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Estas armas que cargó el diablo…

Una masacre sacudió hace algunos días a un humilde barrio de casas bajas y calles de tierra en Mariano Acosta, partido de Merlo. En el lugar residían desde hacía poco tiempo Mahatma Edvynd Soihit Meza, su pareja Evelyn Carolina Rivero Mejías y los tres hijos de ambos, Dan, Alan  y Nicole, todos de nacionalidad venezolana.


La investigación indica que la mujer estaba trabajando con su
laptop desde la cama y que sus tres hijos de 10, 12 y 14 años descansaban en la misma pequeña habitación que alquilaban cuando fueron tomados por sorpresa y asesinados de dos balazos en la cabeza cada uno. El tirador, esposo y padre de las víctimas, había sido vigilador privado y practicaba tiro al blanco. Después de matar a su familia se suicidó con la misma pistola.


En su perfil de Facebook, el hombre se hacía llamar Edvynd Soihit, alardeaba y se mostraba como un experto en armas de fuego, que realizaba tiro al blanco. "Hay que practicar y estar preparados", le comentó a un amigo que los felicitaba, el 6 de octubre pasado, por su buena puntería. El hombre había trabajado aquí en Argentina, como vigilador privado, por lo que tenía experiencia en el manejo de armas de fuego. También concurría habitualmente  a ferias y exposiciones sobre el rubro.

Tenía una pistola 9 milímetros de su propiedad con la que iba a practicar a un polígono y, de acuerdo a los testimonios recabados hasta el momento, quería iniciar su propio negocio para comercializar  armas. Todavía se trata de corroborar si el tirador tenía en regla la documentación de su pistola, aunque contaba con una Credencial de Legítimo Usuario (CLU), que es la que se requiere para practicar en un polígono con un arma propia.

Hasta el momento, es la principal hipótesis sobre cómo ocurrió el hecho, aunque con la dificultad de que no hay testigos presenciales, porque todo se produjo dentro de una pequeña habitación donde se encontraban únicamente las cinco personas involucradas. Esto sumado a que la familia, casi no tenía contacto con sus vecinos, eran nuevos en el barrio, tampoco tenían parientes cercanos, excepto por un hermano de la mujer, que no era de la zona y con el que, por lo que la red de contactos de las víctimas era escasa o casi nula.


El horario en que ocurrió el hecho, muy temprano en la mañana del jueves, la posición en que se hallaron los cuerpos, la ubicación de las heridas de bala de cada uno y la posible trayectoria de los disparos, los peritos creen que el tirador sorprendió a su familia mientras dormían.

Uno de los investigadores dejó sus impresiones sobre el  hecho: "Era una habitación muy pequeña, con varios colchones prácticamente superpuestos", describió y añadió que la computadora portátil de la mujer -que trabajaba como analista de sistema en forma remota- estaba encendida sobre la cama. "Ella era una chica seria, responsable y muy querida por sus compañeros de trabajo", contó la misma fuente, y consideró que la proximidad del atacante con sus víctimas era tal que tampoco se requería ser un eximio tirador para matarlas.

De acuerdo al informe médico legal, la mujer y sus tres hijos tenían dos balazos en la cabeza cada uno, con orificio de entrada y salida, mientras que el hombre presentaba uno solo en la sien izquierda.

Se conoce que la pareja estaba en crisis y que la mujer le habría comunicado recientemente a su marido su intención de separarse. 

Los vecinos contaron que a primera hora de la mañana se escucharon varios disparos, aunque recién alguien se acercó hasta la casa el viernes, cuando finalmente encontraron los cinco cuerpos y llamaron a la Policía. Los compañeros de trabajo de la mujer alertaron sobre su falta de respuesta y de contacto, y se preocuparon y dirigieron hasta el lugar.

En el lugar del crimen se secuestró una pistola 9 milímetros entre las piernas de Edvynd con la que se cree que este cometió los homicidios y finalmente se suicidó. El domicilio estaba cerrado y no se detectaron ingresos forzados ni rastros de otras personas, por lo que la mecánica del hecho quedó bastante clara.

En esta ocasión, se sabe que la decisión de la mujer de querer terminar con la relación con  el hombre, quien ostentaba un  perfil de experto en armas y hábil tirador y que pregonaba que había que estar preparados para un ataque vaya a saber de quién o quienes, por lo que vemos, al no estar de acuerdo con la separación, decidió terminar con el clásico de los machistas “si no son míos, no serán de nadie…”.

EN ESTA OCASIÓN EL ARMA LA CARGÓ EL DIABLO Y LA DESCARGÓ UN HIJO DE ÉL…

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