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Femicidio: al crimen nunca se lo debería justificar pero siempre procurar entenderlo

Por Carlos Mugrabi. Durante la pubertad y la adolescencia se establecen los criterios que rigen las posturas individuales referidas al género sexual y a la relación con el otro.

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La frecuencia en la comisión de este tipo de delito se mantiene inmutable; y hasta pareciera aumentar. Esto último acontece a pesar de las campañas para combatirlo y de la amplia difusión de estos en los medios informativos.

Para ubicar las causas de esta clase de muertes se debe captar cómo se constituyen los comportamientos humanos. Tenemos que preguntarnos cómo se llegan a constituir las conductas de las personas implicadas en un femicidio.

Durante la pubertad y la adolescencia se establecen los criterios que rigen las posturas individuales referidas al género sexual y a la relación con el otro.

El vacío educativo, formativo y familiar en esta materia, lo sitúa al futuro femicida a merced de estrechas nociones impulsivas. Por otra parte, tal vacío educativo, a la futura víctima del femicidio, la coloca en la misma posición que una criatura jugando con un arma cargada.

El femicidio representa la tragedia, el desencuentro de al menos dos que ignoran -la víctima y el victimario- los valores que se deberían promover en las relaciones de pareja.

La herencia humana adolece -a través de todos los tiempos- de un defecto crónico: se recibe el bien en sí mismo, pero no se transmiten y recrean adecuadamente las condiciones para producirlo.

De este modo, los "beneficiarios" de la herencia desconocen, son incapaces de tener en cuenta, cómo se construye el bien en una relación.

El bien heredado -a través de milenios de historia humana- es el indiscutible erotismo; y lo que está salteado es el trabajo que lo valida. Esta combinatoria, según los niveles de gravedad en el desconocimiento, es lo que desemboca en un femicidio. El erotismo es un bien, pero por sí solo no alcanza.

En psicoanálisis Eros (ligado a la satisfacción) y Tánatos (ligado al trabajo) representan una alegoría para explicar la buena conducta gregaria. Eros es el bien y Tánatos aquello que lo produce. Las sociedades débiles solo recurren a Eros (Satisfacción) y rechazan a Tánatos (Trabajo). Las nefastas consecuencias no tardan en manifestarse.

La escena erótica que no se fundamenta en el arduo trabajo que requiere la relación humana se torna volátil y, ante un conflicto -menor o mayor-, la agresión no se hace esperar. Palpablemente, la cultura social aún no cuenta con suficientes criterios pedagógicos para contrarrestar el vacío formativo que comienza en la pubertad y la adolescencia.

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