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Vicentín, tortillas y mondongos

Psicopatía colectiva. Gorreada de “servilletas”. Digna tendencia hacia las causas perdidas.

escribe Oberdán Rocamora
Redactor Estrella, especial
para JorgeAsísDigital

La patológica monotonía de la peste alterna con el pedaleo inagotable de la deuda.
La peste y la deuda son gemelas en el método de postergar las definiciones hasta el infinito.


La medianía fue interrumpida por el anuncio de la expropiación improvisada de Vicentín.


Se agregaba a la insuficiente ofensiva sobre los “servilletas” de inteligencia, en los años del macrismo.
Transformó al espionaje en el divertimento de las agencias con profesionales de verdad.

 

Atributos de la psicopatía colectiva

 

Vicentín no es una tasca gallega especializada en tortillas y mondongos. Como el Vicentín de La Coruña.


Es la empresa cerealera del norte de Santa Fe. De origen romántico, familiar. Exportadora de granos molidos y de aceites varios.


Últimamente fue gestionada por patriotas situados en la proximidad del delito.
Próceres desviacionistas que le debían a cada banco un tesoro.
Tergiversadores de créditos que agigantaron el endeudamiento.
Con pases de magia para legitimar la fuga del efectivo hacia la nube espiritual del misterio.


Pero el anuncio de la estatización fue tan catastrófico que los patriotas en convocatoria, capacitados para fundirse, pasaron a ser emblemas de la iniciativa privada.


Adalides de la libre empresa. Héroes de Ayn Randt para celebrar con Vargas Llosa y Aznar en la Fundación Libertad de Rosario.
Víctimas de los autoritarios de la Revolución Imaginaria, que arrastran al país a “ser Venezuela”.

 

La pifiada de la estatización de Vicentín (tortillas y mondongos) pulverizó el mito de buen comunicador que tenía Alberto Fernández, El Poeta Impopular.


Fantasía que simula, u oculta, la inexistente política de comunicación del gobierno que nominalmente preside.


Sin claridad estratégica El Poeta se introdujo en el entrevero del que no puede rescatarlo el gobernador Omar Perotti.
El Lole II, Perotti, movilizó la idea superadora de recular en chancletas.


Pero resulta imposible, a esta altura, salir con pose elegante. Un juez de Reconquista los embocó sin piedad.


Entonces la oposición macrista, que venía arrinconada por el papelón de los “servilletas”, gracias al escenario de la confusión logró revivir.


Incorporarse a la pueblada de protesta que revivía el conflicto de 12 años atrás, aunque en versión grotesca.


Hasta Mauricio Macri, el Ángel Exterminador, sintió que podía recuperarse por los errores del doctorismo.


Para salvarlo a Alberto del papelón, correspondía responsabilizar a La Doctora de la expropiación del mondongo.


Atributos instalados de la psicopatía colectiva.

 

Gorrear servilletas

 

Por segunda vez en el siglo, el kirchnerismo (en versión doctorista) gorrea a los antecesores en el arte maltratado del espionaje.


La vocación por la gorra fue utilizada por el extinto Néstor Kirchner, El Furia.
Cuando Alberto era Premier y procuraba imponer al Furia como máximo exponente de la decencia administrativa.


Gorrearon al olvidado Fernando de Santibañez. Señor 5 del extinto presidente Fernando De la Rúa, El Traicionable.


Juntos, el Señor 5 y El Traicionable debieron sentarse los lunes, durante tres años, en la banqueta humillante de acusados. Sala de Comodoro Py.


Los acompañaban cuatro senadores peronistas (gorreados que pusieron punto final a sus carreras).
Otro senador, radical, estuvo ausente. Prefirió pegarse un tiro.
Incendiados, todos fueron tardíamente absueltos.


En 2020 el doctorismo gorrea al espionaje más idiota de la historia. Con esperanza de encanarlos y devolver gentilezas.


La Cooperativa de Crédito de 25 de Mayo 11 fue copada por pichis y cuentapropistas que hoy son motivo de jolgorio entre la nutrida diplomacia de “servilletas”.


Representan a servicios de inteligencia de verdad. Con estaciones en Buenos Aires que ni tienen relación con los pares argentinos.


No son confiables. Ni profesionales. «Terminan en los diarios».

 

Zozobra de causas perdidas

 

Elegido por La Doctora para ocupar el rol de presidente, Alberto es, en simultáneo, el elegido por los adversarios para emanciparse de La Doctora.


La relación de La Doctora con Alberto está condicionada por la ilusión que estimulan sectores de la sociedad con Alberto.


La contradicción multiplica los niveles de psicopatía colectiva.
Transcurre, luego del aburrimiento de la quietud, el turno de la zozobra. Entendida como una manifestación de intranquilidad o congoja.


Por la épica envolvente que transmite la diabólica mujer que se lleva al peronismo por delante.
La que “va por todo” y es derrotada siempre.


En la reproducción de zozobra La Doctora marca la diferencia.


Graves cruzadas, tan justas como enaltecedoras, que desembocaron en dignas causas unánimemente perdidas.


Habilidad para la instalación del planteo. Natural incapacidad para definirlo.
Conflicto engañoso del campo (que revive el mondongo de Vicentín).
Epopeya del 7-D contra Clarín. Nacionalización enojosa de YPF. Combate cuerpo a cuerpo contra los fondos buitres.


Episodios que proporcionaron conmovedores momentos de zozobra y la obligaron a besar la alfombra.


Para Zorba el Griego, lo importante era sentirse vivo. Aunque terminara con el baile en medio de la destrucción. En la playa.

 

Siempre suelen ser entretenidos los ciclos en que La Doctora gobierna.
Aunque de manera indirecta, como hoy. A través del Poeta Impopular que mantiene el formato del lienzo de cáñamo.


Ideal para ser pintado. O por estar impecablemente pintado.

 

La peste justifica el fracaso

 

La lucha contra la peste legitima el desmoronamiento de la economía que exhibía, desde antes de la peste, signos de quebranto. Como el mondongo de Vicentín.
Pero la proximidad del default no termina nunca de definirse. Sólo se posterga.

La peste tal vez no atrae votantes. Pero justifica el fracaso.
El manejo de la peste resultó fundamental para la admirable trepada de Alberto en la consideración popular.


Aunque desde hace 50 días el encierro compulsivo dejó de ser una herramienta.
Se transformó en una forma de gobierno de relativa eficacia.


Un Estado Protector de Sitio.
Un totalitarismo, sí, pero siempre por un motivo razonable.

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