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La vaca atada y un par de animales sueltos

Historias estrafalarias de la Buenos Aires de hace un siglo atrás. ¿Una foca en un baño? ¿Cisnes nadando en una fuente? ¿Una vaca de viaje con su dueño? Veamos las ocurrencias mas desopilantes de una elite que tenía "el bovino atado".


Algunos caprichos arquitectónicos del pasado pueden advertirse a simple vista paseando por la ciudad; desde casonas inspiradas en castillos y cúpulas casi tan altas como los edificios, hasta un chalecito arriba de una torre con vista privilegiada a la Av. 9 de Julio.

Pero para otro tipo de dislates pretéritos sin basamento de hormigón, existen los mitos y leyendas que circulan de boca en boca.

Como el relato que comienza en la década del treinta en el piso sexto, habitación 605 de la Galería Güemes en tiempos en los cuales allí se alquilaban departamentos a hombres solteros.
 
Un locatario famoso fue Antoine de Saint-Exupéry, el padre de "El Principito" y "Vuelo Nocturno" (este último título parece que lo escribió en esa habitación).

Conforme a los dichos de los empleados de la Güemes, Antoine se trajo de un viaje a la Patagonia una foca que crió en la bañera. Leyeron bien; una foca. 

Este escritor francés de gustos extravagantes trabajó durante un poco más de un año como piloto en la empresa Aeroposta Argentina cuya sede estaba a escasos 100 metros de este primer rascacielos porteño de torreta naranja y vista panorámica.   

Poco se sabe sobre el destino del mamífero una vez que, colorín colorado, el aviador -que también hizo volar alto su pluma- regresó a Francia. Y, ciertamente, mejor que Greenpeace no indague. 
 
Sólo se sabe que de Argentina más que un imán para la heladera se llevó a Consuelo, la mujer que luego se convertiría en su esposa.
 
Escritora, artista y -si se me permite una infidencia- se dice que en ella se inspiró Antoine al resaltar las virtudes y astucias de la rosa irrepetible del asteroide B612.   

Nota Mariela


Pasemos a otra historia, no menos descabellada. Los protagonistas son los Errázuriz Alvear que no solamente convocaron en los dorados años 20 a la célebre bailarina Anna Pawlova para bailar en su jardín sino que la cautivaron cuando esta vio los cisnes que nadaban al compás de la música en el estanque. Leyeron bien; cisnes.
 
Matías Errázuriz y Josefina de Alvear mandaron a construir este suntuoso edificio de 4.300 m2 para albergar las obras de arte que compraron durante sus viajes y que hoy son parte de la colección que exhibe el Museo Nacional de Arte Decorativo.

Nota Mariela

Yendo un poquito mas atrás en el tiempo, podemos encontrar en la cima de esta espiral de excentricidades a Don José C. Paz, el fundador del Diario La Prensa. 
 
A él se le atribuye el dicho "la vaca atada" en su sentido mas literal ya que este hacendado (a quien le gustaba tomar la leche recién ordeñada y de sus propios animales) cargaba un lindo ejemplar de su ganado en la bodega del barco con destino a Europa y lo ataba para que no se bamboleara con el oleaje.  
 
Mas allá de algún algún "gravamen" que el boca en boca hubiera podido aplicar, se puede confirmar que aquello que en cierto sector de la sociedad porteña de principios del 1900 era considerado un símbolo de distinción hoy sería inadmisible. Aunque a decir verdad, ¿quién no querría tener la vaca atada? 

Nota Mariela

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