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Un paseo por la Buenos Aires de los palacios y las grandes historias

Un recorrido por Retiro y Monserrat para descubrir edificios emblemáticos, rincones con historia y algunas de las joyas arquitectónicas que todavía conservan el espíritu de la Buenos Aires más elegante.

Buenos Aires guarda rincones donde la arquitectura, la historia y las grandes historias de la ciudad conviven a pocas cuadras de distancia. Un recorrido por Retiro y Monserrat permite descubrir palacios, edificios emblemáticos y lugares que todavía conservan el esplendor de aquella Buenos Aires que miraba a Europa sin perder su identidad.

Para quienes disfrutan caminar con la mirada atenta, la Avenida Alvear es una de las mejores puertas de entrada a esa ciudad aristocrática. Esta arteria, de marcada inspiración francesa, fue conocida originalmente como Bella Vista, un nombre que parece anticipar la postal que ofrece hoy con sus palacios y residencias señoriales.

A lo largo de su recorrido aparecen verdaderas joyas patrimoniales como el Palacio Ortiz Basualdo, actual sede de la Embajada de Francia; el Palacio Pereda, donde funciona la Embajada de Brasil; y el Palacio Concepción Unzué de Casares, sede del Jockey Club Argentino. 

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Muy cerca, en la plazoleta Carlos Pellegrini, se destaca el monumento dedicado al ex presidente argentino, una obra realizada en mármol de Carrara y bronce por el escultor francés Félix Coutan, donde la figura de Pellegrini aparece acompañada por alegorías de la República, la Justicia y el Progreso.

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El recorrido continúa por Avenida de Mayo, una de las grandes postales históricas de Buenos Aires. Entre la Avenida 9 de Julio y el Congreso Nacional se suceden edificios que cuentan parte de la vida cultural y política de la ciudad. 

Allí se encuentra el Teatro Avenida, inaugurado en 1908 y conocido como la “catedral de la zarzuela”, además del Edificio Cassará, un ejemplo de cómo el patrimonio puede convivir con la modernidad. Su terraza mirador recuperada permite disfrutar una de las vistas más atractivas de la avenida y observar la ornamentación de los edificios construidos a comienzos del siglo XX.

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En ese mismo tramo aparece otro clásico porteño: el bar notable Los 36 Billares, inaugurado en 1894. Durante décadas fue punto de encuentro de escritores, políticos e intelectuales, y todavía mantiene vivo su espíritu con sus mesas de billar, juegos y reuniones que forman parte de la memoria urbana.

A pocos metros se levanta el edificio que perteneció al diario Crítica, fundado por Natalio Botana en 1913. Diseñado por los arquitectos húngaros Jorge y Andrés Kalnay, responsables también de la cervecería Munich, es una de las construcciones más singulares de Avenida de Mayo por su estilo art déco.

El cierre de este tramo es inevitable frente al Palacio Barolo, diseñado por el arquitecto Mario Palanti por encargo del empresario Luis Barolo e inaugurado en 1923. Su particular simbología y su imponente arquitectura lo transformaron en uno de los edificios más reconocidos de Buenos Aires.

La caminata puede continuar por la calle Arroyo, en Retiro, una zona que el escritor Eduardo Mallea definió como “el codo aristocrático de Buenos Aires”. En pocas cuadras se concentra una de las expresiones más refinadas de la arquitectura porteña, con residencias de inspiración francesa y edificios que parecen trasladar al visitante a otra época.

Entre ellos se destaca el Edificio Mihanovich, que alguna vez fue la construcción más alta de América Latina y que albergó al histórico Hotel Sofitel. Hoy, convertido en Casa Lucía, continúa siendo un símbolo de la elegancia de Retiro.

Buenos Aires ofrece infinitos recorridos para redescubrirla. A veces basta caminar unas pocas cuadras para encontrar palacios, historias y detalles arquitectónicos que revelan la identidad de una ciudad que todavía tiene mucho para contar.   

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