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Reducir el consumo de agua

La mayoría de los embalses de Córdoba está por debajo de su cota máxima, por lo que no hay otra alternativa inmediata que acelerar la instalación de medidores e incentivar el uso racional del agua.

La crisis hídrica no es sólo un término que figura en los manuales ecologistas y en los programas de defensa del medio ambiente, ni tampoco un simple eslogan político que se lanza en tiempos electorales. En Córdoba es una realidad tangible, que se puede observar a simple vista y se sufre en numerosas poblaciones.

La bajante de los lagos es una consecuencia directa de la falta suficiente de lluvias y también de un constante y descontrolado aumento del consumo de agua en los grandes y medianos centros urbanos.

Tampoco es una originalidad cordobesa, ya que la mayoría de las provincias situadas al pie de la Cordillera de los Andes, en especial Men-doza, también sufren una crisis hídrica, debida ante todo a las pocas nevadas que hubo el año pasado en los picos andinos. No hay que olvidar que las provincias cuyanas y patagónicas se proveen del agua de deshielo, o sea cuando la dura nieve de las montañas se derrite en verano y alimenta en forma caudalosa los numerosos ríos y arroyos que bajan a la llanura.

En Córdoba, la situación es distinta porque el agua proviene de los lagos, que depende de la lluvia caída sobre todo en estaciones lluviosas, que son el verano y parte del otoño. En el último período, no llovió lo suficiente como para llenar los embalses, la mayoría de los cuales está por debajo de su cota máxima.

La situación más grave es la del lago San Roque, que abastece a gran parte de la ciudad Capital y al Gran Córdoba. Es cierto que la región sur del área Capital recibe agua desde el lago Los Molinos, pero también éste registra más de un metro y medio por debajo de su nivel normal.

Ya hemos entrado en los meses más secos y es probable que no vuelva a llover con intensidad hasta octubre-noviembre. Además, la falta de lluvias impide que estén abastecidos los arroyos y vertientes que nacen en las montañas, los cuales actúan como reservorios del líquido durante la época de precipitaciones.

No se puede esperar la bienaventuranza de un cambio climático; lo que hay que hacer es tomar medidas para regular y disminuir el consumo de agua, como la instalación en gran escala de medidores domiciliarios, cuyo objetivo final es regular el consumo a lo estrictamente necesario.

El control debe alcanzar también a los grandes negocios inmobiliarios, sean edificios o barrios cerrados, que a veces no tienen en cuenta cuestiones básicas como la provisión necesaria de agua potable y el tratamiento de los líquidos servidos, con lo que se contaminan las napas subterráneas, que en muchos lugares sirven para cubrir parte de las necesidades de agua.

Por último, resulta atendible y pertinente la exigencia de las autoridades y la comunidad de Villa Carlos Paz para que se adopten decisiones urgentes en procura de reducir el consumo de agua y salvaguardar las reservas de los lagos.