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Fútbol, ¿para quién?

Presionada por el Gobierno nacional y por los fracasos deportivos e institucionales, la Asociación del Fútbol Argentino navega sin rumbo, sumida en una profunda crisis de credibilidad.

El fútbol argentino se ha convertido en una fuente inagotable de malas noticias y la frustración es una constante. Argentina no gana un Mundial desde hace 25 años y no participa en la ronda final desde 1990. Por una causa o por otra, cada participación desde entonces ha terminado en lágrimas.

La última Copa América reafirmó esa decadencia. Ungido como ganador antes de que empezara, el equipo nacional fue eliminado por Uruguay, a la postre un legítimo y lógico campeón.

Frente a la enorme brecha entre expectativas y logros, quien pagó los platos rotos fue el técnico, en una muestra más de que en el fútbol argentino no hay principios. Pese a que se proclama el respeto por los contratos, la inestabilidad de los entrenadores se ha ido acentuando y sus gestiones son cada vez más breves.

El estrépito creado por el descenso de River Plate, que opacó con su histeria el retorno del Club Atlético Belgrano de Córdoba a la Primera División, y las secuelas de violencia y vandalismo de sus hinchas, que se ensañaron con su propio estadio, expuso en carne viva el dramatismo de una pasión exacerbada por el culto al resultado.

En medio de semejante caos, de la noche a la mañana alumbró la mágica solución. "Hay que federalizar" el fútbol, proclamaron de manera aviesa sus heroicos salvadores y sometieron su proyecto al comité ejecutivo de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) que, como es de práctica, lo aprobó en trámite sumario.

Nacido de manera confusa, no se sabe si en el seno del propio Gobierno nacional o en la sociedad del Estado que maneja los derechos de televisación del denominado Fútbol para Todos, o en una conjunción de ambos, con la anuencia de Julio Grondona​, presidente de la AFA, se propone unificar las actuales Primera División y Primera B Nacional en un campeonato largo de 38 equipos. Lejos de producir el alivio de tensiones que esperaban sus mentores, el proyecto provocó rechazos, no tanto por su contenido –resultaría apresurado condenarlo antes de que se ponga en marcha– como por el trámite de su implementación, hecha al estilo de la AFA, una corporación lindante con el autoritarismo en sus decisiones.

Pocos creen, por otra parte, en los objetivos enunciados. Sospechan que, en realidad, amén de tratar de distender el ambiente, la reestructuración de los torneos es una imposición del Gobierno, que pretende manejar también el negocio del fútbol, bajo el manto de una supuesta propuesta "federal". De hecho, pocas horas después de las idas y venidas sobre el futuro torneo, la AFA rescindió el contrato con la empresa encargada de la televisación de la Primera B Nacional.

Por ese camino, en aguda crisis, sin horizontes claros y acumulando fracasos, el fútbol argentino corre el riesgo de convertirse en un negocio y en una jugada política para pocos, y en una frustración para muchos. Actores y espectadores.