DOLAR
OFICIAL $816.08
COMPRA
$875.65
VENTA
BLUE $1.18
COMPRA
$1.20
VENTA

Un gesto de racionalidad

La Presidenta tuvo una actitud prudente al diferir un nuevo anuncio del Programa Estratégico Alimentario PEA, que por su importancia debe gozar de un amplio consenso entre productores y entidades.

La Presidenta hizo un loable homenaje a la prudencia al postergar, hasta después del 14 de agosto, la presentación del Plan Estratégico Agroalimentario y Agroindustrial (PEA), que ya había anunciado hace aproximadamente un año en Olivos. Un lanzamiento de esas características –incluye a 24 sectores con sendos planes de desarrollo hasta 2020– requiere un amplio consenso para su ejecución, por encima de cualquier bandería y etapa de gobierno.

De haber consumado el anuncio, hubiera vuelto a incurrir en la recurrente política de prometer en medio de presiones, extorsiones, venganzas contra enemigos reales o imaginarios, nieblas y tinieblas sobre los dineros públicos.

No obstante, al suspendido acto sobre el PEA se agregó la torpe excusa de que Córdoba había sido excluida de manera involuntaria del programa de exportación de trigo, pese a ser nuestra provincia la segunda productora en el país de ese cereal. La omisión fue atribuida, por supuesto, a la ineficiente tarea de los equipos de prensa del Ministerio de Agricultura.

Los argentinos ya perdieron la cuenta de las promesas de este Gobierno. Por caso, la repatriación de los 560 millones de dólares que Néstor Kirchner recibió de Carlos Menem​ y Domingo Cavallo​ como bono extra por su decisiva intervención en la privatización de YPF. El tren bala sigue su viaje hacia la nada, donde recalaron también los 22 mil millones de dólares de proclamadas inversiones chinas.

¿Y el harto anunciado programa que transformaría a los inquilinos en propietarios? Eso sí, con discreción conmovedora, en ocho años de kirchnerismo, y sin anuncio oficial alguno, se construyeron decenas de casinos suntuosos y se importaron millares de máquinas tragamonedas para ser instaladas en las salas de juego.

Humo también fueron los difundidos planes de autos y taxímetros para todos, bicicletas para todos, canastas navideñas para todos, lámparas de bajo consumo para todos, merluza para todos, cortes de carne vacuna y porcina para todos y la marketinera "reforma política" (eliminación de las listas sábana, voto electrónico y transparencia en la financiación partidaria) y tantas otras promesas para todos y realidades para pocos.

Por cierto, Kirchner prometió una equitativa coparticipación federal a las provincias, pero en la práctica la bajó del 34 al 25 por ciento, y anunció un "proceso de eliminación de las retenciones a las exportaciones", que no se cumplió.

De todos esas promesas –apenas un muestrario de un listado interminable–, lo que más lamentan los argentinos es que no se haya cumplido con el mejor de los compromisos del ex presidente: ponerles "trajes a rayas" a los corruptos.

Quisiéramos creer que la prudencia comenzará a guiar la política oficial para no generar esperanzas que terminan luego en enormes frustraciones colectivas.