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Días de luto y de conflicto

Un accidente ferroviario enlutó al país y golpeó en particular a los bonaerenses, usuarios casi excluyentes del servicio de trenes que...

... más allá de las causas puntuales de la masacre de Once, constituye una de esas realidades silenciosas que condenan a millones de ciudadanos a vivir en condiciones indignas y hasta ponen en riesgo su seguridad.

Sólo las muertes y los estallidos de furia y violencia -como el ocurrido hace un año en la estación de Haedo, en la misma línea que el miércoles se cobró 51 vidas- vuelven a colocar en primer plano, en la atención de los órganos institucionales responsables, un estado de cosas que somete a la gente a calvarios cotidianos y que, en rigor, trasciende largamente al ferrocarril Sarmiento y alcanza a todos los servicios públicos esenciales.

Todas las líneas de trenes que recorren el Conurbano -donde viven 10 millones de personas- funcionan con graves déficits. En esa misma región, el transporte colectivo circula con unidades viejas, incómodas y peligrosas y resulta insuficiente para la demanda. Para el interior, el ferrocarril dejó hace muchos años de ser una opción y las escasas líneas que subsisten tardan más que las carretas en llegar a destino.

En casi toda la provincia de Buenos Aires, el servicio de energía eléctrica es sinónimo de apagones y baja tensión; y el de agua corriente, de cortes y dudosa calidad, mientras extensas barriadas esperan todavía que lleguen las redes de agua potable y de cloacas, condenados al prehistórico -y peligroso para la salud- método de los pozos propios.

Sobre esa realidad soterrada, los bonaerenses enfrentan por estas horas otro problema. Pese a lo que dice el calendario, las clases no comenzarán hoy. En los últimos años, la inicial diferencia entre el aumento salarial que propone la Gobernación y el que reclaman los sindicatos docentes fue superada finalmente por el compromiso de la Administración nacional de aportar el auxilio financiero sin el cual la provincia no podría asumir el pago de los "nuevos" sueldos. Lo cierto es que la tensión salarial es el emergente de un panorama signado por la estrechez financiera que afectará este año a todas las jurisdicciones, empezando por la nacional, siguiendo por la provincial y terminando por las municipales.

Quizás por eso -por las problemáticas agudas que se desarrollan detrás de las dificultades económicas-, en ámbitos del oficialismo comenzó a crecer la convicción de que "el juego de las diferencias" entre sectores del ultrakirchnerismo que tienen al vice Gabriel Mariotto como su principal exponente, y el gobernador Scioli, tiende a quedar encerrado en un microclima que sólo encontraría en la Legislatura el ambiente propicio para seguir desarrollándose.

Así lo intuyen, por caso, los mismos intendentes que asistieron al arranque de estos cruces con el temor de terminar obligados a "elegir". Convencidos de que se acabó la era en que podían esperar recursos de la Nación y de la Provincia, sienten ajena esa confrontación política, en un contexto en el que, según definen algunos con crudeza, la prioridad de sus gestiones será resolver cómo sobrevivir sin plata.