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El mejor afiche del Superclásico

El país se paraliza, River y Boca se enfrentan. Un partido de fútbol ideal para ver en familia.

Amanece un domingo soleado en la Capital Federal y el calendario marca que se juega el Superclásico entre River y Boca. El país se paraliza. Desde Ushuaia a La Quiaca. Durante esas dos horas no existe otro tema más importante. El partido empieza una semana antes y termina una después. Gracias al clima, un día ideal para ver un partido de fútbol en familia.

Marilina es hincha de Boca, maestra jardinera y vive en el barrio de La Paternal. Cada vez que el equipo de Bianchi pisa el campo de juego, ella está ahí alentando. Con un televisor, un celular o, cuando puede, en la mismísima Bombonera. Para el Superclásico se vistió con todas sus joyas: camiseta azul y oro, reloj en forma de corazón con los mismos colores y su infaltable cadenita con un dije con el escudo de Boca.

Gerardo es hincha de River desde la cuna, contador y fanático de Joan Manuel Serrat. Vive el enfrentamiento ante Boca con una radio pegada a su oreja. Silencia la televisión de su habitación y se deja llevar por los colores que le muestra el relator desde la cabina del Monumental. Cábalas no tiene o por lo menos no las muestra abiertamente.

El sueño de todo padre cuando está por tener un bebe es que sea sanito, en primer término, e hincha de su club. Gerardo no tuvo la oportunidad de tener un  hijo hombre para transmitirle el sentimiento. Marilina se hizo fanática de Boca por su tío Paulo, ya que su padre es hincha de River.

En el comedor de su casa, Marilina pone el volumen muy alto del televisor, se besa el dije de Boca y grita vamos boquita. En la habitación, Gerardo sube la radio y se pone atento al partido.

Rueda la pelota en el Monumental. La posesión es para River que juega mejor. Boca presiona e intenta de contra generar riesgo. Lindo partido para los imparciales. Marilina y Gerardo miran atentamente y sufren cada ataque de su archirrival.

Gol de Boca. Marilina grita tan fuerte que Gerardo puede escuchar desde su habitación. El 9 Xeneize, Emanuel Gigliotti pone el 1-0 para los de Bianchi. Termina el primer tiempo. Cada uno va al baño, se lava la cara y piensa que debe hacer su equipo para quedarse con la victoria.

Empezó el segundo tiempo. Marilina, con nerviosismo, vuelve a gritar vamos boquita. Gerardo se besa el escudo de su camiseta con la franja roja. Pasan 50 minutos y el árbitro Germán Delfino pita el final del partido. Ganó Boca. Marilina feliz, Gerardo triste.

Con una sonrisa de oreja a oreja, Marilina deja el comedor y va para la cocina. Gerardo, con una bronca tremenda, deja la habitación y va para su cocina.

Gerardo y Marilina se cruzan, se miran y se sonríen. Ellos son padre e hija. Una cargadita al pasar y un abrazo familiar. El mejor afiche del Superclásico. El amor de un padre y una hija pese a las diferencias de sentimientos.