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Sofía Gala, explosiva: “Yo estaba sexualizada a los 15 y no sentí como abuso tener sexo con un hombre de 40”

La actriz habló de todo: su adicción a la cocaína, la bisexualidad, el patriarcado y su particular relación con Fernando Peña.

Sofía Gala estrenó look masculino en PH y la masacraron en las redes sociales

En el marco de una entrevista para Clarín, Sofía Gala habló de todo con su toque de irreverencia característico y no se guarda absolutamente nada. 

“Mi canal expresivo es la interpretación –la remera rockera, el pelo corto, la piel muy blanca–. Veo una película y entiendo todo, más allá de la historia: la luz, la cámara, los planos. Es una forma de entrar en algo que amás y que admirás, y que también tiene sus riesgos. Con la interpretación, con el cine, con el teatro, acepto saber, estar más involucrada, ganar y perder cosas”, dice Sofía. 

Actriz, treinta y dos años, una nena de once y un nene de cinco. Hace rato que hizo méritos para ser mucho más que la hija de Moria Casán y el comediante Mario Castiglione. Por estos días protagoniza dos películas que están a la altura de lo más interesante que puede proponer el cine argentino: "La sabiduría", en la que encarna a una joven que viaja al campo con sus amigas y se encuentra con la peor cara del machismo; y El cuidado de los otros, una trama con reminiscencias a La mujer sin cabeza (Lucrecia Martel), que la tiene como niñera involucrada en un drama familiar.

Con tu carácter rebelde podrías haber elegido un camino distinto al que te tocaba por herencia. ¿Cuándo decidiste que ibas a ser actriz?

Siempre actué –gira el mate y empieza a cebar–. Tengo videos donde estoy haciendo la obra de mis papás, de memoria, cuando tenía dos años. En la adolescencia, cuando divisé qué significaba ser famosa sin haberlo elegido, me fui un poco para atrás. Me enojé con mi mamá, con la prensa, conmigo. Hasta que a los dieciséis me hice amiga de Fernando Peña y él me despertó.

¿Cómo te despertó?

Me mostró cosas de mí que yo no podía ver. Escribió la obra "Yo chancho y glamoroso" para que yo la protagonizara. Confiaba en mí y eso me dio fortaleza y seguridad para seguir. Lo mismo me pasó con Eliseo Subiela o con Norma Pons. En mi vida encontré gente con la que me pude aliar y de la que pude aprender.

¿Te preocupa no gustarle a todo el mundo?

Para nada –dice y sorbe de la bombilla–. Me encantan las críticas, me hacen bien. Y además es importante no gustar siempre. No todos tienen el canal expresivo abierto o el canal expresivo que se abra a lo que vos estás ofreciendo. No sos ni mejor ni peor. Pero muchos artistas son demasiado sensibles y pretenden que todos los quieran.

¿Pasaste por alguna etapa de buscar que todos te quisieran?

Jamás busqué eso. Soy sensible al maltrato, pero no a las críticas. Me gusta que me digan si hice bien o mal mi trabajo, pero que digan –frunce el ceño, levanta el cuerpo, apunta con el dedo–: “¡Vos sos la hija de Moria, te gusta tomar merca, falopera!” me duele porque es algo que no tiene nada que ver.

¿Qué falta sin Fernando Peña?

Me pasa como me pasa con mi mamá –Sofía recibe el mate, lo vuelve a cargar con agua, lo comparte acunándolo entre cinco dedos finos–. Son personas modernas y transgresoras que están adelantadas diez años. Esas cabezas siempre faltan. Eso no significa que todas las veces tengan razón. Los transgresores nunca hacen lo que los demás quieren. Por eso también están todo el tiempo polemizando, incluso con la gente que los sigue. En algún momento confrontan también con ellos. Lo importante es que se genere ese diálogo, que se permita disentir y se respete la opinión del otro.

¿Sentís que nos cuesta permitir el disenso, incluso desde ciertos sectores progresistas?

Todo lo que se pone extremo se vuelve facho. Pero también creo que hay un movimiento muy grande sobre muchas cosas que por muchos años fueron injustas, como la identidad, el género, la sexualidad, la mujer, y para que haya cambios hay que ponerse un poco extremo. Después encontraremos el equilibrio.

Siempre creí que todos los seres humanos, más allá del género, tienen que estar en el mismo lugar. Sin embargo, hablar hoy desde esta ola de feminismo me hace entender un montón de cosas que antes naturalizaba.

¿Por ejemplo?

Por ejemplo, hoy le digo a mi hija que si le gusta un pibe y sale con él, no está obligada a besarlo; o que no es una puta si está con muchos chicos a la vez. Hay muchas situaciones en las que una va para atrás y entiende que quizás aceptaste cosas por una cuestión cultural. Estar con un pibe, no querer que pase nada y terminar cediendo por su insistencia. Y el pibe también, por una cuestión cultural, ejerciendo un poder sobre vos. Hay cosas que recién ahora nos estamos dando cuenta.

¿Qué responsabilidad tenemos los varones en haber sido parte de estos mandatos culturales?

Hay distintos tipos de responsabilidades. Un tipo que tiene un discurso machista es responsable. Uno que menosprecia a la mujer, que no tiene en cuenta el consentimiento, que pasa por sobre su voluntad, es responsable. Distinto es el caso de un pibe que fue educado para ejercer el poder sobre una mujer y no se había dado cuenta de eso. Puedo entender que eso sucediera antes, pero no hoy. Hay un proceso de deconstrucción que tienen que hacer los hombres. Yo misma me tuve que deconstruir para sacarme de encima ciertos mandatos machistas. El feminismo es entendernos a todos por igual, sin superioridad de hombres sobre mujeres. Cualquier persona que no esté de acuerdo con eso es peligrosa.

