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El drama de Benito Fernández: quebró por tercera vez y aseguró que “producir en Argentina es inviable”

Con más de cuatro décadas en la moda, el diseñador reveló que tuvo que bajar la persiana de su línea Prêt-à-porter por tercera vez en el país. Denunció una presión impositiva asfixiante, advirtió sobre el impacto de las importaciones y aseguró que la industria textil necesita reglas claras para sobrevivir.


Con 40 años de trayectoria en la industria de la moda, Benito Fernández atraviesa nuevamente una situación crítica. El diseñador confirmó el cierre de una de sus unidades de negocio vinculadas a la indumentaria y lanzó una dura advertencia sobre el presente del sector textil argentino, marcado —según sostuvo— por impuestos elevados, costos crecientes y falta de apoyo estatal.

“Por tercera vez en mi país me fundí: me pasó en 2001, en 2020 y ahora en 2025”, relató Fernández en diálogo con A24. En esta oportunidad, decidió cerrar su línea de Prêt-à-porter y concentrarse exclusivamente en la alta costura. “Me quedé con lo que puedo sostener. El resto se volvió imposible”, afirmó.

El cierre implicó la desvinculación de 14 empleados directos y el cese de trabajo con ocho talleres. “Hace cuatro gobiernos que vienen destruyendo esta industria. Producir en Argentina es inviable”, sostuvo el diseñador, y puso el foco en la carga impositiva: “¿Cómo se puede invertir cuando más del 50% se va en impuestos? Yo no pido subsidios, solo condiciones razonables”.

Fernández comparó la situación local con la de otros países que lograron desarrollar su industria de la moda gracias a políticas de acompañamiento. “España y Brasil apostaron al sector hace décadas y hoy son potencias. Acá hay talento y diseño, pero sin apoyo no alcanza”, remarcó.

En diálogo con Infobae, el diseñador dejó abierta la posibilidad de regresar al Prêt-à-porter en el futuro, aunque bajo otro esquema. “Si cambian las reglas del juego, podría volver con franquicias o un socio”, explicó.

Uno de los principales problemas del modelo que cerró fue el desfasaje financiero. Según detalló, debía pagar la producción por adelantado y luego vender a 30, 60 o 90 días. “Mis proveedores cobraban antes que yo. No tenía margen para sostenerlo”, explicó. En la alta costura, en cambio, el esquema es distinto: “Trabajo con señas, compro el género y cuando entrego el vestido, me pagan. Eso hace toda la diferencia”.

Respecto al consumo, reconoció una baja generalizada, aunque aclaró que el impacto es menor en la alta costura por el volumen reducido de inversión. También mencionó la creciente presencia de ropa importada a través de plataformas digitales. “No estoy en contra de competir, pero la apertura fue demasiado brusca y sin acompañamiento para la industria local”, advirtió.

“El ingreso masivo de ropa china me da pánico. Las grandes marcas van a bajar precios porque importan todo, pero los talleres y las marcas chicas quedan afuera”, alertó. Si bien celebró la llegada de firmas internacionales como Victoria’s Secret o Sandro, señaló que incluso esas marcas resultan más caras en Argentina que en otros países debido a la carga impositiva.

La situación de Fernández se enmarca en una crisis más amplia del sector textil-indumentaria. En las últimas semanas se multiplicaron los cierres de plantas y despidos en empresas emblemáticas. Entre los casos recientes se encuentra la textil Emilio Alal, que cerró sus fábricas en Corrientes y Chaco y desvinculó a más de 260 empleados.

También el Grupo Dass, fabricante de zapatillas para marcas como Nike y Adidas, redujo personal en su planta de Misiones, mientras que Eseka S.A., dedicada a la lencería, despidió a 140 trabajadores en la Ciudad de Buenos Aires. A esto se suma el cierre indefinido de una planta de TN & Platex en Tucumán, con casi 200 empleados afectados.

“El diseño argentino existe y es competitivo”, insistió Fernández. “Lo que falta es una decisión política para que esta industria deje de desaparecer”.

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