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Del bolsillo al hombro: la historia de la cartera y la vida que empezó a llevarse encima

La cartera atravesó la vida humana desde sus orígenes hasta la ciudad moderna y hoy reaparece en clave de diseño, oficio y uso cotidiano. De la mano de una experta del sector, exploramos el valor del cuero argentino como parte de una tradición productiva que sigue vigente. Y te contamos la historia del objeto de 5.000 años que sigue usándose hoy.

Antes de la escritura y antes incluso de la moneda, cuando la organización humana todavía dependía de lo que podía cargarse físicamente de un lugar a otro, alguien tomó una piel, la ató con fibras naturales y resolvió una necesidad elemental de supervivencia que era transportar lo propio sin perderlo en el camino.

Desde allí se abre una historia de más de 5.000 años que llega, sin interrupciones reales, hasta la vida cotidiana contemporánea en forma de bolso o cartera

En 1991, en los Alpes, fue hallado el cuerpo de un hombre que vivió alrededor del 3.300 antes de Cristo, conocido como Ötzi o el hombre de hielo, que conservaba entre sus pertenencias un pequeño bolso de cuero con herramientas y elementos medicinales, un hallazgo que permitió comprobar que hace más de 5.000 años ya existía la necesidad de transportar objetos personales en un contenedor portátil

En el mundo grecorromano ese objeto se diversifica según funciones y jerarquías sociales, los sacculi para monedas, los contenedores médicos para instrumentos, los bolsos de viaje para mercancías, mientras que en la Edad Media la ausencia de bolsillos en la ropa generaliza su uso y convierte al bolso en una pieza obligatoria de la vida diaria donde cada oficio desarrolla su propia versión del objeto según sus necesidades concretas

Con el Renacimiento el bolso incorpora una dimensión estética más marcada y empieza a funcionar también como signo de estatus y representación social en las cortes europeas donde el trabajo del cuero, los bordados y los materiales nobles lo transforman en un objeto que ya no solo transporta cosas sino que también comunica pertenencia, mientras que con la revolución industrial se produce el pasaje hacia la producción sistemática y el surgimiento de casas especializadas que organizan el mercado moderno de la marroquinería

En el siglo XX el bolso queda plenamente integrado al sistema de la moda y del consumo urbano y se vuelve un accesorio central en la construcción de la imagen cotidiana especialmente en la vida femenina atravesada por cambios sociales que redefinen la movilidad, el trabajo y la presencia en la ciudad hasta convertirlo en un objeto funcional y simbólico al mismo tiempo.

mariela blanco

En la Argentina esta historia ingresa como derivación de la tradición europea pero con el tiempo se reconfigura a partir de la industria del cuero y de una red de talleres que sostienen una producción local donde el oficio tiene un peso decisivo y donde el material deja de ser solo importación de tendencia para convertirse en parte de una identidad productiva vinculada al trabajo artesanal y al diseño contemporáneo.

El viejo oficio que sigue vivo en la ciudad 

En ese escenario aparece el recorrido de Caro Silva, una emprendedora que hace cinco años trabajaba en relación de dependencia y que, en sus propios términos, empezó a darse cuenta de que había algo que la atraía más de lo que hacía todos los días.

mariela blanco

“Había algo que me fascinaba profundamente que era el diseño de carteras y la marroquinería”, recuerda. Durante un tiempo lo vivió como un interés paralelo, hasta que empezó a entender que no era un hobby sino una decisión de vida.

“Ver que las mujeres volvían a elegirme me hizo entender que esto podía convertirse en un proyecto sólido”, cuenta.

mariela blanco

Ese movimiento la empujó a dejar la zona de seguridad y ordenar un trabajo que hasta entonces era casi intuitivo. Hoy su actividad se reparte entre la producción con talleres y la venta directa.

“Trabajar con cuero argentino es un orgullo”, dice sin rodeos. Y agrega una idea que repite como una definición personal más que comercial: “Es un material noble, resistente, con una identidad muy fuerte”.

En su mirada, el cuero no es un recurso más sino una continuidad cultural ya que el país carga con una tradición de talleres, de saberes transmitidos, de producción artesanal que todavía resiste en distintas escalas.

“Detrás de cada pieza hay experiencia, hay manos que saben trabajar el cuero”, explica.

El crecimiento del comercio online terminó de modificar su vínculo con quienes usan sus diseños. Ya no se trata solo de un punto de venta, sino de una relación más directa, más inmediata, donde el intercambio ocurre todo el tiempo, incluso antes de que el objeto exista físicamente.

mariela blanco

Cuando se le pregunta qué es una cartera hoy, su respuesta vuelve a lo cotidiano. “Es una compañera de todos los días”, dice, y agrega: “ahí cada mujer lleva parte de su vida, de sus cosas, de lo que necesita para moverse”.

En esa continuidad histórica, el bolso sigue cumpliendo la misma función de siempre.

Cambian las formas, los materiales y las técnicas, pero permanece la necesidad básica de transportar lo propio. Y en el caso argentino, esa historia se cruza con otra; la del cuero como oficio, como industria y como identidad.

Mas info en www.carosilva.com.ar/

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