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Caso del tirador de Longchamps: "Solo Dios podrá juzgarme"

Por José Luis Ferrari. Esta frase tiene tatuada en su imponente espalda (de muchas horas de gimnasio) Claudio Ramón Pardo.

“Solo Dios podrá juzgarme”. Esta frase tiene tatuada en su imponente espalda (de muchas horas de gimnasio) Claudio Ramón Pardo, el tirador de Longchamps. Él repelió a los tiros a dos pequeños malvivientes que habían robado a su sobrino. Uno de los jóvenes murió, el otro está herido. El tirador (de ancha espalda) hace 45 años que vive en un barrio donde todos se conocen.

Claudio tiró porque los ladrones le tiraron primero. Eso cuenta su hermano. En el video que se viralizó esto no se ve. Lo que sí muestra es cuando Ezequiel (el sobrino) baja de un Chevrolet Onix junto a su pareja embarazada de 6 meses y, uno de los ladrones, le dispara estando detrás de la reja de la casa.

Cuando el tío escucha los disparos salió con su Taurus 9 mm. Cuando ve que no pueden arrancar el auto ahí comienza a dispararles. Como no pudieron arrancar el auto, trataron de escapar corriendo, a los pocos metros los ladrones caen heridos. Los cacos venían robando y ambos tenían antecedentes.

El tirador fue demorado y, a las pocas horas liberado, el fiscal consideró que actuó en legítima defensa. En el barrio se lo conoce como “El Pela” o “Pollo”. Fanático de River y de las armas de puño. En su perfil de Facebook se lo puede ver empuñando un arma con mira laser. En mi opinión demasiado para un civil. En el mismo perfil escribió: “Prefiero a un policía o a un militar pidiéndome los documentos que a un chorro pidiéndome la billetera”.

Esta frase es la resultante de estos tiempos. Escuché a la ministra de Seguridad decir algo como esto: “el que quiere andar armado, que ande armado, y…. ante la voz de alto, el tirador abrirá fuego”.

Tal vez usted, mi leal lector, a esta altura ya me esté insultando en todos los idiomas pero cierto es que hoy hablamos de dos chicos. Uno muerto, otro herido (malvivientes, por cierto). Pero le diré que de diez de estos casos nueve terminan con quien quiere defenderse de un robo muerto.

Creo que la interpretación que hace el fiscal es conforme a estos tiempos. Hace unos meses recuerdo al periodista Eduardo Feinmman, al ver un delincuente muerto decir: “Uno menos”. 

Juro que me corrió el sudor por la espalda. Creo que el tirador de Longchamps se excedió en la legítima defensa y ese sería, cuanto menos, un pronunciamiento tal cual me enseñaron mis maestros de Derecho Penal.

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