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Patrimonio de la lengua argenta: frases inolvidables de todos los tiempos

En esta nota, Mariela Blanco repasa una selección antojadiza de frases que se convirtieron en marca registrada de figuras mediáticas y que encontraron su mejor archivo en la memoria colectiva.

Hay frases que sobreviven a quienes las pronunciaron. Expresiones nacidas al calor de una conferencia de prensa, una entrevista de televisión, una transmisión deportiva o un exabrupto improvisado terminan desprendiéndose de su contexto para instalarse definitivamente en el lenguaje cotidiano. 

Se repiten en reuniones familiares, en la oficina, en la cancha, en las redes sociales y hasta entre personas que muchas veces desconocen quién fue el autor original.

La Argentina, fértil en personajes desmesurados y dueña de una creatividad inagotable para convertir cualquier episodio en material de conversación, construyó un verdadero patrimonio oral compuesto por sentencias memorables. 

Algunas nacieron como promesas políticas que el tiempo transformó en ironía. Otras fueron ocurrencias espontáneas de figuras del espectáculo, muletillas de deportistas o frases que terminaron definiendo para siempre a quien las pronunció. Las hay ingeniosas, desafortunadas, involuntariamente cómicas y también aquellas que, por repetición, pasaron a integrar el diccionario sentimental de varias generaciones.

Reconocidas personalidades del deporte nos regalaron frases de colección. Algunos protagonistas de la política dejaron expresiones más grandilocuentes que sus propias obras y, en ocasiones, tan insólitas que el archivo nunca dejó de recordarlas. La farándula, por su parte, aportó un repertorio que bien merece un premio a la posteridad de la televisión de tubo catódico.

Mucho antes y mucho después del célebre "¡Un dinosaurio... vivo!" de Susana Giménez, existió un inagotable catálogo de declaraciones que se transformaron en clásicos nacionales. Algunas provocan nostalgia, otras vergüenza ajena y muchas siguen despertando carcajadas décadas después. Todas tienen algo en común y es que dejaron de pertenecer a sus autores para convertirse en patrimonio de la lengua argenta.

Aquí, una selección necesariamente caprichosa de las más recordadas de ayer y de hoy.

 

“En mil días vamos a poder tomar agua del Riachuelo”

Fue dicha el 4 de enero de 1993 por la entonces secretaria de Medio Ambiente, María Julia Alsogaray. No quedó ahí. La promesa de descontaminar las aguas del Riachuelo fue aún más lejos ya que el presidente Carlos Menem reforzó el anuncio de su amiga María Julia y dijo: “En 1995 vamos a ir al Riachuelo a pasear en barco, a tomar mate, a pescar y a bañarnos”.

 

“Tenemos que tratar de no robar por lo menos por dos años en este país”

Lo dijo en 1996 quien era interventor del Instituto Nacional de Obras Públicas en el programa Tiempo Nuevo.

 

“Argentina es un país condenado al éxito”

Un verdadero ejemplo de oxímoron que salió de la boca de Eduardo Duhalde en 2002. No hace falta ser parte de la Real Academia Española para darse cuenta de la contradicción implícita en la oración. Hacía apenas un mes que había asumido la Presidencia. Evidentemente, quería dar un mensaje optimista aludiendo al éxito al cual se encaminaba el país, pero lo de “condenado” sonó, tal vez, más realista.

 

“Éramos tan pobres”

La acuñó Alberto Olmedo en 1988. La frase la decía uno de sus personajes más graciosos; un empleado que hacía cualquier cosa para conseguir un puesto de subgerente. Hablar de tan gran capocómico y no mencionar sus frases históricas sería injusto. Por eso, a modo de homenaje, recordaremos también al Manosanta diciendo: “Y… si no me tienen fe”; “Adianchi” y “Poniendo estaba la gansa”

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“Billetera mata galán”

Quizás una de las más repetidas desde que el empresario Jacobo Winograd instaló la idea de que el hombre rico es capaz de conquistar más mujeres que el hombre apuesto.

 

“What pass, papi”

Una adaptación propia de Moria Casán de la expresión "what's up" (¿qué pasa?). La One, la dueña de la lengua karateca, usó un dudoso inglés “coloquial” para expresar su impaciencia en Bailando por un sueño y popularizó la frase para siempre. Incluso, le dio nombre a su obra de teatro “What pass, Carlos Paz” en 2009. Otras de su colección personal son: "Qué se puede esperar de un burro más que una patada"; “Se cuelgan de mis  t…. “; y  “Si querés llorar, llorá”

 

“Tiene Gatorei, señorita. No hay bebida alcohólica”

Lo dijo Carlos Salvador Bilardo el 22 de febrero de 2004. El “Doctor” llevó champagne al banco de suplentes y quisieron detenerlo por tener alcohol en un espectáculo deportivo. “Tengo 50 años de cancha, usted se equivocó señorita, es Gatorei”, le explicaba el DT a la fiscal. La frase, con tal mala pronunciación, quedará para siempre en la historia.

 

“Que mal la estoy pasando”

Fue una de las tantas frases pesimistas de Gastón Gaudio. La dijo en 2006 en un partido contra Evgeny Korolev en Roland Garros. 

 

“La pelota no se mancha”

Esta emotiva frase la dijo Diego Armando Maradona el 10 de noviembre de 2001. Jugaba su partido despedida en La Bombonera. El dicho quedará en la memoria de todos para siempre. El astro hizo así referencia a sus equivocaciones: "El fútbol es el deporte más lindo y más sano del mundo. De eso que no le quepa la menor duda a nadie. Porque se equivoque uno, no tiene que pagar el fútbol. Yo me equivoqué y pagué, pero la pelota no se mancha".

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“Qué mirá, bobo. Andá pa’ allá”

Esta es otra de las frases que terminó imprimiéndose en remeras y tazas. Se la dijo Lionel Messi a Wout Weghorst tras el triunfo por penales contra Países Bajos en el Mundial de Qatar 2022.

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