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El laberinto de la oposición

*Por Fernando Micca. A menos de seis meses de las elecciones nacionales, no se vislumbra de qué manera la oposición podrá armar una alternativa competitiva al Gobierno.

A poco menos de seis meses de la elección presidencial, la oposición sigue lejos del objetivo de conformar una alternativa confiable para desafiar la continuidad del kirchnerismo. Se podrá coincidir o no con el Gobierno, pero casi nadie duda de que la presidenta Cristina Fernández gana por comparación; al menos, hasta ahora. La pregunta sin respuesta es la razón de por qué tanto fracaso opositor, luego de que las urnas favorables de 2009 presagiaran otro panorama.

La primera gran desilusión que los adversarios del kirchnerismo dieron a la sociedad fue en los meses siguientes al recambio en el Congreso, cuando a partir del verano de 2010 no supie-ron administrar su mayor presencia en las Cámaras.

Se lanzaron con furia a desplazar al kirchnerismo y terminaron enredados en discusiones a veces menores y otras, sin resultados concretos.Pronto quedó al descubierto que la oposición era un conjunto demasiado heterogéneo, cuyos referentes no podían acordar desde la convicción. Poco cambió desde entonces. A seis meses de la elección, no se vislumbra de qué manera podrá armar una alternativa competitiva.

Rompecabezas. Siete patas componen el conjunto que quiere desafiar al Gobierno: el PRO (Mauricio Macri), el Peronismo Federal, la UCR, la Coalición Cívica, el GEN (Margarita Stolbizer), el socialismo y Proyecto Sur, de Fernando "Pino" Solanas. Además de las diferencias que existen entre ellos, ninguno tiene la fuerza necesaria para liderar al resto. La unidad de todos es una fantasía.

Macri y Solanas. Es inimaginable que los extremos de ese arco –el PRO y Proyecto Sur– puedan confluir. Pero pueden dividir, al impulsar un frente de centroderecha y otro de centroizquierda.

Además, Macri y Solanas pusieron en dudas sus ambiciones presidenciales y ahora deben decidir si irán por la Casa Rosada o si competirán por la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. En el caso de Macri, su definición influirá sobre su ex socio Francisco de Narváez, que esperaba disputar la Gobernación bonaerense con el jefe de PRO como socio y aspirante a la Rosada.

Radicales. Una vez más, la UCR se enredó en sus diferencias internas. La reciente confluencia de Ricardo Alfonsín y Julio Cobos parece alumbrar un camino razonable: formar una coalición con el socialismo y el GEN e intentar sumar votos con origen en el Peronismo Federal. Pero la idea de arreglar con De Narváez genera rechazos. Ni qué hablar de la propuesta de Ernesto Sanz de hacer un frente tan amplio que incluya al PRO.

El planteo de los límites ideológicos es entendible (la UCR tiene muy poco en común con De Narváez), pero sin votos peronistas en el distrito bonaerense, la pelea nacional se parece a una quijotada.

Peronismo Federal. Está disgregado y cada vez expresa menos a los propios peronistas y no atrae ni a los otros opositores (salvo ciertas figuras, como De Narváez y Felipe Solá). Eduardo Duhalde y Alberto Rodríguez Saá están en la banquina.

Los otros. Carrió se acercó a los radicales en diferentes distritos, pero sus últimas señales fueron de rechazo a la cúpula de su ex partido. Sin alianzas, la Coalición Cívica tiene poco espacio.

Margarita Stolbizer está más cerca de acordar con los radicales y ser la candidata bonaerense. Las dudas en el radicalismo le dieron aire al socialista Hermes Binner. Acicateado por Solanas, el gobernador de Santa Fe pasó de ser el casi seguro vice de Alfonsín a plantear que podría reclamar el primer lugar del binomio presidencial.

Mientras deambula por su laberinto, la oposición le debe una opción a la sociedad.