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Un atentado que demuestra lo inseguros que vivimos

El frustrado atentado a Cristina Kirchner nos muestra lo inseguros que vivimos. Cada vez que sucede algo en materia de seguridad, todos ensayan respuestas y miran para otro lado, eludiendo sus responsabilidades, y la figura más importante de la política argentina lo comprobó en carne propia.


Era jueves de una noche fría y desapacible. Los fans de Cristina, que peregrinan a diario y montan guardia en las proximidades del domicilio de la Vicepresidenta al solo fin de obtener un saludo o un autógrafo, en un instante quedaron congelados cuando un sujeto esgrimió un arma e intentó asustar o matar a la funcionaria, que en el desmadre que arma cada vez que se acerca al público no se percató del episodio. Mientras tanto, el personal de seguridad estaba distraído mirando vaya a saber qué. No murió porque el atacante no supo, no quiso o no pudo cargar un proyectil en la recámara de la pistola.

El frustrado killer es un personaje, que por lo que se conoce, buscaba fama y el solo hecho de ser admirador del nazismo lo transforma en altamente peligroso. La pistola funciona y era apta para disparar, con lo cual, de haber querido, hubiera matado. Hoy, la cara de la víctima es noticia en todo el mundo, el victimario está preso, ubicado en tiempo y espacio, según el informe médico. Se negó a declarar y dijo que más adelante contará qué es lo que quiso hacer. 

El individuo, de seguro, será condenado por el delito de tentativa de homicidio agravada, tal vez a una peña de entre 10 a 12 años de prisión. Un tiempo antes, el hombre había sido detenido en un control policial cuando circulaba en un auto al que le faltaba una patente.  Se le revisó el auto y se encontró un cuchillo de grandes dimensiones que el sujeto no pudo explicar para qué lo tenía.

Detenido y conducido a la fiscalía de la Ciudad, se le abrió una causa penal y al ser liberado dijo que vivía en un domicilio que luego se verificó que no existía. Usted querrá saber qué pasó con esta investigación, la fiscalía la archivó porque no había damnificados. Cuántos dolores de cabeza nos evitaríamos si los fiscales fueran más responsables y aplicados a su trabajo.  

Pero lo realmente grave es la actuación de la custodia y del personal policial, todos mirando cualquier cosa, menos lo que debían, que era el objetivo a proteger, sorprendidos TODOS, la detención del atacante se dio por la rápida acción del público, que, de paso, lo golpearon muchísimo, dejándole un ojo en compota. 

Este episodio demuestra que en seguridad estamos siglos atrasados, pero lo peor es que siempre terminará pagando el más débil.

Pero les aseguro algo, no fue tragedia de MILAGRO, para los que no creen en esto, solo le pido a Dios que no le toque pasar por semejante momento.

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