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Aborto, el último bochorno del gobierno de Macri sobre un derecho que pronto será ley

Por Luis Ángel Molinas. Desde el oficialismo se indignaron más por “las formas” de la modificación del protocolo que por la necesidad de atender una problemática pública.

Después de varias idas y vueltas, el gobierno de Mauricio Macri finalmente decidió derogar la actualización del protocolo para incorporar la interrupción legal del embarazo. Dicha actualización  llevaba la firma del secretario de Salud, Adolfo Rubinstein, quien tras la polémica decidió renunciar.

Todo pasó en muy pocas horas, pero se recordará como el último bochorno de la administración de Macri. La medida sorprendió al aparecer el día miércoles en el Boletín Oficial. De inmediato, y ante varias críticas, se conoció que la intención del oficialismo era revocar la resolución, alegando que no fueron correctas “las formas” en la que se dio a conocer el nuevo protocolo.

Los cambios que proponía la actualización no iban más allá de lo que establece el Código Penal y el fallo FAL, que sentó un precedente con respecto a la lectura de la ley de aborto no punible en vigencia. Lo mismo propone el protocolo que fue oficializado por el entonces Ministerio de Salud en 2015. Pero ahora lo que se buscaba era dejar asentada una guía precisa y obligatoria a nivel nacional para los casos en los que sean necesarios llevar a cabo una ILE (interrupción legal de embarazo), en un escenario en el que varias provincias no adhieren a un protocolo a seguir en la actualidad.

Tucumán, por ejemplo, es una de ellas. En febrero de este año, un hecho dividió la opinión pública. Una nena de 11 años tuvo que esperar un mes para poder terminar con su embarazo, producto de una violación de su padrastro. En este episodio, la ministra de Salud provincial priorizó siempre apegarse a la falaz frase de “salvar las dos vidas”.

Entonces, el nuevo protocolo presentado y eliminado en las últimas horas despejaría dudas acerca de cómo se debería actuar en casos así: es un derecho acceder a la interrupción del embarazo en casos de violación, algo que ya contempla la legislación vigente.

Esta recomendación, que sirve como reglamento forzoso para que las instituciones públicas de salud sigan unas ciertas acciones, de acuerdo a estándares internaciones recomendados por la Organización Mundial de la Salud, plantea dos cuestiones más: todas las menores embarazadas pueden prestar consentimiento de la práctica, y las de entre 13 y 16 años sin necesidad de un padre o tutor, con el objetivo de que la judicialización del caso no entorpezca una rápida intervención y se proceda lo más rápido posible a una ILE, y que la objeción de conciencia de un profesional –que puede tenerla- no debe impedir que una persona tenga acceso a su derecho. Ambos puntos lo que pretenden es no demorar la realización de la práctica.

Ahora bien, este es el fondo de la cuestión: la necesidad de incorporar figuras normativas para evitar más muertes por abortos clandestinos, especialmente en niñas y adolescentes. Por ahora, en los determinados casos que contempla la ley vigente: es solo una medida provisoria hasta que el derecho a la interrupción legal del embarazo pueda ser accesible a todas las personas gestantes. Con la nueva configuración del Congreso a partir de 2020, quizás sea posible que se apruebe el proyecto de aborto legal, seguro y gratuito en los próximos meses.

Después están las “formas”. El mismo presidente Mauricio Macri justificó la derogación del nuevo protocolo porque era “una decisión unilateral y eso está mal”. Es poco creíble que la decisión de Adolfo Rubinstein haya sido tomada en soledad cuando la resolución, para que llegue al Boletín Oficial, tuvo que haber sido advertida por algún funcionario más.

De todos modos, ¿el gobierno saliente de Macri podría haber dejado pasar lo sucedido y ahorrarse el bochorno? Probablemente sí, o al menos intentado dar otra definición o anunciar que reescribirían la resolución en conjunto con la Secretaría de Salud, aunque esta última tenga competencia para hacer lo que hizo autónomamente.

La mención de “las formas” fue tan solo el justificativo sobre “el fondo” de la cuestión. El motivo real: no contradecir a los votantes que aún creen en el proyecto de Cambiemos, cuyas figuras principales, desde Macri a Vidal, se manifestaron en contra del aborto. Así, lo ocurrido en las últimas horas dejó evidenciada la posición de la futura oposición sobre el aborto. La prioridad era no perder terreno político, aun a costa de pasar un bochorno a poco de dejar el mandato y, más grave aún, a costa de la muerte de decenas de mujeres, víctimas que reclaman una deuda de la democracia: que el aborto sea legal, seguro y gratuito.

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