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Los incendios, del delito al descuido

El problema de los incendios debe ser planteado con razonabilidad y en el amplio marco de los cambios climáticos, las prolongadas sequías y la crisis hídrica, para dar respuestas adecuadas.

Resulta irritante e incomprensible, además de improcedente, la polémica suscitada en torno a las supuestas y reales responsabilidades humanas por la aparición y extensión de los incendios forestales, como los que vienen asolando a Córdoba desde hace varios meses.

Y no porque esas responsabilidades no existan, sino porque no están planteadas en un nivel razonable de análisis y discusión. Pareciera que el fuego hubiera sido creado sólo por las acciones negligentes, culposas o dolosas de la gente. Es como si no existieran los cambios climáticos, como si Córdoba y gran parte de la región central del país no soportaran una prolongada sequía desde hace varios meses y el agua de los lagos no hubiera bajado a sus límites mínimos.

Así, deben ser correctamente sopesadas las acusaciones contra el Gobierno provincial, los municipios y hasta los bomberos voluntarios, que son los que han puesto el pecho para intentar sofocar el fuego, y muchas veces lo han logrado. La sociedad le debe un gran reconocimiento a la mayoría de esos servidores, sin dudas.

Es por ello que se debe actuar con sumo cuidado en la difusión de ciertas críticas facilistas o intencionadas política y económicamente.

Pero que el problema esté mal planteado no significa que no exista. El titular del Plan Provincial de Manejo del Fuego dijo que el 95 por ciento de los incendios es generado por el hombre, sumando los provocados y los que empiezan por un descuido. Y señaló, a modo de ejemplo, que durante las dos semanas en las que hubo entre 10 y 30 focos de incendio por día, sólo se registró una sola persona imputada, sospechada de haber prendido fuego como parte de una acción de desmonte ilegal en la zona de Totoral.

Esta es una vieja cuestión, ya que hay gente, incluso productores agropecuarios, que impulsa la quema de pastizales secos e inservibles para facilitar el crecimiento de pasturas nuevas que sirvan de alimento para el ganado.

Hay desmonte ilegal, sea para cultivar soja, alimentar ganado o construir urbanizaciones, y a veces se apela al fuego para despejar esos objetivos. Y esto es mucho más grave que el simple descuido de la gente.

Por otra parte, la figura del pirómano, es decir del insano mental que siente placer en prender fuego, también existe.

Hay, pues, diversos grados de responsabilidad, desde acciones estrictamente delictuales hasta la omisión de simples normas elementales cuando se prende fuego.

El tema de los incendios debe ser incluido en la problemática general de la crisis hídrica y los cambios climáticos, para evitar generalizaciones que a veces resultan vacuas e inútiles.

Sin embargo, también es responsabilidad de las autoridades brindar toda la información necesaria sobre lo que se recauda por el Impuesto al Fuego y cómo se gastan esos recursos.