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El arte de pagar deudas con miseria

El previsible fracaso del programa de ajustes impuestos por el Banco Central Europeo BCE y el FMI a Grecia oscureció aún más el futuro inmediato del espacio económico de esa amplia región.

Los griegos nada tuvieron para festejar en el primer aniversario del plan de rescate financiero impuesto por el Banco Central Europeo (BCE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI). Lo único que lograron fue mantener la incertidumbre y el temor sobre su futuro, oscurecido por las constantes exigencias de la Unión Europea (UE) para que inicien de una buena vez el saneamiento de sus cuentas públicas.

Como no pudieron pagar las primeras amortizaciones de los préstamos recibidos, deben renegociarlos a mayor plazo y a un interés agobiante, superior al vigente en toda la eurozona.

Los programas de ajuste aconsejados reinciden en las viejas fórmulas del Fondo, todas de fuerte impacto recesivo. Los burócratas siguen sin entender que las deudas no se pagan con más recesión, desempleo y miseria, sino con productividad y austeridad. Ni una cosa ni la otra inspiran los programas que obligan al gobierno heleno.

Por eso, con una candidez que sólo puede compararse con un irrealismo extremo, la misión de monitoreo que visitó en estos días el hermoso archipiélago del Mediterráneo terminó su análisis con un florilegio de conclusiones deprimentes.

"A pesar de las medidas tomadas –reconocen los técnicos del FMI–, no se observa ni una recuperación de la actividad económica ni del empleo, y menos aún del sistema financiero, que sigue siendo riesgosamente frágil". ¿Qué esperaban?

Con fuertes reducciones del ingreso del personal de la administración pública y de los miembros de la clase pasiva, con las recomendaciones de venta forzosa de inmuebles del Estado, no pocos de ellos de gran valor histórico, pero de escasa rentabilidad en un mercado inmobiliario paralizado por la crisis en Europa y Estados Unidos, con una dura restricción de las importaciones y un llamado a acrecentar las exportaciones (de difícil cumplimiento, porque en el actual contexto de la economía globalizada hay que comprar para poder vender), todos los caminos trazados conducen a un callejón sin salida.

Contribuyen al desánimo general las inevitables calificadoras de riesgo. Fitch sumó su devastador aporte al quitar una B al riesgo de los títulos de la deuda externa de Grecia, que hasta fines de mayo ostentaban un discreto pero algo sedante BB+. Ahora, con un esquelético B+, tienen menos atractivo que nunca en el mercado financiero global, lo que supone el virtual cese de la afluencia de inversiones extranjeras directas.

Para no quedar rezagada en la alarma general, Standard & Poor’s propagó la evaluación negativa a Italia.

Por supuesto que la crisis financiera de Grecia extiende sus ondas expansivas a otras naciones de la UE. El fracaso del plan de salvataje hizo sonar las alarmas en Irlanda y España, mientras en el horizonte europeo sólo se perciben nubes de oscuros presagios.