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Replanteo de los subsidio al transporte

El incipiente cambio que el gobierno nacional se ve obligado a afrontar en estos días reduciendo la impresionante red de subsidios (este año rondará los 70 mil millones de pesos) comienza a sentirse en la entrega de gasoil a las empresas de transporte público de pasajeros y en otros recursos que se asignan a sostener los precios del boleto.

Se advierte una disminución de la entrega de gasoil subsidiado a las empresas de transporte público. Si bien, ante la queja de algunos intendentes y gobernadores, se compensó con dinero, el monto involucrado ha comenzado a disminuir, al menos para las empresas que prestan servicios de larga distancia y para las de corta y media que operan en el interior. Se supone que, luego de las elecciones, también la rebaja llegará a Buenos Aires.

Algunas provincias y municipios colaboran con subsidios para evitar aumentos en los precios del boleto, lo que evidencia una gran dispersión en los costos de los servicios. Donde no hay subsidios, el precio del boleto urbano cuesta alrededor de $ 2,60. En otros casos, como Mendoza, está congelado en $1,40.

Los cupos de gasoil subsidiado han disminuido, mientras se mantienen las ayudas para hacer frente a los aumentos salariales de los trabajadores del sector. De todos modos, el transporte se verá influido por la suba constante del precio de los combustibles, consentido por el gobierno porque ya no puede afrontar más los pagos de subsidios al combustible importado.
 
Tampoco las empresas quieren seguir importando a pérdida y de ahí la liberación de precios y los fuertes aumentos producidos.

No se tocan por ahora los subsidios a la energía y el gas, que también se nota en el peso de las importaciones, por el flujo de divisas que se deben abonar por las compras al exterior. En estos rubros también tenemos un déficit creciente.

Por el peso del crecimiento del parque automotor, la demanda de combustibles creció un 11%. Esto obliga a importar mayor cantidad de naftas y gasoil ya que el país no tiene autoabastecimiento de crudo ni mayor capacidad de refinación.

La decisión del gobierno de liberar los precios de los combustibles trae aparejado el impacto en los precios de la economía por el encarecimiento de los fletes y el efecto sobre el nivel de precios en general. Se estima que esto incidirá en el nivel de actividad, ayudando a desacelerar el ritmo de la economía e, indirectamente, hacer que los precios no suban tanto al retraerse la demanda.
 
Esto impacta en los valores de subsidio al transporte y en los precios generales, pero también en lo fiscal, porque los combustibles tienen una alta carga impositiva, aportando al ingreso del gobierno nacional y de los provinciales que coparticipan.

Por todo esto hay un doble efecto para Mendoza: por un lado puede verse perjudicada si se restringe considerablemente el apoyo nacional para el subsidio al transporte público y se sostiene la política de mantener restringidos los precios del boleto.

Pero por otro lado, si se diera el sinceramiento de los precios del petróleo achicando la brecha con los precios internacionales del crudo -cuestión que reclaman insistentemente todas las provincias petroleras- compensaría beneficiando la recaudación provincial en concepto de regalías petroleras, rubro en el que la provincia viene perdiendo miles de millones de pesos de ingresos, desde que se puso en práctica este método de subsidios al transporte y a los precios de los combustibles.

Es decir, la baja en los aportes nacionales para subsidiar el transporte, debiera -entre otros muchos sinceramientos- ser compensados por ejemplo, con la liquidación de la renta petrolera a valores más reales, más próximos a los precios internacionales del crudo.