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El momento menos oportuno para discutir el caso Nisman

Netflix no podía prever que al mismo tiempo que pusiera en su plataforma el documental sobre la extraña muerte del fiscal, Trump decidiera eliminar al general Solemaini.

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La culpa es de Netflix. Pero Netflix no podía prever que al mismo tiempo que pusiera en su plataforma el documental sobre la extraña muerte del fiscal, Trump decidiera eliminar con precisión quirúrgica a uno de los militares más influyentes en la siniestra trama del terrorismo internacional: el general Solemaini.

Con más de 100 muertos en dos actos terroristas, los argentinos pagamos un alto precio para pertenecer al exclusivo club de los países que son objetivos del terrorismo internacional.

La misteriosa muerte del fiscal Nisman y la investigación de esa muerte no pueden estar ajenas al juego de intereses que sacudió la insólita y delirante no-investigación del atentado a la sede de la Amia. La absurda teoría de la pista Siria, la trama corrupta de la conexión argentina que después de 10 años de cárcel y proceso para los presuntos implicados terminó con la libertad de los acusados y cero conclusiones.

Después fue la pista iraní la que ocupó la atención. Quizá la más solida de las hipótesis sobre la que trabajó el fiscal Nisman. Y algo logró avanzar en ese sentido. No lo suficiente como para justificar una dedicación exclusiva de largos años con recursos ilimitados y con la supervisión del súper espía Stiuso.

Y el final  de esa historia fue un memorándum de entendimiento con Irán que para los ayatollas jamás tuvo ningún valor y en la argentina todavía es motivo de acusaciones gravísimas y juicios pendientes que jamás se resolverán.

En ese contexto aparece muerto Nisman con presunción de suicidio. Y nuestra eterna banalización que hacemos de las muertes que rozan el poder. Separar  ese presunto suicidio de la siniestra trama de intereses que mueve el tablero de ajedrez fatal del terrorismo internacional es, cuanto menos, un delirio. Es no entender que cada episodio  vinculado a esa trama de muerte y misterio debe ser estudiado meticulosamente.

No hay duda que la muerte de Nisman perjudicó, además de la víctima, al gobierno de Cristina. Mal podría haberla urdido quien era la principal perjudicada. Pero intentar descartar la hipótesis del crimen es no entender cómo se mueven los agentes del terrorismo internacional.

He recorrido una larga bibliografía sobre suicidios, sus motivaciones y características de las personas que lo llevan a cabo. Ningún perfil cierra con Nisman. Habría que desarrollar nueva bibliografía para entender que sí Nisman no encuadra en ninguna de las 22 razones por las que una persona comete suicidio, haya tomado esa decisión. Pero también la cabe la acusación de superficiales a aquellos que piensan que la escena de esa muerte es solo compatible con el suicidio. Sobran ejemplos reales de asesinatos presentados como suicidios.  En la Argentina tenemos como mínimo dos ejemplos que muestran lo sencillo que es enmascarar como suicidio lo que es lisa y llanamente un crimen.

Quizá no esté mal, más allá de lo inoportuno, reabrir con una auditoria internacional las verdaderas causas de la trágica muerte de Nisman. Quizá sirva para entender que hay más razones  para pensar en un crimen que en un suicidio. Y en el mismo contexto, someter al arbitraje internacional otra misteriosa muerte como la de Santiago Maldonado.

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