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Por un sistema electoral más justo

* Por Daniel Gattás (Doctor en Ciencia Política; ex convencional constituyente provincial 2001. Es un buen momento para que el gobernador electo convoque a los partidos a consensuar una reforma de la Constitución, para un nuevo sistema electoral. Daniel Gattás.

En 2001, con posterioridad a la consulta popular en la que los cordobeses votaron de manera masiva en favor de reducir los costos de la política, se produjo una reforma constitucional en la provincia, que transformó el sistema legislativo bicameral en unicameral, con un máximo de 70 representantes. De ese total, 26 son elegidos a razón de uno por departamento y los 44 restantes son seleccionados tomando a la provincia como distrito único y usando el sistema proporcional D’Hont, sin piso electoral, para la distribución de las bancas.

El espíritu de la reforma era que el Parlamento cordobés fuera un fiel reflejo del mapa electoral provincial, permitiera la resistencia contra las tendencias hegemónicas innatas del poder central y, al mismo tiempo, abriera un espacio para que las minorías pudieran expresarse, desarrollando un papel innovador.

Fue un avance interesante, ya que daba por tierra con la tramposa idea de la gobernabilidad impuesta por el angelocismo con la reforma de 1987, que garantizaba al oficialismo el dominio de ambas cámaras, ya que otorgaba 36 de los 66 miembros de la Cámara de Diputados al partido que saliera primero, aunque más no fuera por un voto, y abría las puertas a un Senado de características "elefantiásicas", que aumentaba sus bancas con base en el crecimiento vegetativo de los departamentos. Esa reforma radical sancionada en 1987 transformó a la Legislatura en una mera escribanía del Poder Ejecutivo.

Un cambio necesario. Después de tres experiencias electorales posteriores a la reforma de 2001, y teniendo en cuenta la relación entre los resultados y las bancas alcanzadas, queda flotando la necesidad de una indispensable modificación del sistema vigente, ya que el espíritu del constituyente no se ha plasmado en la práctica.

El domingo último, por caso, Unión por Córdoba consiguió 44 de las 70 bancas en juego, el 62,8 por ciento del total, es decir una sobre-representación de 20 puntos por encima de los votos que obtuvo en la elección para gobernador.

El resto de los partidos logró el 57 por ciento de los sufragios, pero se llevó sólo 26 escaños. El Frente Cívico, con casi 30 por ciento de los sufragios, logró 13 bancas, es decir el 18,6 por ciento de la Unicameral.

La razón es bastante simple: la inserción que suelen tener en el interior los partidos que gobiernan la provincia, como el radicalismo en su momento y el justicialismo en la actualidad, permite que se adjudiquen la casi la totalidad de los legisladores departamentales, lo que desnivela cualquier balanza.

Es necesario acordar un nuevo esquema, dejando a un lado cualquier deseo de armar trajes a medida, ya que en el futuro, como lo demuestra la historia, los que lo crean, lo padecen. Es un buen momento para que el gobernador electo convoque a los partidos a consensuar una reforma de la Constitución Provincial que incluya, entre otras cosas, un nuevo sistema electoral.

Cambios propuestos. Voy a sugerir algunas ideas:

a) Incorporar para la elección de gobernador y vice un sistema de doble vuelta clásico, sin inventos extraños como los porcentajes establecidos de manera antojadiza en la Constitución Nacional de 1994, para que la fórmula electa llegue al gobierno con un respaldo mayoritario. b) Aplicar para la distribución de bancas el exitoso sistema alemán, por el cual la mitad de los legisladores son elegidos por circunscripciones uninominales y la otra mitad tomando a la provincia como distrito único. Este mecanismo permite que los votos que obtiene cada partido por distrito único marquen la cantidad de bancas que le corresponde; es decir que si una agrupación logra 42,6 por ciento de los votos, le correspondería 30 de los 70 legisladores, con lo cual si ha alcanzado 25 bancas en las circunscripciones uninominales, debe completarse el número asignado con cinco representantes que surgen de la lista para el distrito único. Este esquema elimina la subrepresentación que sufren los partidos que tienen dificultades para insertarse en las circunscripciones uninominales, sin por ello descuidar la importancia de la representación regional.

c) Incorporar para la elección de los representantes de las circunscripciones uninominales el voto de transferencia, lo que permitirá al elector optar no sólo por un primer candidato, sino también expresar a cuál de los otros apoyaría en el caso "eventual" de que su preferido en primera instancia no alcance los votos necesarios para imponerse. En la práctica, funciona como una segunda vuelta, pero en un solo turno electoral, lo que evita costos y genera más legitimidad, debido a que las circunscripciones uninominales otorgan un único premio para quien sale primero, más allá del porcentaje obtenido.

d) Modificar el inciso 2 del artículo 183 de la Constitución Provincial, que exige a las cartas orgánicas municipales un sistema de representación para el cuerpo deliberante que garantice la mitad más uno de sus integrantes al partido que obtiene el mayor número de votos. Esta norma es un resabio del sistema de 1987 y constituye un impedimento para que los municipios puedan adoptar un sistema proporcional que refleje su situación electoral.

Son sólo algunas ideas para abrir el debate. Deben ser discutidas, rebatidas, ampliadas y enriquecidas. Lo importante es poner manos a la obra, lo que sería un aliciente para la reconstrucción del puente de plata que une a los ciudadanos con su clase dirigente.