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El inicio del segundo mandato

Por Rosendo Fraga. Cristina Kirchner inicia su segundo mandato en un contexto regional en el cual la mayoría de las fuerzas políticas que gobiernan lo hacen durante más de una década.

Colombia es el tercer país en habitantes y se suceden tres períodos de cuatro años del centro-derecha (dos de Uribe y uno de Santos), que ejerce el poder 12 años entre 2002 y 2014. La Argentina es el cuarto en población y el peronismo gobierna también 12 años entre 2003 y 2015: un primer mandato de Néstor Kirchner y dos sucesivos de su esposa Cristina.

El primero y el cuarto país en población tienen gobiernos de centro-izquierda y el segundo y el tercero de centro-derecha. Pero no son los únicos casos: en Bolivia, Evo Morales gobierna 10 años; otro tanto sucede con el Frente Amplio en Uruguay; en Nicaragua Ortega acaba de ser reelecto para un tercer mandato y Chávez en Venezuela gobierna ya 13 años seguidos desde 1998.

Las fuerzas políticas que están en el poder en América latina lo vienen ejerciendo durante una década o más y el crecimiento de los países emergentes, en un ciclo económico en el cual las materias primas que exporta la región han tenido muy buenos precios, es el factor más relevante que ha beneficiado políticamente a la mayoría de los gobiernos, sean de centro-derecha, de izquierda moderada o de izquierda populista.

En el caso argentino, los tres períodos del peronismo en el poder tienen características políticas diferenciadas. En el primero de Néstor Kirchner (2003-2007) el peronismo tradicional fue el eje de la coalición de gobierno. Tras un breve período, durante el cual el presidente intentó gobernar con sectores de centro-izquierda a través del modelo transversal, retornó al peronismo.

En el segundo (2007-2011), a cargo de su esposa pero con él como líder de oficialismo hasta su muerte en octubre de 2010, el peronismo adopta una versión más kirchnerista y se radicaliza ideológicamente a partir del conflicto con el campo y los principales medios de comunicación privados. En el tercero que se inicia con la reelección de Cristina (2011-2015), el kirchnerismo en su versión cristinista se aleja más del peronismo tradicional, tomando distancia de los gobernadores y el sindicalismo -a quienes daba prioridad el ex presidente Kirchner- y dando protagonismo a los sectores juveniles como la agrupación La Cámpora.

En la mitología-simbología del oficialismo, Néstor Kirchner comienza a sustituir el rol de Perón. Cristina en un acto en La Matanza dijo la semana pasada que en este municipio ella ha sacado más votos que Perón y al asumir expresó un comentario crítico sobre la Constitución sancionada en 1949. La jura de la Presidenta por él y los realizados por los nuevos diputados de La Cámpora por el inmortal Néstor Kirchner son manifestaciones del clima político que se vive en el oficialismo.

En lo inmediato, el sindicalismo liderado por Hugo Moyano se va confirmando como la oposición concreta más relevante. Pareciera una constante que cuando el peronismo en el poder no tiene oposición importante frente a sí, el conflicto que normalmente se da entre oficialismo y oposición se plantea dentro de quien gobierna. Así fue al comenzar los años setenta y ahora parecería repetirse. Moyano no asistió a la asunción de Cristina y ha convocado a un acto del sindicato de camioneros para llenar el estadio del Club Huracán, para lo cual piensa reunir varias decenas de miles de trabajadores que serán diez o más veces más que los reunidos por La Cámpora en el miniestadio de Ferrocarril Oeste, para conmemorar el 17 de noviembre el Día del Militante.

El resto de los sectores sindicales no manifiestan el mismo grado de oposición al gobierno que Moyano, pero coinciden en que el secretario general de los camioneros debe permanecer al frente a la CGT hasta que termine su mandato a mediados del año próximo.

La Presidenta en su discurso de asunción volvió a criticar a los gremios que extorsionan realizando huelgas, en una nueva crítica al sindicalismo. En el acto de asunción de los nuevos diputados nacionales las dos barras que se enfrentaban con cánticos eran la de La Cámpora y la sindical que respondía a Moyano. Las gestiones realizadas en los últimos días para acercarlo a la Presidenta no parecen haber dado resultado.

La crítica a Scioli por su política de seguridad y los cambios en el equipo de gobierno confirman el giro ideológico que tienen el segundo mandato de Cristina. La ministra de Seguridad de la Nación (Garré) criticó públicamente y frente a él la política de Scioli de enfrentar la inseguridad dejando la conducción policial en manos de sus propias filas. Ello sucede después de que el gobernador cedió al gobierno nacional el control de la Legislatura provincial y el mando de la policía.

Los incidentes con heridos entre los militantes de La Cámpora y la policía en el mismo acto de asunción muestran la tensión existente. Al mismo tiempo, la designación de Juan Manuel Abal Medina como nuevo jefe de Gabinete implica el reemplazo de un dirigente proveniente del peronismo (Aníbal Fernández) por alguien de la generación intermedia vinculado a los sectores progresistas que hoy apoyan a Cristina.

Si bien la designación del nuevo ministro de Economía (Lorenzino) parece mostrar una tregua en el conflicto político abierto con el vicepresidente (Boudou), su poder se ve limitado por las funciones de Moreno a cargo del comercio interior y otras áreas y la designación de un dirigente de La Cámpora (Kiciloff) como viceministro. A su vez continúa en el cargo -quizás con más peso que en el pasado reciente- el ministro de Planificación e Infraestructura (De Vido).

Con pocos cambios, Cristina ha mostrado su intención de profundizar el modelo, manteniendo a funcionarios clave que están en el gobierno desde la asunción de Kirchner (De Vido, Moreno y Zannini), junto con incorporaciones de sectores más jóvenes (Abal Medina) y dirigentes de La Cámpora en las segundas líneas.

En conclusión: los tres períodos sucesivos del oficialismo en la Argentina que implica el nuevo mandato de Cristina, se da en el marco de fenómenos similares en la mayoría de los países de América latina; en el caso argentino, los tres muestran características diferenciadas y en el que inicia Cristina ha comenzado a diferenciarse del mismo Perón; en lo inmediato, el sindicalismo liderado por Moyano se presenta como la oposición más concreta frente al gobierno y las críticas a Scioli por la seguridad y la designación del nuevo jefe de Gabinete muestran que la Presidenta en el nuevo mandato acentúa su acercamiento a posturas progresistas en perjuicio del peronismo.