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Evo contra los indígenas

El presidente boliviano Evo Morales llegó al poder como el abanderado de los "pueblos originarios", a los que, una reforma constitucional mediante, concedió una multitud de derechos sobre los recursos naturales, pero ya se ha dado cuenta de que no es nada sencillo compatibilizar el nativismo militante así supuesto con el desarrollo económico.

Para alarma del mandatario, la propuesta de construir una ruta que atravesaría el Parque Nacional Isiboro Sécure ha motivado la oposición implacable de los indígenas amazónicos de la zona que ya no se sienten representados por quien es, al fin y al cabo, un aymara andino. La represión brutal por las autoridades nacionales de la marcha organizada por los contrarios a la ruta ha perjudicado mucho a Morales que, además de tener que aceptar las renuncias de dos ministros, enfrenta una serie de manifestaciones masivas protagonizadas por agrupaciones indígenas, sindicalistas, ecologistas y mineros. Aunque a diferencia de sus antecesores en el Palacio Quemado que cayeron luego de semanas de protestas violentas, Morales aún parece contar con el apoyo político suficiente como para permitirle resistirse a quienes están pidiendo que se vaya, en Bolivia la impresión generalizada es que no le será dado recuperar el predominio casi absoluto del que disfrutó hasta que, en enero pasado, la oposición furibunda de la calle lo obligó a abandonar un intento de aumentar las tarifas energéticas. Lo mismo que la ruta amazónica que se ha planeado, el aumento del precio de los combustibles que Morales impulsaba pudo justificarse en términos económicos, pero por razones comprensibles sus compatriotas se opusieron con vigor a una medida que, en el corto plazo por lo menos, los hubiera empobrecido todavía más.

Mal que les pese no sólo a Evo sino también a cualquiera que aspire a gobernar Bolivia, el apoyo electoral de una mayoría abrumadora –en diciembre del 2009 fue reelegido con más del 64% de los votos– no se traduce automáticamente en el poder necesario para cumplir con las promesas de campaña. Al contrario, por tratarse de un país pluralista de etnias, idiomas e intereses muy distintos, gobernar sobre la base de una coalición muy amplia es sumamente difícil, sobre todo si, como en efecto ha sucedido, el Poder Ejecutivo otorga a muchos grupos el derecho a vetar aquellas iniciativas que no les gusten. Parecería que Evo confiaba tanto en su propio carisma y en la adhesión popular a su voluntad de poner fin a medio milenio de historia en que la mayoría de los indígenas se vio tratada como ciudadanos de segunda, que se creía en condiciones de superar todas las divisiones sin por eso desistir de tomar medidas destinadas a mejorar el desempeño de una economía extremadamente ineficaz.

El poder de dirigentes como Evo Morales se debe a su capacidad para movilizar las aspiraciones de quienes se sienten atrapados en un orden claramente injusto, pero una cosa es liderar un movimiento de repudio y otra muy diferente conservar el apoyo de quienes se sumaron a él estando en el gobierno. A juzgar por las dimensiones impactantes que han adquirido las manifestaciones en contra de Evo, millones de indígenas bolivianos sienten que los ha traicionado. Reconciliarse con quienes están gritando consignas acusándolo de convertirse en un represor más, en un "cazador de indígenas" que se ensaña con su propia gente, no le será del todo fácil, pero a menos que lo logre Bolivia podría experimentar una repetición del ciclo ya conocido en el que las protestas violentas contra un gobierno democráticamente elegido se hagan rutinarias, con frecuencia creciente se produzcan enfrentamientos en que mueran manifestantes y, después de semanas de disturbios, la situación del presidente resulte ser insostenible. En tal caso, Evo, que aprovechó con astucia las oportunidades que le brindó la llamada "política de la identidad", subrayando la importancia de las diferencias étnicas y culturales para alcanzar el poder, caería víctima de su propia estrategia, ya que si bien los indígenas amazónicos son distintos de los andinos, cuentan con la solidaridad de sus compatriotas que tal vez no entiendan sus motivos para oponerse con tanta vehemencia a la construcción de una carretera, pero así y todo se sienten personalmente agredidos por lo que toman por un intento de pisotear derechos recién adquiridos.