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Detrás de las batallas de Soldati

*Por Osvaldo Pepe. Además de las vidas que se llevó, sin dudas el costo mayor, la revuelta por las tierras en Villa Soldati mostró, y muestra, lo peor del poder político y de la sociedad argentina. Hoy, los gobiernos nacional y el porteño retoman el diálogo, pero no resignan su vocación por la riña pública para ver en quién recae el mayor costo político.

Lo cierto es que, en su momento, la ausencia de ambos potenció que otros actores sociales tomaran la escena y las tierras.

La cultura de la ilegalidad con marco de derechos sociales, el odio xenófobo y hasta la impune prepotencia barrabrava asociada al poder, reemplazaron en horas infaustas al Estado. Si algo no merecía el país, es el grosero desfile de todas esas calamidades juntas, en una danza obscena en la que todos perdieron : Macri habló de "inmigración descontrolada" y la Presidenta le recordó la existencia en Argentina de porteros, plomeros y mucamas de países vecinos, omitiendo que también hay entre nosotros médicos, abogados y arquitectos de los países hermanos. Y o discrimino, tú discriminas.

Más allá de la batalla, real y retórica, de Villa Soldati hay una realidad que no se puede barrer bajo la alfombra. En la Ciudad, el distrito que mayor riqueza genera en el país, existen 18 villas y más de 20 asentamientos, con una población que aumentó 50% en los últimos diez años , según datos del gobierno local. El kirchnerismo lleva siete años y medio en el poder y el macrismo gobierna el territorio desde hace tres. Ni las políticas sociales a nivel nacional parecen haber sido todo lo eficaces que dicen ser ni la planificación local tuvo en cuenta una bomba de tiempo que finalmente le estalló en las manos.

A esta altura, el fogoneo de la usurpación es imposible de disimular ante el instantáneo loteo clandestino y hasta la llegada de materiales de construcción en tiempo récord, inviables sin una logística y una organización detrás. Y nadie puede arrojar la primera piedra: lo que el kirchnerismo le imputa a Macri se parece bastante a lo que hizo en Formosa su aliado Gildo Insfrán con la brutal represión a la comunidad toba, silenciada desde la Casa Rosada.

Como para confirmar que en el planeta político los pobres genuinos parecen importar muy poco.