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Qué bonita vecindad: una vuelta por el primer conventillo que mantiene vivas las costumbres del novecientos

¿Cómo será la vida en un conventillo en pleno siglo XXI? ¿Cómo será su gente? ¿Habrá lunfardo y cocoliche? ¿Seguirá la mística de la reunión alrededor del patio? ¿Habrá ropa tendida al sol en tiempos de secado automático? Vida cotidiana y anecdotario de una icónica vivienda colectiva en pleno Casco Histórico.  

…y tu vieja, ¡pobre vieja! lava toda la semana / pa' poder parar la olla, con pobreza franciscana /en el triste conventillo alumbrado a kerosén.

(Margot. 1919. Letra de Celedonio Flores. Música de Carlos Gardel y José Razzano)

Hoy visitamos el conventillo mas antiguo de la Ciudad. Ya en las últimas décadas del siglo XIX y en tiempos de fiebre amarilla, fue casa de inquilinato para albergar a los miles de inmigrantes europeos que arribaban a nuestras tierras con el sueño de “hacerse la América”.

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En el ingreso por Balcarce 275, una placa indica que “este edificio fue rehabilitado mediante la cooperación entre la Municipalidad de Buenos Aires, la Agencia Española de Cooperación Internacional, el Banco de la Ciudad y la Junta de Andalucía”. 

Ciertamente, fue en 1989 que se reciclaron las viviendas sociales de la Manzana Franciscana (complejo delimitado por las calles Alsina, Balcarce, Moreno y Defensa que fuera propiedad de la orden religiosa de los Frailes Menores).

Las dos hojas entreabiertas del portón negro de entrada nos deja ver el pasaje central de una típica vivienda colectiva. 

Al fondo, una de las cúpulas de la Basílica de San Francisco de Asís asoma como santificando el aire. 

Nota conventillos

El término conventillo deriva de convento. Estas casas religiosas, al ser abandonadas, en muchos casos se convertían en conjuntos habitacionales.

Hernán Tinte es un joven vecino nacido y criado aquí. Junto a él recorrimos los conventillos de la manzana; todas llenas de vida, color, voces de niños y el recibimiento cariñoso de algún perro. 

Sin intención de disimular el entusiasmo por contar la historia de un lugar que concita doble sentimiento de afecto personal e identidad cultural, Hernán nos habla de los lazos fraternos que se tejen en el interior de la comunidad, los sonidos, la olla popular, la murga y la celebración de las Fiestas.

Nota conventillos
 

¿Cómo definís al conventillo? 

H.T: Es fuerte. Es el plato de comida al mediodía y el mate a la noche, es mi mamá lavando la ropa en la pileta de cemento. Es saber que tus amigos están al lado. No es gente viviendo amontonada; es como una familia grande con peleas incluidas. El conventillo es una gran casa donde convivimos. Si no hay azúcar, vas a la casa de al lado.

¿Cómo fue tu infancia y adolescencia?

H.T: Acá viví todo. La primera pelota, los amigos, el primer amor. Tantas cosas. Cuando había un velatorio, se iba casa por casa a pedir una colaboración sin que sepa la familia del fallecido. Así, solidaria, es la gente del barrio. 

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Y con tu mirada adulta, ¿qué sentís no tendrías que haber vivido?

H.T: Los chicos la peleamos mucho. Crecimos cuidando coches, vendiendo flores, abriendo las puertas de los taxis para arrimar un manguito.  En mi recuerdo, todo empieza y termina acá entre los pasillos. El hambre, el frío. Al ser un lugar postergado, la  situación de vivir acá no era la mejor en la primera infancia. Ya para cuando tenía 8 años, la Junta de Andalucía destinó fondos para la refacción completa de la manzana y empezaron a cambiar las cosas.

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¿Hubo mejoras edilicias?

H.T: Sí, pero el espíritu de los habitantes siguió siendo  el mismo. Fue importante pasar de vivir en en piezas con baño compartido lleno de problemas edilicios  a tener una  casa mejor.

¿Cuántas familias hay actualmente?

H.T: En la manzana viven, según el último censo interno, 160  familias, divididas en las calles Moreno, Balcarce y Alsina.

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La bibliografía nos habla de distintas olas migratorias que poblaron nuestras tierras y se instalaban en conventillos. ¿Hoy cuál es el perfil medio del habitante?

H.T: Hay una  similitud con lo que fue el flujo migratorio europeo del siglo pasado. Sigue habiendo esa particular amalgama donde cada uno llega con sus costumbres. En el patio del conventillo había gente del Chaco, de Formosa, de Misiones, de Jujuy, Salta, Tucumán, Santiago del Estero, San Juan, Mendoza. Mucha gente de provincia habitó en la época en que yo nací; venían a la ciudad en busca de trabajo. Los hijos crecimos todos juntos y se fueron mezclando las costumbres donde cada familia tenía su bagaje histórico. Lo común a todos es la falta de vivienda y a dificultad para pagar un alquiler. 

Antes nombraste a tu mamá, cuánto de ella hay en esos valores que hoy nos marcás?

H.T: Mi vieja es la persona mas honorable que existe. Nosotros  somos 11 hermanos. Yo a los 13 años tuve que dejar el colegio, pero yo aprendí a leer a los 4. Hubo momentos duros. Todo lo que hago es por y para ella. Estoy detrás de las raíces de mi apellido, aparentemente vinculado a las guerras calchaquíes y estoy por empezar a estudiar Antropología.

Como futuro antropólogo y estudioso del lugar, ¿qué podés decirnos del pasado de este solar?

H.T: Hasta donde averigüé data de 1870. La Manzana 132 fue entregada a la orden franciscana. De ahí para acá hubo huertas, un establo. Y desde mi experiencia personal te puedo decir que somos los mismos desde hace 40 años. El barrio se fue transformando pero la unión nuestra sigue. Nos juntamos para las Fiestas porque es una tradición pasar las Fiestas todos juntos. Faltan algunas cosas, como la canchita de enfrente que ya no está, o el predio en el que me hubiera gustado instalar una biblioteca popular. Todo el tiempo estoy tratando de encontrarme y superarme en una ciudad que cambió mucho. Me intereso por el pasado porque creo que es la forma de tratar de entender el presente y modificar el futuro.

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¿Qué cosas siguen vivas?

H.T: Muchas, como un festejo de cumpleaños todos juntos. Hay muchas cosas que no deberían perderse nunca

Cae el sol. En Balcarce al 200 ya no suena cumbia como en la época en que Hernán era chiquito. Ahora sale reggaetón. En el pasillo se empiezan a juntar los mismos chicos que vendían flores sólo que ahora son adultos. Llega la pizza. Hay "juntada" en el conventillo.   

En latín, conventus significa asamblea o reunión...

Nota conventillos
 

Ph: Adrián Cavalheiro

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