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Es Larreta, tal vez Bullrich o el súbito milagro Massa

CANDILEJAS, CONSENSO Y PALOS O PAÍS DE SOMBRERO (V): El resto, como siempre, es paisaje.

Escribe Carolina Mantegari

del AsisCultural, especial
para JorgeAsisDigital.com

Instancias finales de franciscanas campañas sin profesionalismo para las elecciones tóxicas que no deberían existir.

Ensayo de orquesta en agosto para la gala de octubre.
Partido amistoso de fútbol de verano en pleno invierno tibio.

Lo único trascendente es el cotejo interno de Juntos por el Cambio.
El enfrentamiento entre las dos líneas que vertebran la miniserie (culmina con esta entrega).
País de Sombrero eleva hacia la presidencia a la señora Patricia Bullrich, La Montonera del Bien. Con el respectivo dragoneante radical, el “Carucha” Petri.
Consenso y Palos eleva a Horacio Rodríguez Larreta, Geniol. Por el Consenso.
Con el dragoneante radical “Milagrito” Morales. Por los Palos.

Milagros

A esta altura del ensayo, sólo un milagro súbito puede evitar que uno de los dos -Larreta o tal vez Bullrich- sea el próximo presidente.
El vencedor debe enfrentar, en la gala de octubre, a Sergio Massa, El Profesional, del Frente Candilejas.

Aquí se habla de peronismo institucional. Fuerza política que hoy desperdicia, con multiplicadas excusas, el gobierno de La Doctora que preside Alberto Fernández, El Poeta Impopular.

Exploraban la proximidad del abismo cuando la selección de Sergio transformó el horizonte de desastre en proyecto milagrosamente competitivo.
El oficialismo yacía debajo de la lona. De pronto recuperaba migajas artificiales de optimismo.

En la gala de octubre, Larreta (o tal vez Bullrich) enfrentará también a Javier Milei, El Colonizador.
Es quien supo animar el primer tramo con su recetario televisivo.
Con imposturas sólidas, Milei profundizó las diferencias entre los herederos. Patricia y Horacio.
Tentaba a la derecha repentinamente categórica de Patricia, mientras espantaba al desarrollismo tardío de Horacio.
Pero Milei colonizó culturalmente al heredado. A Mauricio, El Ángel (que fue) Exterminador.
Y que ahora pugna precisamente por no ser exterminado.
Si quien pierde, en todo caso, es Patricia.

Para el ensayo y la gala debe tenerse en cuenta también el extraño invento de Juan Schiaretti, El Gringo.
Con el dragoneante Florencio Randazzo, del Cartel de Chivilcoy (supo ser temible por su estancado poder mediático).
La estrategia de Schiaretti, como la de Sergio, se encuentra atada al resultado de la pugna entre Larreta y Bullrich.
Ambos (Schiaretti y Sergio) sin decirlo, prefieren combatirla a Bullrich.

Como dato de color, completa la espera de octubre el marxismo refinado de la señora Myriam Bregman, Natalia Sedova (esposa de Liev Davidovich Bronstein, Trotsky).
Para generar una espera entretenida en los debates de «A dos voces» se manifiesta el personal deseo periodístico.

Que la escuadra de Guillermo Moreno, El Penúltimo Peronista, apruebe el ensayo de agosto y pase directamente a octubre.
Con la agrupación Principios y Valores, Moreno aporta una visión doctrinaria del peronismo marginal.
Moreno interpela a Candilejas, devalúa a Axel, masacra al socialdemócrata Alberto, mientras mantiene coincidencias con la incertidumbre de Schiaretti.
Y hasta con el desplazamiento de Miguel Pichetto, El Lepenito, referencia republicana del Peronismo en Desuso que hoy se integra en Consenso y Palos.

El lícito turno para el fracaso

El kirchnerismo de La Doctora -prótesis sustancial del combo- sostiene a Sergio. Pero con culpas. Un apoyo culposo.
Los pilares reales de Sergio aluden al peronismo explícito de las provincias.
Gobernadores, minigobernadores, sindicatos en posición de combate defensivo. Organizaciones Sociales, con el padecimiento institucionalizado.
Junto a los empresarios que miran debajo del agua. Que invierten. Ponen y sacan.
Empresarios a los que culturalmente les cuesta aceptar que siempre ganan buen dinero con las administraciones peronistas.

