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Recuerdos de la “normalidad normal”

Donde todo tiempo pasado… ¿cómo fue realmente?

Últimamente, para algunos, y sobre todo quienes detentan una cuota de poder temporal, la palabra “normalidad” reflotó en lo que yo entiendo se trata de una forma certera de explicar que habían cambiado las reglas del juego, y que cuando volviésemos al estado “normal” todo volvería a la “normalidad”. Nadie me explicó esto, y tuve que contentarme con escuchar ahora a todos, devenidos muchos en filósofos hablando de la “vuelta a la normalidad”, o de pasar, crecer, avanzar y todo otro verbo que pudiera denotar una conducta productiva que nos elevase a una “normal normalidad” o una “nueva normal normalidad”. Evidentemente, todo ese contenido en razón del tiempo y el espacio me abrumó, al considerar que entonces mi vida nunca fue normal, o que al menos y como mínimo, había faltado a varias clases de Filosofía…

¿Qué es la normalidad? Por empezar, es todo menos normal, podríamos intentar definirla, de un modo sencillo, como una media donde se agrupan la mayoría de los rasgos que se dan para un grupo, un tiempo y una forma, que crean un “nicho social” donde uno o más de los individuos que comparten una idea y desarrollen su práctica se agrupan. Ahora bien, es normal que en un contexto dado, existan individuos que en forma intrusiva eliminen por las más diversas motivaciones a pares, se hace presente en la sociedad una forma no deseada y temida de convivencia: la violencia y el homicidio. Y esto es normal?, claramente no, pero existe en la sociedad o se crea otro nicho, el penitenciario, que saca de la circulación social al determinado como “anormal”, hemos “normalizado” la normalidad y otra vez todos dormimos tranquilos.

Digamos que podemos ser flexibles en nuestra normalidad y convivir en proximidad de quien genera daño, pero cuando “normalizamos” vivir en este lugar, olvidamos el objetivo primero por el cual se creó ese nicho especial, entonces, por ejemplo, podemos normalizar que entre un homicidio hacia una mujer y elegir saber que pasa con el COVID19 en Estados Unidos, tomamos la segunda opción porque es más distante geográficamente (sin ser Estados Unidos, cuando toda la teoría gozaba de una “normal normalidad”, el Ministro de Salud Ginés Gonzalez García dijo ante la consulta de si el virus que estaba asolando Wu Han iba a llegar, “China está muy lejos para que llegue…”)
Una verdadera lástima y un fallo grave de la “normalidad”, porque en el tiempo que llevamos de pandemia, en nuestro país, la cantidad de horas entre femicidios ya disminuyó, bajando su intervalo horario, y seguimos contando. 

Definitivamente, el azar y los deseos de buena voluntad no son los mejores modificadores de una realidad dada en un contexto social, histórico, cultural, cambiante y transitorio, así de volátil es, al decir de un físico loco que andaba en cosas extrañas, “Dios no juega a los dados con el Universo” (A. Einstein).

Pero todavía hay más… Hoy asistimos mas que como espectadores, como partícipes primarios, a una pandemia, y en la cual podemos decir cabalmente “se nos quemaron los papeles”. Este problema es la primera vez que es atravesado por el Hombre como especie en su modernidad, y todo mecanismo tendiente al control y la aplicación de la Salud Pública, que pasa a ser cuestión de Estado, sitúa a diferentes electores del poder en muy diversas cosas, desde buenos gobernantes hasta negacionistas acérrimos, pasando por todo el abanico de las miserias humanas hasta las mejores intenciones, sin embargo, el COVID19, sea salido de laboratorio o especie natural, no reconoce razones, por lo menos las que queremos imponer: no no ser lesivo, ni no lastimar, ni no matar: en su “lógica”, cumple efectivamente su función, y por lo tanto es apto en la evolución.

Juguemos unos segundos con la fantasía, que es una de las formas de la realidad: a Ud. le ha llegado alguna notificación participándolo de una campaña para salvar a los saurios, o lo han invitado para ser un testigo de lujo? A mi no, y supongo que a Ud. tampoco, es más, ninguno de nosotros participaba todavía en la cadena evolutiva. Y el mundo era normal sin nosotros, con su orden lógico y funcionamiento, es más, desde que aparecimos nos hemos especializado tanto en tantas cosas que básicamente somos poco adaptables dentro de la evolución. Y los dinosaurios desconocieron su existencia, en cambio Ud. conoce de la de ellos a partir de sus restos, pero jamás viendo uno entero y funcionando. La historia no tiene huecos, hay espacios de los que desconocemos lo que estaba pasando, y siempre, invariablemente, todo era “normal”, simplemente hasta que un elemento impacta en la cadena de tiempo y la rompe, y ésta vuelve a formarse de otro modo, y el hueco se rellena de una transición, la “nueva normalidad normal”.

Este es el momento de cambios, de cambiar el nicho. Ésta de hoy, aquí y ahora es nuestra nueva realidad, hasta que cambiemos a otra que desearíamos fuera mas conveniente, no sabemos cómo ni cuando llegará. ¿Llegará? ¿Y si llega y no la vemos?. Ahí estará nuestro cambio. Galileo Galilei recibió su perdón de parte del Santo Oficio de la Sagrada Inquisición 500 años después de declarada su herejía, mero dato histórico que no cambió la práctica, solamente que ahora sabemos con base espiritual y no solo científica que en su teoría tenía razón, sin embargo, y a esta altura, ¿Galileo fue necesario?: sin lugar a dudas; Galileo fue imprescindible: evidentemente no.

¿Todo tiempo pasado fue mejor?, a lo sumo habrán tenido vaivenes como el actual, y la incertidumbre siempre es la compañera de estos movimientos, así esperan cómodamente en su nicho los que creen tener certezas absolutas, es una condición necesaria para quien necesita perpetuarse y ser imprescindible. Pero nunca perdamos el foco, de que los cementerios se hallan llenos de imprescindibles, “una nueva normalidad” que dura eternamente.

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