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Puertas adentro, el Gobierno admite que se vienen los meses más complicados y que lo peor no pasó

Es por la pérdida de poder adquisitivo frente a la suba de precios. Los sectores más afectados. Los planes para la contención.

Por Eduardo Paladini, extraído de Clarín

Hablan de una panza. Y como la describen, sería boca abajo. A su modo, en el Gobierno reconocen que lo peor no pasó. Que vendrá un bajón económico y social en los próximos meses, en particular entre agosto y octubre, por el desfasaje entre una inflación aún muy alta y salarios que corren de atrás.

"Esa pérdida del poder adquisitivo va a resentir el consumo y el comercio. Y el freno a la obra pública, más un rubro inmobiliario desacelerado, pegarán en un sector medio-bajo del empleo, la construcción", analiza ante Clarín uno de los funcionarios que sigue día a día esas variables. Es lunes, anochece, y a la salida del edificio donde tiene su oficina se ve gente preparándose para pasar la noche a la intemperie.

En el Gobierno parecen haber tomado nota de los costos de haber abusado y errado con una de las frases de cabecera del presidente Mauricio Macri. Este mismo miércoles, en un reportaje radial, el jefe de Gobierno, Horacio Rodríguez Larreta, eludió la respuesta binaria cuando el periodista Luis Novaresio le preguntó justamente eso: ¿Lo peor ya pasó?

También en el oficialismo se habla más descarnadamente de los errores propios. Macri abrió la puerta a la autocrítica pública en el acto por el 9 de julio en Tucumán. El tema volvió esta semana en la reunión de Gabinete económico que coordina el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne. "¿Qué hicimos mal? Querer bajar la inflación más rápido de lo que se podía. Para eso se generó una bola infernal de Lebacs y se volvió muy difícil de manejar", evaluó uno de los funcionarios que participó de esa catarsis.

Federico Sturzenegger, el ex titular del Banco Central, es el nombre que más se repite a la hora de explicar por qué la crisis internacional pegó mucho más fuerte acá que en otros países de la región. El autoflagelo termina ahí. Los ministros evitan la incomodidad de recordar que el principal sostén de Sturzenegger fue el propio Macri.

En ese baño de realidad, en la Casa Rosada hacen un diagnóstico heterogéneo sobre la situación económica actual. "No hay crisis de empleo privado ni despidos masivos. Eso lo marcan los aportes de las empresas y trabajadores. La única caída real, importante, es la del empleo público. En estos dos años y pico la planta se redujo en unas 30 mil personas y en lo que falta, al congelarse los ingresos, por las jubilaciones habrá 12.000 puestos menos", detalla una fuente oficial.

Un panorama similar describía días atrás ante este diario el representante de un grupo de empresas extranjeras en Argentina. Analizó: "Los problemas son por sectores. Hay empresas de primera línea que vienen aumentando sus ventas este año por encima de la inflación y otras que se caen. Pero no vemos una crisis extendida. Los dueños de algunas compañías están sorprendidos por el pesimismo de ciertos medios, que hablan de una realidad que no es". ¿Revival K?

Una de las dudas de esos empresarios hoy es hasta cuándo durará la incertidumbre y el freno de la economía. Algunos parecen coincidir con que a fin de 2018 empezarían a verse señales positivos. Otros son más pesimistas: "No hay recesión en Argentina que dure menos de un año".

En cuanto a los sectores afectados, además de construcción y comercio, el Gobierno prevé problemas en la industria, sobre todo el automotriz: "Depende casi exclusivamente de Brasil y si Brasil cae, va a pegar. Eso se te combina con un tema tecnológico. Hace poco, una automotriz reemplazó una línea de producción, más robotizada. Y donde necesitaban 90 personas, ahora necesitan 14". En paralelo, contrastan lo previsible: "Con la devaluación, repunta el turismo local y el agro está de vuelta arriba. Así lo muestra la siembra de trigo".

El frente social y la contención


Respecto al impacto en el bolsillo, en Nación detallan dos canales para atenuar la caída. Por un lado, las cláusulas de revisión de paritarias que habilitó el Gobierno, que llevarán el techo promedio de subas salariales del 15% al 25%. Como son escalonadas, servirían para ir acompañando una inflación que aún debe digerir nuevos aumentos de tarifas y la devaluación del dólar. Habrá pérdida de capacidad de compra, pero será progresiva.

Las otras medidas se vinculan a los sectores más vulnerables. Por ejemplo, refuerzos de subsidios que manejan el Ministerio de Trabajo y Desarrollo Social. Algo se eso les anunciaron a los piqueteros en la última reunión, semanas atrás, para adelantar subas previstas originalmente para fin de año. Los movimientos sociales lo consideraron "insuficiente". Siguen negociando.

En paralelo, María Eugenia Vidal, que maneja el distrito más sensible, anunció refuerzos de planes alimentarios para la base de la pirámide. Otro paliativo para morigerar el impacto de la crisis en los próximos meses. La gobernadora también entiende que lo peor no pasó.