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¡Rescatate!

*Por José Luis Lázaro. "Rescatate, loco, man, chabón..." son palabras que resuenan hoy, potentes, necesarias, instaladas con fuerza en la escena verbal de nuestros chicos, palabras que laten y repican en sus diálogos.

Desde que el hombre tomó conciencia de su condición humana, de su sentido de la existencia, se sintió perturbado, disgustado, impotente ante la realidad de saberse un ser mortal, finito, limitado.

Esa conciencia lo desconcertó acerca de su destino. Se sintió solo y abandonado en un mundo que empezaba a conocer, en una naturaleza a la que, además, debía encontrarle o construirle un sentido.

Frente a este problema existencial, aparecen, como intento de respuesta, el mito, la leyenda, las creencias, las tradiciones, los cultos y, en una versión más actualizada, para algunos autores, el cuento.

Diversas civilizaciones sintieron la necesidad de sujetar-se, de re-ligarse al "supuesto" responsable de dicha situación, aquel que las había desamparado. En el marco de esta lógica, y tras recorrer varios territorios en esa búsqueda, apareció la religión.

El término proviene del latín religio , el que a su vez proviene del verbo latino religare , formado por re (de nuevo) y ligare (ligar o amarrar), tomarse de algo o de alguien. Sentirse cobijado, sostenido, cuidado.

Las etimologías han dado y dan cuenta del porqué de las palabras. De esa curiosa construcción que da forma a lo empírico y vivencial bajo una representación que consigue, a veces, comunicar esas experiencias.

"Rescatate, loco, man, chabón..." son palabras que resuenan hoy, potentes, necesarias, instaladas con fuerza en la escena verbal de nuestros chicos, palabras que laten y repican en sus diálogos. Es la voz de un otro que las acerca y las deposita a manera de ritual, sin importar si ese otro es un extraño o un igual.

Dijimos "necesaria". ¿Necesaria para quién? Ni más ni menos que para ellos, para nuestros chicos.

Rescatate: representación naturalmente ligada a la idea de escapar del fracaso, del hundimiento, de la desaparición ante la falta de reconocimientos, no sólo de la sociedad sino de la vida. De aquella vida que les estamos mostrando. Y que, con ese término, altamente representativo de su significado –volver a atarse, a sujetarse, a "ligarse", como aquellos primeros hombres "re-ligiosos"–, infieren que hay otro que es necesario para vivir.

Sin embargo, para los adultos, "rescata-te" es una palabra que nos enciende una luz de alarma, que encandila: lleva consigo el sufijo pronominal "te", que denuncia claramente un "a ti mismo".

Entonces, ¿no será que los chicos no están reconociendo que en este territorio que nos envuelve como sociedad, ese otro, necesario e inevitable no está? ¿No será que la única manera en que construyen y representan la posibilidad de emerger es únicamente sin un otro? Por algo se ha dicho que estamos frente a una generación de niños y de jóvenes autorreferenciales.

Las palabras no sólo dicen, sino que también pugnan por querer decir: es importante que las escuchemos.