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"Si fui yo, probámelo"

Desde que desapareció Erica Soriano en agosto de 2010, su familia apuntó a Daniel Lagostena, su pareja. Después de un año y medio de investigación y sin que apareciera el cuerpo de ella, o algún dato certero sobre su destino, el fiscal se decidió a detener al acusado.

Por Mauro Szeta

@mauroszeta

Se sabía entonces, que la prueba era poca, y discutible. Se sabía entonces que la detención de Lagostena "era muy finita". No había cuerpo, no había certeza de cómo había sido el crimen, no había evidencia genética indubitable.

Había, es cierto, raras actitudes del acusado, la creencia de que Erica nunca había salido de su casa, la sospecha de que él era un enfermo de celos, y la declaración de sus ex, que lo tildaban de violento.

Así las cosas, el juez del caso, Gabriel Vitale, entendió con una mirada especial para los casos de género, que con la prueba que había alcanzaba para decir que Lagostena había asesinado a Erica en su propia casa, para después incinerar el cuerpo de la joven que estaba embarazada de 2 meses.

Por eso, entendía el juez, alcanzaba para procesarlo como autor de "homicidio y aborto".

El juez también había alertado que para los casos de género o trata de personas no se le podía pedir tanta prueba como si se tratara de un delito común. Se le escuchó decir: "Yo no tengo una foto de Lagostena matando a Erica, pero tengo indicios que me permiten sospechar de él". Su argumento le duró siete meses, hasta que la Sala III de la Cámara de Lomas de Zamora opinó lo contrario y sostuvo que lo que había en el expediente no probaba nada: ni la muerte de Erica, y mucho menos, la autoría de Lagostena. Por eso, ordenó su libertad inmediata.

Muchos admiten en Tribunales que podemos estar en presencia de un crimen perfecto, donde se intuye quién es el criminal pero es imposible probárselo. Hay opiniones divididas. Algunas dicen que con lo que hay de prueba, por más que fuera escasa, alcanzaba para detener a Lagostena y mandarlo a juicio. Otros, los más clásicos, dicen que "ni locos, detenemos con esta poca prueba". En el medio está el público que no entiende cómo la situación de un acusado varía tanto de un momento a otro.

La explicación es sencilla: la justicia es eso. Ni más ni menos, formas de interpretar la prueba. Hoy, el beneficiado es Lagostena. Mañana puede no serlo.