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En la mente de un homicida serial

Cuáles son las etapas por las que pasa la mente de un asesino serial y las diferencias con un asesino ordinario. El trazado del perfil criminal.

El homicida serial organizado sigue un modelo gradual de desarrollo, que ha sido descripto en siete fases por el especialista y Doctor en Psicología norteamericano Joel Norris quien, después de mantener numerosas entrevistas con homicidas seriales, desarrolló su teoría consistente en que durante el proceso mental por el cual atraviesan esta clase de delincuentes, necesariamente se presentan varias etapas o fases que dirigen sus acciones hasta desembocar en un desenlace fatal.

Las siete fases clave en los crímenes seriales son las siguientes.

a) La fase áurea

El proceso se inicia cuando un potencial homicida comienza a retrotraerse y encerrarse en su mundo de fantasías. De modo externo, puede aparecer como perfectamente normal. Pero en su interior, sin embargo, existe una zona oscura donde la idea de matar se va formando. Su contacto con la realidad se debilita, y su psiquis comienza a ser dominada por sueños diurnos de muerte y destrucción, hasta convertirse en una verdadera compulsión.

 

b) La fase de pesca

El criminal comienza la búsqueda de una víctima en aquellos sitios donde cree que puede hallar el tipo preciso de persona, de la misma manera que un pescador busca el río o el lugar en donde arrojar su línea. Según sus necesidades elegirá el lugar y allí, muy probablemente, termine por marcar a su presa.

 

c) La fase de seducción

Por las características psicopáticas de su personalidad, con frecuencia, el criminal siente un placer especial en seducir a sus víctimas y atraerlas hacia sí, generando un falso sentimiento de seguridad en ellas, evitando sus prevenciones o sus defensas. Su encanto superficial y una apariencia de ser confiable le permiten convencer a su víctima, para que entre en intimidad con él.

d) La fase de captura

El próximo paso consiste en cerrar la trampa que ha tendido para sus víctimas. Aterrorizar forma parte de su juego.

 

e) La fase homicida

El momento de la muerte es el clímax, la suma del placer que buscaba desde que comenzó a fantasear con la idea del crimen, el cual es sin duda un sustituto sexual. Es frecuente que muchos psicópatas experimenten un orgasmo, mientras ejecutan a sus víctimas de acuerdo con sus preferencias homicidas: asfixiando, golpeando, hiriendo o quemando.

 

f) La fase fetichista

Dada la escasa duración del placer, para prolongar la experiencia y ayudarse a rememorar el acto, durante el período previo al siguiente hecho -latencia homicida-, el hacedor guardará un fetiche, un objeto asociado simbólicamente con la víctima.

 

g) La fase depresiva

Es el equivalente al agotamiento poscoital. Este período puede ser tan profundo, en cuanto a su sentimiento y desgano, que inclusive puede intentar suicidarse. Sin embargo, la respuesta más frecuente consiste en un renovado deseo de cometer un nuevo hecho, que consideramos correcto llamar volición homicida recurrente.

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Otra diferencia con los homicidios ordinarios, cometidos con armas de fuego en más del 60% de los casos, es que en los homicidios seriales existe un mayor contacto físico entre víctima y victimario, utilizándose armas blancas, estrangulación a mano o con lazo, o múltiples traumatismos contusos para causar la muerte. El envenenamiento, por otra parte, es la metodología utilizada en las escasas situaciones de homicidas femeninas, demostrativo de un menor nivel de violencia en la acción (45% de los casos estudiados).

 

Es muy común la tortura previa a la muerte y, esa tortura, representa la exteriorización de una motivación parafílica sádica. En otras ocasiones, la muerte se constituye en un mecanismo para obtener un cuerpo con propósitos necrofílicos (necrofilia homicida).

 

La mayoría de los homicidas encuadra dentro de un patrón típico. Habitualmente se trata de hombres jóvenes, de raza blanca en el 85% de los casos, de entre veinticinco y treinta y cinco años de edad en el momento de cometer su primer crimen. Los heterosexuales eligen a mujeres como víctimas, en general, mientras que los homosexuales matan a individuos del mismo sexo. La mayor parte comete homicidios dentro de su mismo grupo étnico, a excepción de los psicópatas fanáticos racistas.

 

Con mucha frecuencia, son individuos inteligentes y con coeficientes intelectuales que exceden al resto de los criminales comunes, e inclusive -comparándolos con la población no criminal- un buen porcentaje de ellos tiene niveles de inteligencia superiores o muy superiores.

 

En una de sus variedades -los organizados-, seleccionan de manera cuidadosa a sus víctimas, quienes frecuentemente encuadran dentro de determinadas características (tipo físico, edad o profesiones determinadas). Recordemos a "Ted" Bundy, quien elegía como víctimas a mujeres jóvenes de cabello largo y peinado con raya al medio, siendo esta elección fundada en las fantasías que, como veremos, constituyeron la piedra angular de su conducta criminal.

 

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En su mayoría son primogénitos, sin defectos físicos, tienen apariencia agradable y provienen, en el 80% de los casos, de la clase media o media alta; además, su conducta social no se diferencia de la de cualquier otro individuo de su medio.

 

Debe tenerse bien presente que el homicida serial ejecuta una refinada operación mental, un trabajo artístico que aterra y seduce a quienes lo contemplan. Sin motivos aparentes, y con gran esmero y perfeccionismo, el homicida serial es el prototipo del criminal puro, mata sólo por el placer que le produce el sufrimiento ajeno.

 

En los Estados Unidos, se estima que cualquiera de los componentes de una familia tipo de cuatro integrantes tiene un 37% de posibilidades de cruzar o conocer a un homicida serial durante su vida. Más allá de las clasificaciones genéricas, los especialistas en perfiles criminales del FBI siguen parámetros científicos, estadísticos y psicológicos, para entender el comportamiento criminal y lograr un retrato del homicida.

 

Es un procedimiento complejo que incluye tanto intuición como ciencia, para interpretar cada jugada en este ajedrez imaginario. En ciertos casos, los resultados pueden parecer sobrenaturales, a modo de paradigma de una técnica que, hoy en día, se utiliza como una de las armas más potentes en la cacería de los criminales seriales: el criminal profile: trazado del perfil criminal.