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Horacio no es Mauricio

Por "Chiche" Gelblung. Es injusto comparar al jefe de Gobierno con la oleada amarilla que realmente prometió muchas cosas y no hizo nada.

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En medio de la euforia triunfadora del Frente de Todos se afirma que el país ya está pintado de azul, la provincia de Buenos Aires también y, ahora, vamos por la Capital. Dicen, obviamente, Lammens es mejor candidato que lo que fue siempre Filmus y por eso tienen la expectativa de que en esta oleada de los Fernández también se llevan puesto la Capital Federal.  Pero vale la pena algunas aclaraciones sobre la Ciudad de Buenos Aires y la gestión de Horacio Rodríguez Larreta.

Horacio no es Mauricio por muchas razones. Horacio ha encarado la épica que tiene que tener todo jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Entonces sería injusto compararlo con la oleada amarilla que realmente prometió muchas cosas y no hizo nada.

La diferencia entre Horacio y Mauricio es que uno hace y el otro habla. En su momento, cuando Mauricio era jefe de Gobierno, el hombre que realizaba la tarea, el que hacía el día a día, el que se levantaba a las seis de la mañana para ir a correr desde el gimnasio a la bicisenda era Horacio Rodríguez Larreta. No era Mauricio Macri. Pero la base de la exitosa gestión de Horacio no tiene que ver con su sentido del trabajo. Tiene que ver con encarar la épica que necesita todo jefe de Gobierno de una ciudad y de un país. Hay una dosis de épica que es imprescindible tener. Hay que proponer obras imposibles y no arreglar sólo lo que está  a mano.  Además, hay que ver que es lo que prometió Horacio y qué es lo que cumplió.

Que faltan subtes; sí faltan subtes. Es cierto. Dicen que cuestan 10 millones de dólares un kilómetro de línea. Puede ser. Quizás no tengas la plata necesaria para poder hacerlo pero evidentemente la Ciudad, después de la gestión de Horacio Rodríguez Larreta, es otra no hay ninguna duda. No solamente por el Paseo del Bajo sino por encarar muchas otras obras. Por ejemplo eliminar las barreras. Realmente la gestión de Horacio es una gestión que cualquier ciudadano de la Ciudad la aprecia todos los días y los que vienen de afuera también.

¿Faltan cosas? Claro que faltan. Falta seguridad y, probablemente, no haya un plan definido para ver de qué modo se encara uno de los grandes dramas que tiene la Ciudad de Buenos Aires. Pero hay un peligro en este momento que es mayor a la inseguridad que es confundir una gestión con la otra. Insistimos: Horacio no es Mauricio.

A mí no me gusta ser apología de ningún funcionario pero si uno tiene la libertad de criticar a uno también tiene la libertad  de elogiar a otro. Sería muy injusto pensar que la gestión de Horacio Rodríguez Larreta se analice con el prisma de la gestión de Mauricio Macri.

Mauricio Macri prometió una épica que no tuvo. Horacio Rodríguez Larreta no prometió una épica, la hizo. Ahí está la clave. Los gobiernos tienen que proponer desafíos mayores a los ciudadanos. Sino para los desafíos de todos los días nos basta a nosotros con levantarnos, trabajar, luchar para llevar el pan a la mesa, para poder tener una vida más o menos linda. Los grandes desafíos los tienen que hacer los grandes conductores que son los que elegimos para que nos representen en las grandes tareas que hay para hacer.

Horacio Rodríguez Larreta ha sido y es un gran jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Un gran Alcalde, un gran laburador para las cosas que realmente nosotros necesitamos. Sería muy injusto que esta ola celeste que avanzó sobre el país, con mucha justicia y muy merecido porque realmente lo que ha hecho la ola amarilla fue un desastre, lo aplaste.

Horacio es un gran funcionario y tiene eso que otros no tiene: la épica. Él siente que su trabajo es servir y dejar huella. Muy pocos intendentes de la Ciudad de Buenos Aires dejaron huella. En su momento fue, para los que somos grandecitos, Saturnino Montero Ruíz que logró cosas imposibles en esta Ciudad. No hay ninguna duda que Horacio dejó su huella. Respeto mucho a Lammens.  Él podrá ser el sucesor próximamente pero no confundamos. Que esta decadente ola amarilla no lo envuelva a Horacio. Repito: Horacio no es Mauricio.

 

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