Pero el silencioso pragmatismo de La Doctora se convierte en el pilar fundamental.
La agenda política es de derecha y la sociedad se desplazó aún más hacia la derecha que la propia agenda.
Dicta, ante todo, acordar con el Fondo. Por la continuidad jurídica del Estado es inútil plantear culpas.

Pero el llamado kirchnerismo duro detesta hacerse cargo de la agenda pendiente. Prefieren ignorarla. Declararla inexistente.
Como tampoco se hace cargo (el kirchnerismo relativamente duro) del desastroso gobierno que expira.

Por afinidad ideológica, aunque no lo manifiesten, les encantaría refugiarse detrás del escudo protector de Juan Grabois, El Santo de la Contención.

Es aquí donde la campaña de Candilejas plantea una estrategia signada por la equivocación.
Consiste en consolidar primero el voto «kirchnerista duro». Y recién en segunda instancia conquistar el voto dubitativo.
Cuando debería ser exactamente a la inversa.
Los que debieran garantizar el voto (relativamente) duro del kirchnerismo son los kirchneristas que se ocultan detrás del abanico de La Doctora y procuran asegurarse en la Provincia Inviable.

Por sus venerables creencias, necesitan cuestionar el acuerdo inapelable con el Fondo Monetario.
Todos están atados al equilibrio de Sergio entre los incendios y la perspectiva del milagro súbito.

Si no se registra el milagro, Sergio será el rostro responsable de la derrota que se le sirve en bandeja de cristal al adversario que espera el lícito turno para el fracaso.
Y los kirchneristas (relativamente) duros se podrán confortar en el refugio de la Provincia Inviable, con la placidez del opositor que aguarda su turno para fracasar.

Es entonces un error «kirchnerizar» a Massa y plantear, en simultáneo, con rostros atormentados, que “Massa no despega”.
“¿Y cómo corno va a despegar con esta agenda?”, exclama el massista.
En realidad lo «cavallizan». Hacen responsable a Massa del caos que llegó audazmente para tratar de evitar.
Como Domingo Cavallo en 2001. En el momento de máximo prestigio se hizo cargo patrióticamente del ministerio de Economía para evitar el desmoronamiento del país y de De la Rúa.
Pero 22 años después Cavallo no puede salir, siquiera, del corralito.

Zarparse, hablarse encima

Patricia supo instalar que solo faltaba el trámite electoral de contar los votos.
Que la apasionada Montonera del Bien vencía por goleada al taciturno Geniol.
Los ejercicios conjeturales de aproximación (llamados encuestas) utilizaban el Canal Bwindi Uganda para promover el score.
Patricia humillaba a Horacio 25 a 9.
En los medios, en las redes y en los “pases”, Larreta ya era “bofe para el gato”.

Mientras tanto, sin estridencias, con el carisma de una cicatriz, Larreta acumulaba provincias. Levantaba brazos de gobernadores electos.
Recitaba sin grandes metáforas su recetario básico.
Sumar, trabajar y trabajar. Consenso. Estrategia a largo plazo. Contra el fracaso pendular.
Para no desentonar, acaso, Geniol se entregó al ridículo de bailar la chacarera con un pañuelo imaginario.

Pronto Patricia comenzó a zarparse. A hablarse encima.
Con pifias memorables que colocaron, en el primer plano, su rica versatilidad para el desconocimiento.
Extranjeros en la educación. Blindaje. Entrar con cámaras televisivas para demostrar que no hay reservas en el Banco Central.
Alcanzó a superar el severo traspié de Milei con la venta de órganos en cuotas.
Y hasta superar la honda reflexión del sabio Alberto sobre el origen de los mexicanos y los brasileños.
La improvisación fatal se imponía, de pronto, sobre la pasión que arrasaba.

Cuentan que después del porrazo de Patricia en Santa Fe, Mauricio comenzó ostensiblemente a preocuparse.
El Ángel se dedicó, en su etapa de estadista, a instrumentar a la astuta Patricia para horadar a Horacio.
Cuentan que ahora el Ángel teme perder con el enemigo íntimo que cometió la impertinencia de emanciparse.
Y al que apoyan tantos ex amigos empresarios. Coleccionistas de rencores porque fueron, en efecto, encuadernados sin pudor.

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