¿Cómo criar a un hijo varón para que no sea machista?

Dándole libertad. El patriarcado ejerce un peso muy grande en los varones. Los obliga a ser los que llevan el dinero a la casa, los excluye de ciertos ámbitos que parecen reservados solo para la mujer, no los deja llorar... El patriarcado nos pone un gran peso sobre la espalda, nos dice qué tenemos que hacer, cómo tenemos que actuar si sos hombre o si sos mujer. ¿Sos hombre? ¡A trabajar a la oficina! ¿Sos mujer? ¡A cuidar chicos! La caída del patriarcado sería una gran liberación para los hombres.

En El cuidado de los otros se plantea la historia de una madre que contrata a una niñera. A partir de una situación confusa con el chico, tanto la niñera como la madre son cuestionadas. ¿Hay un vínculo con las ideas del feminismo sobre la maternidad?

La maternidad tiene que ser deseada o no ser. El primer conflicto es decidir traer una vida más a este mundo de mierda. Hacés nacer a un pibe y le decís: “Bueno, ahora tenés que trabajar para vivir; mirá que te matan por un par de zapatillas...” Hay una frase de Sartre que me encanta: “Uno es lo que hace con lo que hicieron de uno”. Esa es la clave de ser padre. Uno no puede privar a sus hijos del dolor, no puede no equivocarse; la vida es segundo a segundo. Los padres siempre les cagamos la vida a los hijos. Lo más importante es darles las herramientas para que sepan qué hacer ante la vida y ante nuestros errores, los de ellos y los de los demás.

¿Qué significa ser madre hoy?

Mi meta general es sentirme bien y ser mejor mamá. Pero eso no quita que un día me levante y tenga ganas de estar sola o irme al cine. Tengo gente cercana que me ayuda, aman a mis hijos, y están con ellos cuando lo pido. No soy nada culposa con la delegación de determinadas responsabilidades. Necesito ser independiente de mis hijos. Estoy todo el tiempo al tanto de si comieron o no, si están acostados o qué están haciendo, pero a la vez siempre me pareció totalmente justo y lógico tener momentos para mí, para salir con mis amigos, acostarme tarde y despertarme al mediodía.

Si tu hija a sus quince años te cuenta que está en pareja con un hombre de cuarenta, como fue tu caso, ¿qué le decís?

Dependerá mucho del nivel de desarrollo emocional y sexual que tenga ella en ese momento. Yo estaba sexualizada a esa edad. Ya había tenido relaciones con hombres y con mujeres. Tenía deseo, él me gustaba, tuvimos relaciones. Nunca sentí que fuera un abuso, ni en ese momento ni hoy. Tampoco que él estuviera ejerciendo poder sobre mí. De todas maneras, en el mayor porcentaje de las veces ante casos así lo más probable es que haya un abuso de poder. Los casos son muy individuales, por eso es tan difícil juzgar.

Pero habría límites...

Por supuesto: no es lo mismo un nene o una nena de nueve años que de quince; si tenés treinta años y querés estar con alguien de doce, sos un enfermo. Y también hay que tener en cuenta que un adolescente tiene un equilibrio emocional más débil que un adulto. Voy a apoyar la sexualidad de mis hijos cuando ellos la manifiesten, que sientan libertad para sentir, experimentar y explorar.

¿Qué lugar tiene el sexo con mujeres en tu vida?

Tiendo a enamorarme de los varones, pero en gustos sexuales tanto las chicas como los hombres me provocan lo mismo. ¿Qué chica no experimentó con su amiga del colegio? Yo me sentía mucho más cómoda descubriendo mi cuerpo con una amiga que con un chongo. Las mujeres somos grandes aliadas para eso. En cambio, los varones están limitados. Otra de las cosas que se pierden por culpa del patriarcado.

La sabiduría empieza con una fiesta electrónica donde las tres amigas toman pastillas. También en El cuidado de los otros hay una droga como disparador. ¿Cuál es la conclusión a la que llegás con respecto a las drogas?

Sobre las drogas se habla poco y se hace mucho. Soy adicta a la cocaína, me hizo demasiado daño y no la puedo probar más. Me hizo perder casi todo y tengo mucha gente que quiero que está enganchada y que veo suicidarse delante mío.

¿Hacés distinciones entre las drogas?

La cocaína o la heroína no se pueden poner de ninguna manera en el mismo nivel que la marihuana. Soy muy ansiosa y tengo ataques de estrés severos. La marihuana me ayudó, gracias a ella no tuve que tomar clonazepam. De todas maneras, creo que las drogas no son para todos. A mí me abrieron la cabeza, para bien y para mal, y me hicieron crecer, incluso la cocaína. Yo estoy viva. Me puedo equivocar, puedo sufrir, puedo pasarla bien. No creo en una vida ascética. La vida es ensuciarse, golpearse y aprender de eso.

Al principio hablaste de Fernando Peña y de tu mamá, ¿no creés que vos también sos una adelantada?

Cuando estaba embarazada hice una tapa para una revista que decía “En mi cuerpo elijo yo”, y me mataron. Hace unos años, otra vestida con traje de varón y pasó lo mismo. Llegué a tener guardia en la puerta de mi casa por eso. Ahora son cosas que nadie se cuestiona. Hace poco me jodieron porque declaré que no siempre me depilo las axilas. Creo que tiene que ver con que me permito que todo me suceda cuando me tiene que suceder. Hay gente que necesita procesar las cosas un poco más. No me siento una adelantada, pero me da bronca que me rompan las bolas tanto por cuestiones que después todo el mundo acepta. 

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