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Una ficción cerebral

Por Mario Vestfrid* Hay países que están padeciendo graves situaciones políticas, donde la religión juega un rol central y tal vez determinante en el futuro de esas naciones.

Para la neurociencia, la libertad o la voluntad de ser libres es una ficción cerebral. Los hombres se equivocan si piensan que son libres.


Indudablemente, ante ello surgen grandes interrogantes: ¿Cuáles son sus causas? ¿Qué repercusión van a tener en el futuro de dichos países? ¿Cuál será la influencia de la religión en su evolución política?

Cualquier integrante de esas sociedades, ante una simple pregunta, nos responderá: Queremos ser libres. Sin embargo, uno rápidamente se pregunta: ¿Qué es la libertad y qué es ser libres?

Para la neurociencia, la libertad o la voluntad de ser libres es una ficción cerebral. Los hombres se equivocan si piensan que son libres. Su opinión se forma a partir de la conciencia que tiene de sus propias acciones y de la ignorancia de las causas que la determinan. Es por ello que la idea de libertad es simplemente una consecuencia de su ignorancia sobre las causas que dan lugar a sus acciones.

Cada uno de nosotros creemos tomar decisiones que nos parecen libres y por ende sentimos que estamos en plena libertad. Es aquí donde vuelve a surgir un nuevo interrogante ¿Qué es la realidad?

Cada individuo, cada cerebro, crea su propia realidad. Como consecuencia de ello hay tantos mundos o realidades como cerebros existen en la naturaleza. El cerebro construye una visión muy deformada del mundo real y esto es una consecuencia de que nuestros sentidos nos engañan. La realidad es una ilusión y en general se impone el pensamiento más profundo, el más arraigado en la memoria, el que aprendimos cuando fuimos más pequeños.

Frente a esta disyuntiva debemos tener en cuenta al menos cuatro factores que influyen notoriamente: la educación, el sistema político, las doctrinas religiosas y el entorno u origen sociocultural.

UNO POR UNO

La educación.- Cada experiencia de aprendizaje modifica el cerebro y esa modificación es la que los neurocientíficos denominan plasticidad cerebral. No hay aprendizaje sin cambio, por eso cada cerebro es distinto día a día en el transcurso de su vida. Cada uno de nosotros somos distintos a medida que pasa el tiempo y diferentes por consecuencia de todo el resto de los habitantes del mundo. Esta es la causa por la cual la educación juega un rol fundamental en la construcción de cada uno de nuestros cerebros a pesar de que en los primeros tramos del proceso educativo, en cada una de las sociedades, el aprendizaje es similar para todos.

En tal sentido, Galileo Galilei (1564-1642) decía "... yo no puedo enseñarle nada al hombre, yo sólo puedo ayudarlo a descubrir su sabiduría que tiene en su interior". Por su parte Emilio Durkheim (1958-1917), sostenía que "... La educación es la acción ejercida por las generaciones adultas sobre las que todavía no están maduras para la vida social".

Como podemos observar en el proceso educativo intervienen dos actores, por un lado el docente y por el otro el alumno. Tanto uno como otro tienen su propia realidad y por ende una forma de interpretar lo que es la libertad.

El sistema político.- El sistema político de cada país establece las pautas o normas de cómo debe ser el sistema educativo. Aquí no sólo juega un rol preponderante cómo se quiere llevar adelante el proceso de educativo sino con qué se va a lograr el objetivo. Para lograr ello, surge una palabra, muy usada, manoseada, que es el presupuesto educativo. En síntesis, cuánto dinero se le va a destinar a la enseñanza. En general los presupuestos destinados a la educación en nuestros países no son lo demasiado generosos para llevar adelante una educación de calidad, sin deserciones y que cubra o llegue a la totalidad de los niños y adolescentes en forma igualitaria. Uno podría decir que la educación en los primeros tramos es un derecho indelegable, mientras que en lo que se conoce como enseñanza superior más que un derecho del individuo es una necesidad que la sociedad tiene de contar con los profesionales que se requieren, en cantidad y calidad.

Como vemos el sistema político es determinante en la formación de los educandos y que estos puedan aprender con la mayor libertad posible debido a sus realidades diferentes. Todos sabemos que en los sistemas políticos democráticos podemos reclamar nuestros derechos, el derecho a aprender, pero esto no nos asegura que vayamos a gozar de la plena libertad para ello.

Las doctrinas religiosas.- Las religiones se mueven por dogmas, es decir, las cosas son así porque sí y por ende deben ser aceptadas como están propuestas. Esto colisiona no sólo con cada individuo sino con la ciencia misma. Mientras que para esta última la verdad nunca es absoluta, final ni definitiva, para la religión las verdades son absolutas, dogmáticas y no refutables.

Es en este aspecto donde la realidad y la libertad personal al aprendizaje se ve totalmente obstaculizada y/o influenciada por las doctrinas religiosas. No sólo el aprendizaje pierde su cuota de libertad sino que se generan realidades diferentes, pero con una tendencia a ser muy similares entre aquellos que profesan esa determinada doctrina religión.

El entorno u origen sociocultural.- El cuarto factor a tener en cuenta es la dimensión cultural que nos permite comprender las diferentes formas de convivencia tanto individual como colectiva.

Esta diversidad puede llevar al conflicto entre grupos culturales, a veces apoyada en motivos religiosos y puestos al servicio de intereses políticos y económicos. Es aquí donde debemos plantearnos la cuestión de si la libertad tiene que ver algo con la cultura propia de cada uno de los pueblos y con el modo en que se relacionan las mismas entre sí.

CONCLUSIONES

Los seres humanos tenemos personalidades propias que nos hacen a cada uno diferente e irrepetible lo cual determina en buena medida el destino de cada uno de nosotros y en tal sentido, la personalidad no es más que el resultado de nuestra individualidad. Esto determina el rumbo de cada individuo, de tal manera que en la actualidad se considera que tanto la realidad como la libertad no son más que una interpretación que el cerebro de cada persona realiza de su entorno de acuerdo al aprendizaje que ha recibido, es decir, que tanto una como otra (realidad y libertad), es una ficción de nuestro cerebro.