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Pamela: "Fui una mala mujer, ahora sólo me importa mi hijo"

La última expulsada de la casa más famosa del país habla con franqueza sobre su turbulento pasado: "No me cuidaba. Lo único que hacía era trabajar para después salir de noche". Además, recuerda los problemas de salud de Juan Esteban, su pequeño hijo, y de los jugadores que quedaron en el reality: "¡Menos mal que salí!", dispara.

Con su tonada cordobesa alegró la casa de Gran Hermano durante más de cuatro meses, pero una vez fuera del reality, Pamela Bevilacqua parece otra. Dejó de lado la euforia y el humor que la caracterizó durante su estadía en el certamen, para dar lugar a una mujer serena, que escucha atenta y habla pausado... francamente. Sin perder la gracia innata que trajo desde su provincia, a la rubia se la percibe más madura y deja en claro que sus cortos veintiún años no fueron nada fáciles. Pero, primero, vale referirse a la Pame que conoció el público en la casa más famosa del país, la jugadora, que el último domingo debió abandonar el programa por el 55,83 % de los votos: "Creo que la gente votó para que me vaya porque pensaron que mentía cuando dije que Solange había festejado un grito que vino desde afuera, en contra de Cristian U. Hubo una confusión, y quedé como una mentirosa. No hubo mala intención en la edición, sino que se malinterpretó todo", dice con algún resabio de enojo. Pero, enseguida, aclara: "Si no hubiera ocurrido eso, estaría dentro de la Casa todavía, pero fue lo mejor que podía pasar porque salí y aclaré todo. Ahora que veo el programa desde afuera, me doy cuenta de que no quiero jugar más en esa Casa. Menos mal que salí".

Si bien se la nota segura de lo que dice, también se puede percibir un poco de dolor en el tono de su voz cuando habla de sus ex compañeros. Especialmente de Emiliano, su comprovinciano cordobés: "El fue el que me defraudó como persona, al menos dentro de la Casa. Me costó darme cuenta de que no me quería tanto como yo a él. Se pasó de la raya, me dijo cosas horribles, como que yo era capaz de hacer cualquier cosa por llegar a la final y que era una mala madre. Fue un golpe durísimo", recuerda angustiada. Y aquí es necesario hacer un punto y aparte. Porque esa acusación fue el puntapié inicial para que, una vez fuera del reality, Pamela se decidiera a contar su historia de vida. Algo que no se animó a hacer dentro de la Casa –"porque no quería que me juzgaran por lo que viví, sino por cómo me manejaba en el juego"– y que reveló una faceta desconocida de Bevilacqua: la de una mujer que logró revertir un destino que parecía signado por la depresión y el descontrol, para convertirse en una madre que lucha por la vida de su hijo. Porque el pequeño Juan Esteban, que el próximo 9 de abril cumple un año y cinco meses, llegó para dar un giro de 180 grados a su vida: "Me siento obligada a contar mi historia porque me sentí juzgada, señalada como una mala madre. Fui una mala mujer, pero gracias a mi hijo me convertí en una mejor persona y en una muy buena madre", revela.

–¿A qué te referís cuando hablás de que fuiste una mala mujer?

–Primero quiero aclarar que no tiene nada que ver con drogas, como se ha dicho. Nunca me drogué, sólo probé marihuana a los 17 años y no lo volví a hacer. Cuando hablo de mi pasado, me refiero a que no me cuidaba a mí misma. Era un momento muy fuerte de mi vida, en el que estaba muy sola porque no tenía amigos y estaba alejada de mi familia. Les mentía a mi abuela y a mi mamá, por ahí me iba y volvía después de un mes. Lo único que hacía era trabajar para después salir de noche, que era lo único que me importaba: salir de joda.

–¿Ese ritmo de vida puso en riesgo la vida de tu hijo?

–Sí, porque tardé cinco meses en darme cuenta de que estaba embarazada. Además, a los cuatro meses, obviamente sin saber de mi estado, tomé la pastilla del día después. Eso hizo que tuviera pérdidas, pero como había tomado la pastilla, pensé que se trataba de mi período.

–¿Qué pasó cuando te enteraste del embarazo?

–Cuando me fui a hacer la ecografía, los doctores me dijeron que tenía problemas de salud y me indicaron veinte horas de reposo diario, porque el bebé estaba bien adentro mío pero el problema iba a ser cuando naciera. El preocuparme tanto por lo que pasó y por saber que el bebé estaba enfermo, hizo que no llegara a los nueve meses de embarazo y el bebé naciera prematuro.

–¿Qué problema tuvo Juan Esteban al nacer?

–Desde el momento de la ecografía, los doctores me dijeron que mi hijo tenía una partecita del intestino afuera. No podía hacer esfuerzos, porque se le podía llegar a salir. Pero cuando di a luz, tuve muchas contracciones y mi hijo hizo un esfuerzo grande que ocasionó que finalmente se le salieran todos los órganos del aparato digestivo. Inmediatamente, lo llevaron a otro quirófano y lo operaron durante seis horas. Estuvo dos meses internado, pobrecito, pero por suerte todo salió bien.

–¿Y cómo es su estado actual de salud?

–Está precioso, come de todo y va al baño como un bebé normal. ¡Está tan feliz! Saluda a todo el mundo, es súper simpático.

–¿Cómo te recibió cuando saliste de la Casa?

–Mucho se habló de que cuando entró a la Casa a visitarme me ignoró, y apenas salí fue lo mismo: me rechazaba un poco y quería irse con el padre. Me puse re mal, pero lo entendí. Ahora, parece que no nos hubiéramos separado nunca. El es la luz de mi vida.

–¿Cómo es tu relación con él?

–Juan Esteban es en lo único que pienso y lo único que me importa. El es mi vida y mi prioridad absoluta. Quiero progresar para poder darle algo, para tener una casa propia, quiero todo para él. Yo estoy en un segundo plano. Pero lo que tienen que entender todas las madres es que para darle lo mejor a su hijo, primero tienen que ocuparse de ellas mismas, de estar bien. Eso es lo que aprendí de toda mi experiencia.