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Paloma y Josué: un año sin saber qué pasó

El 30 de enero del año pasado, Paloma Gallardo y Josué Salvatierra habían salido de sus casas en Florencio Varela con la excusa de ir al gimnasio, aunque en realidad noviaban en secreto y querían estar a solas. Sus familiares ya no los volvieron a ver con vida. Dos días después, sus cuerpos aparecieron en un descampado cercano, asesinados a golpes.

 

El doble crimen conmovió a la zona sur del conurbano bonaerense y a buena parte de la prensa nacional. Hay actuaciones policiales y un expediente con una investigación a ciegas que, a 12 meses del hecho, sigue sin responsables ni pruebas firmes sobre el porqué de las muertes.

La última línea de investigación se dirigía a dos vecinos, mencionados por alguien en la causa, que viven a unas 15 cuadras de las casas de Paloma y Josué. “Pero tan endeble era la prueba, por no decir que no tenían nada”, explicó una fuente cercana a la investigación. Lo único que se consiguió al respecto fue una filmación en la que se ve a uno de ellos volviendo a su domicilio sin objetos en las manos ni manchas visibles, algo con lo que no se puede sostener acusación alguna.

Un capítulo fallido más para un crimen estancado y mal investigado desde el inicio. La actividad judicial estuvo marcada por múltiples líneas de investigación falsas que no prosperaron en ningún momento.

La principal y más seria hipótesis apunta a un ataque vinculado a un robo, y no se descarta un crimen cometido para ocultar ese delito. “No hay nada más que dos chicos muertos por violencia desmesurada, que no explica nada”, describió la misma fuente judicial cercana al caso.

Durante los primeros meses, cuando la atención de los medios era constante, la mira estuvo puesta en personas en situación de calle que frecuentaban la zona del descampado donde aparecieron los cuerpos (los “fisura” de la zona). De los registros de Desarrollo Social de la municipalidad surgieron seis nombres, algunos con antecedentes menores, como hurtos o robos. Pero esta línea fue descartada, ya que ninguno de ellos tuvo relación con las víctimas.

Otra hipótesis, que fue perdiendo fuerza, involucraba a la congregación evangelista “Familias Sanas”, que funcionaba a 60 metros del lugar del hallazgo. El galpón fue allanado y se secuestró un teléfono celular para peritar. Sin embargo, el análisis fue negativo. También se sospechó de un pastor cercano a la familia de Paloma, quien se ausentó del barrio durante los días de rastrillajes. A eso se sumó su relación cercana con el padre de la adolescente y el cierre repentino de sus redes sociales, lo que generó dudas en el entorno familiar de Josué.

El pastor, cuyas iniciales son J. P., fue llamado a declarar ante la Justicia y solo contó su vínculo de amistad con los padres de la menor asesinada. No aportó ningún dato de interés sobre el crimen ni sobre posibles sospechosos. Según pudo saber este medio, pese a que no hay nada que lo vincule con el hecho, continúa bajo sospecha.

El expediente tampoco pudo sumar pruebas a través de las pericias. Las muestras de ADN recabadas en la escena del crimen y en las prendas de los chicos no coincidieron con ninguno de los investigados. En tanto, el análisis de las redes sociales de Paloma y Josué solo permitió reconstruir sus movimientos previos a la desaparición.

En medio de la tragedia, hubo momentos de tensión entre los familiares de las víctimas, que sostienen hipótesis enfrentadas sobre lo ocurrido. Omar, padre de Paloma, afirma que el hecho podría estar relacionado con su actividad como pastor y su lucha contra las drogas. La hermana de Josué, Julieta, sostiene que se trató de un ataque premeditado y cuestiona las declaraciones del padre de Paloma.

Actualmente, el caso está en manos del fiscal Darío Provisionato, titular de la UFI N°1 descentralizada de Florencio Varela. Cabe recordar que el expediente cambió de fiscalía durante las primeras semanas. Hernán Bustos Rivas, de la UFI N°5 del mismo distrito, se apartó tras denunciar amenazas por parte del abogado de la familia Salvatierra, Carlos Diéguez. Por ese hecho se abrió una causa judicial paralela por coacción, que aún espera fecha de juicio.

Semejante crimen, cometido contra chicos tan jóvenes, invita a la reflexión. Más allá de cualquier polémica, es momento de que los padres se ocupen seriamente de sus hijos, porque de lo contrario seguiremos hablando de tragedias como la de Paloma y Josué...

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