DOLAR
OFICIAL $816.08
COMPRA
$875.65
VENTA
BLUE $1.18
COMPRA
$1.20
VENTA

El diálogo con nuestros hijos

La vinculación entre padres e hijos está considerada como la base necesaria para recuperar los valores sociales.

Los problemas sociales que tienen a los adolescentes y a los jóvenes como sus principales protagonistas, requiere la urgente implementación de una estrategia que los ayude a salir de la crítica situación en la que se encuentran, reencausándolos por el camino de las buenas costumbres y los valores morales de la buena convivencia. Una de las acciones más elementales es la del diálogo que debe haber entre padres e hijos, una costumbre que cada vez se practica menos, llegando a extremos en que la incomunicación es total.

Las estadísticas que muestran los índices de problemas sociales vinculados con los jóvenes y adolescentes en la sociedad actual, tales como rebeldía, drogadicción, delincuencia, relaciones prematrimoniales y sexo libre con todas su consecuencias, relacionan la incorporación de esos antivalores a la mala vinculación entre padres e hijos. En familias donde no se dispone de un momento para conversar y los hijos reciben más influencia de extraños o amigos ocasionales, muy difícilmente se van a desarrollar hábitos o comportamientos propios de una familia, que hasta ahora todavía se considera la célula básica de una sociedad, a pesar de los ataques de la que es objeto en forma permanente.

Pero no todo pasa por promover ese diálogo ideal entre padres e hijos, sino que se tiene que trabajar muy arduamente en que esos padres o mayores estén debidamente capacitados, maduros y correctamente formados para transmitir los valores sociales. Y esto no pasa por la educación escolar, sino por una toma de conciencia de los propios padres de que para vivir en un país mejor hay que volver a las fuentes, en cuanto a la educación familiar.

En algunos sectores existe el convencimiento de que a través de un trabajo de asistencia social se debería comenzar, en cada barrio o villa, a individualizar los casos de padres que no reúnen todas la condiciones necesarias, e iniciar con ellos una escuela de familia en la que se les enseñe puntualmente la forma de dialogar con sus hijos. Con esto se podría llegar a producir el gran cambio social que está haciendo falta. Es cierto que el proceso puede llegar a ser muy lento y llevar años en desarrollarse, pero también es necesario que las autoridades y la comunidad comprendan que si ese proceso nunca se inicia, estaremos dependiendo de la suerte para que la sociedad por si sola tome el rumbo correcto, algo que no creemos que ocurra mientras las políticas sociales solo apunten a subsidiar las familias económicamente sin inculcarles la necesidad de fortalecer los valores que durante décadas distinguieron a los argentinos.