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Hijos del rigor: irresponsabilidad de pocos, peligro para todos

Una parte de la población, todavía pequeña, no tomo cuenta de la gravedad de la pandemia que atemoriza al mundo.

¿Argentina debe declarar el estado de sitio por el coronavirus?




El brote de coronavirus suma día a día más casos en la Argentina. Aunque en su mayoría se traten de personas que habían viajado al exterior, el riesgo inminente del comienzo de una circulación local de la enfermedad preocupa a todos.

Y más al Gobierno, que se juega una de sus últimas cartas al accionar la cuarentena obligatoria para toda la ciudadanía, salvo algunas excepciones. Solo le quedan pocas medidas más restrictivas, como el toque de queda o el estado de sitio, que se pueden aproximar si se siguen repitiendo los hechos de grave irresponsabilidad de algunos estúpidos que no han tomado dimensión de la gravedad de la enfermedad y, además, de la fragilidad del sistema hospitalario.

Hora tras hora vemos en los medios de comunicación cómo se repiten los casos de personas que violan la cuarentena, incluso aquellas que debían cumplir con el aislamiento por haber viajado a países con alta circulación del virus.

Algunas historias particulares: jóvenes que asisten a fiestas con hasta 100 invitados luego de haber regresado al país, el embotellamiento en las entradas a las localidades balnearias a horas de decretarse la cuarentena general, un chico con coronavirus que toma un buque junto a otras 400 personas ocultando su condición de enfermo, los cientos de detenidos por salir a la calle a pesar de la prohibición.

Y hay más: los 30 mil argentinos que dejaron el país –según datos de Migraciones- entre el 13 y el 19 de marzo, en la última semana previa a la decisión de declarar la cuarentena obligatoria, aunque ya se recomendaba evitar salir de casa.

Y por último, las personas que decidieron irse de vacaciones al exterior en los últimos días, aunque ya se conocían varios casos en nuestro país y en otros lugares de la región –como Brasil y Chile-, y que ahora piden a la Argentina que los repatrie, agotando recursos necesarios para otras personas que realmente necesitan regresar a país y cuya situación es desesperante.

De todas formas, los que incumplen con la cuarentena son –todavía- una pequeña parte de la sociedad. La cantidad de pasajeros en el transporte público disminuyó drásticamente. Pero esos pequeños grupos ya serían suficientes para hacer estallar el brote de coronavirus en el país, siendo una enfermedad altamente contagiosa, más en una población con altos números de pobreza y de difícil acceso a elementos de higiene. Y no olvidemos de contar la frágil situación del sistema de salud en Argentina, que plantea ciertas dudas sobre la posibilidad de hacer frente a una multiplicación de enfermos, a pesar de la buena voluntad de los funcionarios y los trabajadores.

Poco queda para hacer para el Gobierno frente a la epidemia de pelotudos, cuya irresponsabilidad es una clara muestra de egoísmo y de desprecio por el otro. Son, como se dice comúnmente, hijos del rigor, una cultura que lo único que provoca es sumar gastos al operativo de contención frente al coronavirus, en una economía argentina que no tiene excesos de recursos. La filosofía de vida de los “A mí no me va a pasar” y los “A mí nadie me va a decir lo que tengo que hacer” hace mucho daño y las autoridades no pueden estar detrás de ellos vigilándolos como niños chiquitos.

Ante una grave pandemia, el sentido común indica que no debemos salir de casa más allá de lo permitido y de las prohibiciones establecidas. Así, no sería necesario tener que andar denunciando violaciones a la cuarentena y movilizar a fuerzas de seguridad en todo el país para detener a estos irresponsables. Esperemos que el Gobierno no tenga que hacer uso del estado de sitio y que la situación no revista gravedad. Así es difícil.

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