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La diferencia entre Banana Republic y un negocio de una república bananera

Hace pocos días en Nueva York entramos a Banana Republic, uno de los retails más grandes de ropa en el mundo.

El gancho era una liquidación en plena temporada, con un descuento en determinadas prendas del 30%. Mi mujer ve una campera de cuero de oveja, mira el precio y consulta al vendedor para asegurarse de que la campera tenía ese descuento. El vendedor se lo confirma. El precio con el descuento era muy tentador.

Vamos a la caja y cuando llega el turno de la campera, advierto que no se hace el descuento. El cajero me dice que esa campera estaba excluida de la lista de descuentos. Le digo que el vendedor me había asegurado que todo lo que estaba en ese perchero tenía ese descuento. Notó cierto malestar en mi cara y sin consultar a nadie, ni al señor banana ni al señor republic, dijo: "Si le dijeron que tenía descuento, vamos a respetar el error del vendedor" y se hizo el correspondiente descuento.

La contracara de esa situación la viví el sábado pasado en el local Fork (del que era cliente) en el shopping Paseo Pilar.

Entro a comprar un cuchillo, no había muchos para elegir y me llevo uno que tenía el precio marcado: $248. Vamos a la caja a pagar y la vendedora me dice que el nuevo precio del cuchillo era de $395, no el precio marcado en la etiqueta de $248. Le comunico a la vendedora que el precio es el que está marcado y que eso es lo que corresponde que pague. No lo digo yo sino la ley de defensa del Consumidor.

Turbada, la vendedora, llama a una central y le informan que si no pago los $395, tenía que dejar el cuchillo. La estafa estaba consumada.

Un comercio debe respetar el precio marcado y no el que surge arbitrariamente de una computadora que desmiente la etiqueta. Obviamente, haré la denuncia y me encargaré de divulgar que los señores de Fork son vulgares mercachifles estafadores que prefieren perder un cliente y desobedecer las leyes, a cumplir debidamente con el compromiso de respetar los precios marcados en los productos que exhiben.

Aquí no terminan las cosas, les advierto a los minúsculos estafadores de Fork, en el Paseo Pilar. Y los dueños del shopping también  deberían controlar que sus locales cumplan con la ley, además de pagar los alquileres.