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¡QUE SE ROMPA Y NO SE DOBLE!

Por Gustavo Val. La militancia radical se haya indignada, desorientada, con impotencia e incertidumbre frente a la pérdida de identidad partidaria sintiéndose cómplice de la estafa.

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Vivimos una situación de extrema gravedad en nuestro partido. La militancia se haya indignada, desorientada, con impotencia e incertidumbre frente a la pérdida de identidad partidaria sintiéndose cómplice de la estafa y engaño que sufre nuestro pueblo.

No era difícil anticipar esta situación de infamia. Ya lo decíamos antes de Gualeguaychú. La UCR exhibía su debilidad desde el fin del mandato de Raúl Alfonsín. La falta de democracia interna, debate y propuestas políticas en defensa del interés nacional eran el caldo de cultivo donde se generó el alejamiento del campo popular dando lugar a proscripciones, reacomodamientos parlamentarios e imposición de candidaturas inexplicables para la identidad radical.

Así fuimos manipulados para construir una coalición electoral  en un momento de crisis ante las pretensiones hegemónicas y la manifiesta corrupción de la gestión kirchnerista. Pero esta coalición electoral terminó el mismo día de las elecciones. Mal que nos pese, el oficialismo partidario se ha manifestado y permanecido en la mentira en forma contumaz, convirtiéndose en una sumisa  escribanía parlamentaria del partido del gobierno y sus intereses espurios, dotando de hombres y mujeres de afiliación partidaria a cargos ejecutivos sin autorización de los órganos partidarios competentes.

Así hoy la UCR forma parte de una coalición de gobierno, estableciendo para vergüenza de propios y extraños, una alianza ilegal e ilegítima con la derecha neoliberal y antidemocrática que somete a nuestro pueblo a la indignidad.

Escuchamos y leemos una y otra vez que el gobierno de Mauricio Macri ha fallado en el diagnóstico, que la herencia era superior a lo reconocido, a que hay errores o inconsistencias en las políticas económicas que planifica y ejecuta, que el gradualismo fue un error, que la situación internacional desencadenó las tormentas, etc. Todos los análisis parten de la idea que Macri tenía un plan dirigido a gobernar a los argentinos. Este condicionante no permite ver la única lógica que siempre alimentó los planes de Cambiemos: la predación de todos los recursos económicos de la sociedad argentina en beneficio de los ricos. Utiliza todos los medios a su alcance para lograr su fin: licuación de los partidos políticos, engaño y mentira duranbarbista, mordaza mediática, conspiración judicial, represión e intimidación de la oposición.

El éxito de su gestión es evidente: endeudamiento externo descomunal, destrucción del aparato productivo de la mediana y pequeña empresa, precarización y bajos costos laborales, reprimerización económica, destrucción del estado como garante de equilibrio distributivo, enajenación de los bienes comunes, depredación de los recursos naturales, etc.

La contracara es el sufrimiento del pueblo hambreado y con miedo, sometido a un estado de shock, de miedo sin capacidad de reacción. No hay dudas que se está actuando de forma antidemocrática y en contra de los intereses de la sociedad argentina. Y no es de extrañar que ésta UCR no haya habilitado el diálogo y mucho menos propuestas basadas en su identidad y doctrina para lograr una sociedad más libre y más igualitaria. Este no es el radicalismo, son apenas un puñado de hombres que deciden entre ellos de espaldas a los afiliados y a la sociedad. Los radicales no vamos a ser cómplices de la mentira y el engaño. Los radicales no reconocemos a esta conducción usurpadora que nos entrega a la Oligarquía ni a los liderazgos gatopardistas acomodaticios y funcionales que cacarean una supuesta rebeldía.

La UCR necesita una profunda renovación partidaria, no hay lugar para seguir lustrando “bronces” y creando líneas internas a medida de los egos de dirigentes decadentes.  Los tibios y los pechos fríos son funcionales y cómplices de la degradación y licuación del partido.  Se hace necesaria una acción concreta hacia un nuevo radicalismo. Es necesario empezar de nuevo con coraje y audacia. Con decir No, no alcanza. Hay que decir con claridad y contundencia: ¡Basta!

El tiempismo y el cálculo político nos hacen permanecer en la catarsis permanente y a la defensiva. Seguir como zombies nos lleva una y otra vez a no valorar la práctica de los hechos políticos, a recorrer los mismos itinerarios frustrantes y solo nos conduce a actuar funcionalmente para mantenernos en el laberinto de la organicidad y a someternos al destino de, en base al voluntarismo conformista sin ambición de poder real, formar parte de la escena política como un coro que mantiene en la memoria ciertos valores ya difusos declarando nuestra muerte política.

Solo un radicalismo que resurja de las entrañas populares, renovado y estructurado al calor de su doctrina, reivindicando la Causa de los Desposeídos que nos dio origen y la Intransigencia que marco nuestra ética y razón de ser, logrará convocar manteniendo su identidad a la convergencia de las fuerzas populares a un destino de libertad e igualdad en el camino de la reparación nacional.

Recuperemos el debate y la democracia interna, prácticas propias de nuestro ADN radical, alejándonos de autoritarismos proscriptores y prebendas caciquiles de “mesas chicas”, dando lugar a una profunda renovación que termine con los liderazgos claudicantes y decadentes, imponiendo un grito de la militancia que estremezca a todos los radicales a lo largo y ancho del país. Haciendo que cada ateneo, comité, agrupación, corriente o grupo haga escuchar su voz indignada para que la UCR vuelva al Pueblo. Los fuertes de espíritu gritamos hoy más que nunca: ¡QUE SE ROMPA Y NO SE DOBLE!

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