivel de estabilización.
El fenómeno presenta además una fuerte diferencia por género. Las mujeres representan el 56,6% del total de pluriempleados y son quienes más recurren a esta modalidad: el 15,5% de las trabajadoras tiene más de una ocupación, frente al 9,5% de los hombres. Esta brecha se vincula principalmente con el peso del servicio doméstico, un sector caracterizado por jornadas fragmentadas que obligan a combinar empleos para alcanzar un ingreso suficiente.
A diferencia del desempleo, que suele impactar con mayor fuerza en los jóvenes, el pluriempleo se concentra en adultos de entre 30 y 65 años. En ese grupo se encuentra el 85% de quienes tienen más de una actividad laboral, lo que refleja que la multiplicación de ingresos está asociada a mayores responsabilidades económicas. En línea con esto, casi dos tercios son jefes o jefas de hogar.
Lejos de limitarse a sectores informales, el fenómeno también atraviesa a la clase media y profesional. Las tareas administrativas y contables explican el 18,6% de los casos, mientras que áreas como salud, educación y trabajo social concentran otro 10,2%. Esto evidencia que incluso los empleos calificados requieren complementos para sostener el poder adquisitivo.
En términos de ingresos, quienes tienen más de un trabajo perciben en promedio un 13,1% más que aquellos con una sola ocupación, aunque las diferencias pueden ampliarse significativamente según los casos. Sin embargo, ese mayor ingreso suele implicar jornadas más extensas y mayor desgaste.
El Gran Buenos Aires concentra más de la mitad de los pluriempleados del país (54,8%), impulsado por la diversidad y densidad de su mercado laboral. En contraste, regiones como la Patagonia o el Noreste muestran niveles considerablemente más bajos, debido a la menor disponibilidad de oportunidades.
El informe también advierte sobre las implicancias a largo plazo. Aunque una parte importante de estos trabajadores realiza aportes previsionales, muchos combinan empleos formales con actividades informales, lo que genera trayectorias laborales fragmentadas y plantea desafíos para el sistema jubilatorio.
Con ocho de cada diez pluriempleados sosteniendo exactamente dos trabajos, el escenario actual refleja un cambio de fondo: para una porción creciente de la población, una sola jornada laboral ya no alcanza para cubrir las necesidades básicas.
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