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¿Puede la inflación hundir al kirchnerismo?

* Por Fernando Laborda. A menos de siete meses de las elecciones presidenciales, entre los múltiples interrogantes que rodean el escenario político, muchos se preguntan en qué medida afectará al kirchnerismo el alza de precios.

En las últimas horas se conoció que la Argentina es el país de Sudamérica con mayor inflación después de Venezuela, tomando las mediciones del aumento del costo de vida efectuadas por consultoras privadas a lo largo del primer trimestre del año.

En estos días, también, los argentinos podemos advertir el encarecimiento de los productos típicos para la celebración de la Pascua, con subas de hasta el 50% en el kilo de filet de merluza con respecto a un año atrás en algunas zonas de la Capital Federal.

Fuera de los consumos estacionales, los precios de las viviendas escrituradas se han incrementado en un año el 21%, según los datos del Colegio de Escribanos de la Ciudad de Buenos Aires.

Pero distan de ser éstos los únicos indicadores de la inflación. Por ejemplo, quien esté proyectando una fiesta de casamiento o de quince años para fines de año sabe que nadie le garantizará el precio del salón de fiestas o del catering por tanto tiempo, a menos que lo abone por adelantado. Sólo esto nos brinda una pauta del aumento de las expectativas acerca de un crecimiento de la inflación.

La respuesta que dan analistas económicos al interrogante sobre el efecto político de la inflación en este año electoral es que, en virtud de la lógica de la negociación salarial actual, con aumentos cercanos al 30 por ciento, es probable que ese problema no termine afectando tan negativamente al Gobierno entre los asalariados antes de las elecciones de octubre.

Claro que el problema golpeará mucho más a quienes viven del trabajo informal e incluso a quienes en el sector formal tienen salarios más elevados, puesto que un porcentaje no menor de los aumentos en sus haberes queda en manos del fisco, por la vía de los descuentos que implica el impuesto a las ganancias.

Sí es probable que la inflación castigue más al oficialismo si la ciudadanía percibe que el Gobierno le miente. El costo de manipular las estadísticas del Indec, en tal sentido, ha sido y es contraproducente para el kirchnerismo, en la medida en que la población puede armar su propio índice, el índice del changuito, que fue revalorizado hasta por un aliado del Gobierno como el propio secretario general de la CGT, Hugo Moyano.

Economistas independientes del Gobierno admiten que el más grave problema que trae aparejada la inflación es el hecho de que las autoridades nacionales se nieguen a reconocerla como problema.

Esta situación se advierte en el discurso de la presidenta Cristina Kirchner, quien da a entender que las razones de la inflación son estructurales y se vinculan casi exclusivamente con la presencia de sectores monopólicos u oligopólicos, y con comportamientos empresarios relacionados con una mezquina intención de apropiarse de toda la rentabilidad. La forma de combatir esto es el garrote del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno.

También según el diagnóstico oficial, hay una motivación de la inflación vinculada con las expectativas de la población. La manera de enfrentar este problema es la disimulación del aumento del costo de vida con estadísticas falsas.

Por supuesto, hay otro diagnóstico sobre la inflación, diferente del oficial. Es el que apunta que sus motivos son monetarios y que guardan relación con el desequilibrio entre demanda y oferta. Las razones monetarias tienen que ver con el uso cada vez más extendido de las reservas del Banco Central para financiar gasto público o deuda, y con el aumento del circulante. El otro problema pasa por el incentivo del consumo de determinados bienes que no tiene un correlato en el aumento de su oferta, fundamentalmente por falta de reglas claras, de seguridad jurídica, de aliento a la inversión y la producción, y por trabas al comercio exterior.

Independientemente de que el problema de la inflación no estalle socialmente antes de los comicios de octubre, analistas económicos sostienen que si el Gobierno sigue creyendo que se lo puede combatir a los gritos o amenazando a consultoras privadas que miden el incremento de los precios al consumidor de manera más confiable que el Indec, el proceso inflacionario tenderá a profundizarse y comprometerá gravemente a la próxima administración nacional, sea ésta kirchnerista o de otro signo político.